Háblame claro, háblame Clara

#Soul tech

03.03.2023

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Carmen Mondéjar

Nos gusta comunicarnos, eso es así. Lo llevamos haciendo durante milenios. Desde ese cavernícola que dibujaba bisontes en Altamira para presumir de caza, hasta ese tiktoker de moda que se cambia de ropa más que la Piquer. La capacidad de transmitir cultura a través de miles de años es lo que nos ha traído hasta aquí. Es lo que nos separa, no siempre, de un mono contemplando el Serengueti.

La comunicación está en nuestra forma de entender el mundo y en la capacidad de definirlo a través de ella. Sin embargo, justo ahora, cuando ésta fluye en miles de direcciones, es cuando la claridad en la exposición de ideas más brilla por su ausencia. Bajo esta premisa nace Clara, un prodigio de la Inteligencia Artificial y la lingüística, y que viene a ser algo así como tener a Pérez Reverte a tu lado ayudándote a escribir con claridad, pero sin sus ganas de liarla en Twitter.

¡HÁGASE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL! Y CLARA LLEGÓ A LA LENGUA ESPAÑOLA

Clara es el resultado de aplicar por primera vez la Inteligencia Artificial a la lengua española. Se trata de una herramienta que permite medir el grado de claridad de los textos, y para ello se sirve de la IA y la lingüística computacional. Además, es capaz de ofrecer pautas de mejora para que así el texto gane en claridad.

Eso sí, Clara no es fruto de una idea feliz, es el resultado de una transformación en la sociedad a lo largo del tiempo. Una necesidad que surge en el Reino Unido de los años 50 que, tras el desastre de la Segunda Guerra Mundial, inicia su reconstrucción. La ciudadanía necesita acceder a fondos públicos para volver a levantar el país, y sin embargo, no es capaz de entender qué pasos debía dar para solicitar esas ayudas. Ese fue el inicio de una corriente que reclama un derecho, el derecho a entender, y que a lo largo de la mitad del siglo XX se extendió por todo el mundo.

Esa corriente se ha recogido a la perfección en Prodigioso Volcán, una agencia de comunicación que lleva en su génesis el amor por el lenguaje y, sobre todo, poner a las personas en el centro. Una visión holística de la forma en la que nos comunicamos y que han plasmado en su Manual de comunicación clara y en el libro Derecho a entender. Así, desarrollar Clara en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid no era un salto mortal, sino el siguiente paso lógico.

A Clara le han dado forma dentro de la agencia tres mujeres, Sonia Oquendo, Ana Pina y Judith González. Para eso han tenido que construir un corpus escrito con unos textos claros y otros oscuros, etiquetar un gran volumen de ellos y comprobar que tuviesen consistencia. Un arduo trabajo para entrenar a la IA y que así supiera diferenciar un texto claro de uno que no lo era. Sin embargo, como en todo proceso donde actúan los seres humanos, puede haber sesgos, y eso añade dificultad a la ecuación. Para Judith González:

Los sesgos son imposibles de superar, pero no imposibles de evitar. Basta con que yo reconozca que tengo un sesgo, para tratar de que la máquina no lo reproduzca

Un proceso largo y complicado, pero que ha servido para algo muy complejo, desterrar el “yo no lo entiendo” o el “a mí me parece claro” y demostrar que los textos se pueden medir en base a unos criterios objetivos. Todo un logro que ellas han alcanzado.

Pero Clara va más allá de una simple herramienta. Según Sonia Oquendo

“esto tiene un poco de activismo social”.

Es concebir la ciencia como un todo, reuniendo varias disciplinas en un solo proyecto. Para Judith González

“solo se separan las letras y las ciencias en el colegio y en la universidad, fuera de eso, en el mundo real, no funciona así”.

Para Ana Pina

“el aprendizaje ha sido crear herramientas que ayudan a las personas, y que en un futuro lo harán más, con la unión de tecnología y humanidades”.

Así pues, detrás de Clara se esconde, además de una gran revolución tecnológica, unas profundas ansias de democratizar la comunicación. Una lucha por no dejar a nadie fuera de este complejo sistema comunicativo en el que vivimos, haciéndolo accesible y, sobre todo, entendible al conjunto de la ciudadanía, sin ningún tipo de distinción.

NO ES LO MISMO ESTAR DORMIDO QUE ESTAR DURMIENDO

Como decía Camilo José Cela:

“no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.

Y es que la comunicación debe ser clara y precisa para que pueda ser comprensible. Pero llegados a este punto la pregunta es obvia, ¿qué hace que un texto sea más o menos claro? Por supuesto que se entienda, pero más allá de eso, son un conjunto de disciplinas y conocimientos los que nos ayudan a acercarnos a una mayor claridad.

  • Un lenguaje clarito: Es la base de la comunicación clara. Una forma de redactar, de utilizar el vocabulario y la gramática que permite que los textos puedan ser entendidos por todos y todas, en especial personas con discapacidad cognitiva, intelectual o de baja formación cultural o social.
  • Una imagen vale más que mil palabras: El lenguaje visual favorece la comprensión del mensaje. La correcta combinación de textos, imágenes y una buena jerarquización, hacen que todo se vuelva más simple, más fácil de digerir. En este sentido, el diseño web es parte fundamental de esta comunicación clara. Una buena comunicación creará una experiencia de usuario mucho más apetecible.
  • El contexto sí importa: En función del nivel de especialidad del texto se debe ser más o menos preciso en el lenguaje. Por ejemplo, en los textos jurídicos se debe elegir bien cada palabra, ya que la concreción los hará menos propensos a la confusión y a la interpretación subjetiva. Es importante conocer las reglas de comunicación que rigen en cada contexto. También, para que el texto gane en claridad, es necesario saber a quién va dirigido ese texto y el conocimiento que tiene del tema.
  • La ciencia al poder: El neurolenguaje centrado en el usuario aporta criterios para optimizar la claridad de los textos. Análisis como el eyetracking (se estudian las partes a las que más atención prestamos de una pantalla), tener en cuenta los sesgos cognitivos de nuestro cerebro o facilitar los procesos mentales de lectura, son herramientas al servicio de la escritura clara.

Pero todos estos criterios o reglas, que nos ayudan a construir un mensaje más fácil de entender, pueden ser demasiados elementos para ser controlados por una sola persona. O, seamos sinceros, es más fácil si tenemos al apuntador para chivarnos lo que está bien y lo que está mal. Y es ahí donde la Inteligencia Artificial puede ayudarnos. Clara es como esa Thermomix que se conoce los ingredientes de memoria y sabe cuál el momento justo para que el bizcocho quede esponjoso.

EL MURO DE LA VERGÜENZA

La comunicación lo inunda todo, y desde luego, en las administraciones públicas también. Vivimos rodeados y rodeadas de normas, de dictámenes, de contratos, de procedimientos, etc… que en gran medida condicionan nuestra vida. Y, la verdad, parecen estar escritos para no ser comprendidos. Eso genera una barrera invisible entre la administración y la ciudadanía. Un gran muro que nos separa y que solo genera desconfianza, hartazgo y, por qué no decirlo, un poco de vergüenza.

Seguro que en tu vida te has encontrado con este muro decenas de veces. Una carta del ayuntamiento, una multa de tráfico, una citación judicial, la temida declaración de la renta y el programa PADRE, que no lo entiende ni su padre, etc… Muchas veces, enfrentarse a abrir la carta es revivir esa sensación de salir al encerado cuando no te sabías la lección.

Es verdad que en los últimos tiempos parece que ha habido un cambio de paradigma. Según Sonia Oquendo de Prodigioso Volcán

“Los ciudadanos siempre hemos tenido la sensación de que era nuestro deber entender a la administración, y en realidad era nuestro derecho”.

La llamada ley de transparencia parece que ha intentado paliar esta situación. Sin embargo, para Sonia:

Una institución puede ser transparente y no ser clara. Se ha legislado el qué, pero no el cómo

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