La herencia del patrimonio

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17.04.2023 Tiempo de lectura: 5 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración:

Todo aquel o aquella que haya nacido antes del año 2000 sabe lo que es ir a pasar el día a las cuevas de Santimamiñe. Coger el bocadillo, entrar en el autobús escolar o en el coche de tu familia para adentrarse en el bosque, ver los espectaculares paisajes de Busturialdea, subir un montonazo de escaleras y llegar al patrimonio más importante de Bizkaia.

Allí, teníamos la opción de visitar unas cuevas estrechas pero maravillosas y unas pinturas rupestres de más de 14.000 años, llegando a casa con una experiencia inolvidable. Aun así, a partir de noviembre del 2006, estas excursiones tan chulas tuvieron que ser reemplazadas por ir a ver el Bosque de Oma, a Basondo, al museo Guggenheim o a la visita guiada de San Mamés, y es que, la cueva de Santimamiñe cerró sus puertas a los visitantes.

ANTES DE QUE FUESE TARDE

La razón por la que se cerró la cueva fue porque los expertos y expertas estaban preocupadas de quedarse sin patrimonio. Esta cueva y las maravillas encerradas dentro de ella se encontraron entre 1918 y 1962, y desde entonces, se pusieron manos a la obra para que todo el mundo pudiese disfrutar de dichos tesoros. Aun así, los años iban pasando y los y las investigadoras vieron que el estado de las pinturas se iba deteriorando. Las razones de este deterioro eran las siguientes: Primero de todo, las personas expertas decían que los recursos utilizados para que el público pudiese ver las obras eran muy perjudiciales para su estado, en especial, la iluminación. Según estos, las zonas iluminadas (sobre todo las que estaban iluminadas de una manera ininterrumpida), estaban empezando a desarrollar microorganismos y vegetación, además de cambiar la temperatura natural dentro de la cueva, rompiendo con las condiciones que habían tratado tan bien a las pinturas durante todos estos años. Además de ello, la infraestructura metálica producía roña y condensación, no contribuyendo mucho a la causa.

Por otro lado, el factor humano también tuvo mucho que ver en el cierre de Santimamiñe, y es que, las visitas diarias a la cueva producían mucho CO2. Asimismo, tampoco ayudaban mucho el polvo que se levantaba con tanto movimiento y la suciedad que se traía desde fuera. A pesar de que intentaron tomar precauciones en 1997 (se redujo el aforo y se cerraron algunas galerías), estas medidas no fueron suficientes para eliminar los daños causados, y por ello, procedieron a cerrar la cueva.

Esto dejó dos opciones encima de la mesa: o hacían que las nuevas generaciones conociesen la historia a través de fotos e historias contadas de boca en boca o hacían algo diferente e innovador para que todo el mundo tuviese la opción de conocer nuestra cultura de primera mano. ¿Puedes adivinar cuál se decidió hacer?

PRECURSORES DEL METAVERSO

Has dado en el clavo. La Diputación Foral de Bizkaia, con ayuda de Virtualware, se puso las manos a la obra para crear algo nuevo y darle herencia al patrimonio. Este proyecto se llevó a cabo en el 2008 (aunque parezca mentira), al poco tiempo de cerrar la cueva para todo aquel o aquella que quisiera visitarla.

Para empezar, y ayudándose de un escáner laser, escanearon toda la cueva en 3D. Esto lo consiguieron gracias a más de 1500 fotos e identificando más de 6000 millones de puntos de información. Además de escanear el espacio físico, también tuvieron que hacerse con más características que conformaban el contexto de la cueva, por ejemplo, los calcos de las pinturas, los sonidos que se escuchaban dentro de la cueva y vídeos del recorrido.

Después de reunir todos estos datos, llegó el momento de crear este modelo virtual. Primero, tuvieron que procesar toda la información que habían recogido, centrándose mucho en los colores y en la iluminación. Cuando resolvieron esto, metieron texturas fotorealísticas en la maqueta, con la finalidad de que los visitantes se sintiesen dentro de la cueva. Después de eso, la cueva virtual estaba lista (se dice pronto…). Crear la aplicación fue el siguiente paso, donde tuvieron que diseñar el recorrido que seguirían las personas: los movimientos de cámara, puntos de multimedia etc. Al acabar, solo quedaba crear el espacio donde se haría la experiencia, es decir, el montaje.

¡Et voilà! ¡Ya está listo para las visitas! Si quisiéramos acercarnos allí (después de hacer la reserva, claro está), un guía nos llevaría a la entrada de la cueva, ya que ahí es donde empieza la visita. Después de una pequeña explicación y un poco de contexto, partiríamos hacia la sala donde se hace la experiencia, donde nos pondríamos las tan famosas gafas de realidad virtual. Esas gafas nos transportarían directamente a la cueva de Santimamiñe, dándonos la opción de visitar todas las partes importantes de las que queremos saber, mientras que nos cuentan la historia de nuestros antepasados. Las visitas suelen durar una hora y media, y cuentan con cuatro idiomas para que todo el mundo se sienta parte de la experiencia: euskera, castellano, inglés y francés.

¿QUÉ NOS DEPARÁ EL FUTURO?

Se sabe que el proyecto de convertir Santimamiñe en una réplica virtual fue muy novedoso, y junto a otros proyectos del estilo (Cádiz virtual, Roma virtual), estandarizó el uso de la tecnología a la hora de promover la cultura. Aun así, de ahí a hoy en día, ha pasado mucho tiempo. El desconocimiento hacia la tecnología se ha convertido en excusa y los conceptos del metaverso y los gemelos digitales nunca han sido tan populares como hoy en día; ¿podríamos aprovechar esta conversación para promover y conocer mejor nuestra propia cultura?

Y dirás… todo esto está genial, pero… siempre es mucho mejor ver sitios históricos con tus propios ojos… ¿por qué querría ponerme unas gafas para ver la Torre Eiffel? Además de que… en cualquier momento puedo googlearlo y ver fotos… Por suerte, en la mayoría de los casos, una cosa no quita la otra. La realidad virtual y el metaverso, pueden ser el complemento ideal a la hora de dar a conocer la cultura. ¿Que no puedes llevar a tu clase de 30 estudiantes a Londres para que puedan ver Los Girasoles de Van Gogh? Pum, a través de un museo virtual serán capaces de ver hasta las pinceladas más precisas del cuadro. ¿Que no puedes patearte Roma para ver todo lo que tiene que ofrecer? Pum, a través de una visita guiada virtual podrás visitar hasta los últimos rincones de esta ciudad tan mágica.

Además, sería una forma de atacar los daños que ha hecho el turismo masivo en estos últimos años. Está bien tener los bolsillos llenos, pero el precio a pagar por el patrimonio es muy, muy alto.

Aparte de esto, en los casos como Santimamiñe, esta tecnología nos ayuda a cuidar algo que es tan nuestro y tanto queremos mientras que les enseñamos nuestra cultura y nuestra historia a las generaciones que vienen. Además, el cierre de la cueva también ha contribuido a que podamos conocer más de cerca nuestra historia, ya que ha hecho que los y las investigadoras puedan explorar la cueva sin ningún inconveniente.

Gracias a la tecnología, la cueva de Santimamiñe ha tenido una segunda oportunidad para enseñar a todo el mundo una de las joyas más bonitas que tiene Bizkaia. Vamos a aprovechar esta oportunidad para conocer un poquito más de dónde venimos.

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