Transición ecológica: de reto a oportunidad

#Doing

27.03.2025

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Ainize Sarasola

Un árbol necesita 80 años para compensar una tonelada de CO2. Y una cementera genera, más o menos, 400.000 toneladas de CO2 en un año. No hay ni siquiera tierra suficiente en todo el mundo para plantar tanto árbol. ¿Cómo vamos a eliminar las emisiones contaminantes con este panorama? Lo primero, haciendo un ejercicio de optimismo: dejando de hablar de reto y hablando de oportunidad.

Oportunidad es, probablemente la palabra más escuchada en el sector Green Tech, esto es, la esfera en la que trabajan empresas que desarrollan soluciones y servicios tecnológicos para la transición ecológica. Y te advertimos: oportunidad será también la palabra más repetida en este artículo.

Cuando hablamos de medioambiente o acción climática se utiliza la palabra oportunidad porque se requiere de inversión, de generación de nuevos negocios. Oportunidad porque Europa, y, por consiguiente, Bizkaia, mantienen el firme compromiso de conseguir el principal objetivo del Pacto Verde: alcanzar la neutralidad climática o equilibrio de cero emisiones netas para 2050. Esto, dicho de otra manera, quiere decir que para entonces tenemos que ser capaces de emitir a la atmósfera sólo los gases de efecto invernadero que puede absorber la naturaleza (bosques, océanos y suelo).

Es todo un enorme reto que exige, según los expertos, de la suma de tecnología, espacios de demostración y de inversión.

TECNOLOGÍA VERDE

Crear empresas de base tecnológica que se dediquen a esto es clave por muchos motivos. El más sencillo de adivinar es que el nacimiento de un nuevo sector especializado en el desarrollo de propuestas medioambientales genera muchas oportunidades laborales. Otro motivo muy a tener en cuenta es que cuanto más emprendimiento haya más competitividad tendrá el territorio que lo atesore.

Y hablamos de una partida al más alto nivel.

Europa necesita renovables porque necesita autosuficiencia energética. Más allá de un tema de respeto al medioambiente es un asunto de estrategia geopolítica; sólo de esta forma podríamos dejar de ser dependientes de grandes países exportadores de combustibles fósiles, por ejemplo.

La tecnología es (¡sorpresa!) la mejor aliada para sacar músculo. Las propuestas de las empresas ya incorporan la inteligencia artificial, por ejemplo, para la creación de nuevos materiales. O la sensórica o blockchain para el control del ciclo de vida y trazabilidad de los residuos.

Aquí, por cierto, hay una enorme oportunidad. Por ejemplo; sólo el 12% de los residuos que se generan a nivel nacional se reutilizan o reciclan. Esto abre una ventana de oportunidad del 90% en el impulso, por ejemplo, de la economía circular alrededor del residuo.

Recientemente, el departamento de Promoción Económica de la Diputación Foral de Bizkaia ha impulsado la creación de Smart Grids Academy, una plataforma internacional que formará a profesionales en redes eléctricas inteligentes, otra de las áreas que prevé el uso de tecnología para la creación de propuestas que ayuden en la transición ecológica.

En Bizkaia, el espacio B Accelerator Tower es la sede principal de las startups del territorio. Una especie de buque insignia del emprendimiento, con valiosas redes de conexiones locales e internacionales, en la que también tienen espacio los emprendedores dedicados a las Green Tech.

LA IMPORTANCIA DE LOS ESPACIOS DE DEMOSTRACIÓN

La principal problemática a la que hacen referencia los expertos que se han es la falta de patentes. “Investigamos mucho, pero estamos aterrizando poco; tenemos que ser capaces de derivar a proyectos reales escalables a nivel industrial”, apunta Olga Martín, directora general de Aclima, en el marco del evento IV Basque GreenTech & Green Ups.

Entre las palancas, entendidas como oportunidades, destaca el fin de motor de combustión interna, el objetivo del 40% de uso de energías renovables para 2030 y que actualmente se sitúa en un 20%, la necesidad de rehabilitar edificios cero emisiones, el mecanismo de ajuste de frontera por carbono que fija un precio justo al carbono emitido para fomentar una producción industrial más limpia, la necesidad de ofrecer información a la cadena de suministro y al consumidor o las posibilidades del ecodiseño de productos y servicios.

Y esto no es todo. También se puede sacar provecho de los requisitos circulares al plástico, del cambio de uso de tierra y silvicultura para la absorción de CO2, de la restauración de la diversidad y de la integración de naturaleza en las ciudades.

Sobre este último punto, un apunte. La integración de la naturaleza en las ciudades, no se trata sólo de pintarlas de verde, algo que, por otra parte, sería precioso. Pensemos en fachadas de edificios de doce plantas con vegetación colgante, al más puro estilo Singapur.

Cuando hablamos de integrar la naturaleza en ciudades hablamos de aprovechar el agua de lluvia, de compensar el CO2 que no se puede mitigar.

Y ojo, que la calidad del aire es un derecho de la ONU.

VERDE, COMO EL DINERO

Está claro que para activar propuestas basadas en tecnología y convertirlas en soluciones de aplicación real en la industria, hace falta dinero. Mucho.

En este sentido, las políticas públicas y, más en concreto, las subvenciones y ayudas son fundamentales para esto. En el caso de Bizkaia hay diferentes programas públicos en marcha; desde la fiscalidad ambiental (deducciones por inversiones y gastos relacionados a proyectos relacionados con el cuidado del medioambiente), ayudas por inversiones verdes, hasta proyectos de mejora de los bosques de la región. Los verdaderos pulmones de nuestro hogar.

Claro que los organismos públicos no pueden afrontar el desafío en soledad. Las empresas privadas y todas las personas que convivimos en este planeta debemos poner también de nuestra parte. Empecemos por una reflexión colectiva. Por cierto, y hablando de oportunidades, esta también puede ser una gran ocasión para crear una sociedad más consciente y colaborativa.

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