La ciencia también tiene su plaza

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09.12.2024 Tiempo de lectura: 8 minutos

Uxune Martinez

Ilustración: Dani maiz

Una plaza es un espacio público amplio y abierto que anida en urbes y pueblos. Una plaza es el escenario de la vida pública, un lugar de encuentro y el corredor de las idas y venidas de quienes habitan un pueblo. Una plaza es el refugio de las vivencias, los sucesos, las celebraciones y los espectáculos, es la cuna de la cultura. Una plaza es un espacio, un sitio, una estación y, en la actualidad, la ciencia también dispone de una plaza propia: Bilbo Zientzia Plaza.

¿Qué es Bilbo Zientzia Plaza? Bilbo Zientzia Plaza (BZP) es un proyecto de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU, y es el festival de divulgación científica más importante del estado. En él se desarrolla un programa con registros, tonos e iniciativas de diferente naturaleza para que público adulto y joven se irrigue de ciencia. Para ello, a lo largo de tres semanas se ofrece un programa de espectáculos gratuitos concatenados en el tiempo. Exposiciones callejeras (Zientzia Kalean), visitas guiadas, monólogos científicos de humor (Ciencia Show), conferencias (Naukas PRO y Naukas Bilbao), experimentos en directo, docuforums, espectáculos, talleres infantiles (Naukas Kids) o sesiones divulgativas con bertsos y ciencia (Bertsozientzia) u otras en las que se mezclan arte y ciencia o danza y ciencia.

Bien es verdad que las actividades de divulgación científica son muy comunes en nuestro entorno. Es habitual la programación de este tipo de iniciativas durante el curso escolar, la mayoría de las cuales están organizadas por personas u organizaciones que se mueven en el universo de la ciencia: universidades, centros de investigación, asociaciones, fundaciones o instituciones públicas. Entre esos eventos de divulgación, son habituales aquellos que están ligados a fechas concretas del calendario: La Semana de la Ciencia, el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, la Noche Europea de los Investigadores y las Investigadoras o el Dia Internacional de las Matemáticas (Día de Pi). En ellas se organizan y se llevan a cabo numerosas actividades para dar a conocer los entresijos de la ciencia y la labor que desarrollan quienes ejercen una carrera científica. A este tipo de iniciativas se les denominan “actividades de acompañamiento”, es decir, son actividades que se ubican fuera de los programas culturales habituales y que se adhieren a los objetivos y propósitos de iniciativas concretas para llevarlos a cabo como actividad universitaria dentro del curso escolar.

Bilbo Zientzia Plaza nació para romper inercias. Para salir de contextos, universos o calendarios delimitados y mostrar en el paisaje cultural cómo la ciencia puede convertirse en materia habitual para su disfrute en cualquier época del año.

LAS ESPORAS DE LA CIENCIA EN UN PAISAJE CULTURAL

Sin embargo, BZP también tiene otras razones de ser. Introducir proyectos de divulgación científica en una programación cultural tiene efectos en la socialización del conocimiento. La difusión de temas científicos, a través de formatos que se consumen cuando disfrutamos de nuestro tiempo libre, se asemeja a la labor de las esporas de una planta: propagar nuevas semillas dispersándolas en terrenos no convencionales. De hecho, diversos estudios han demostrado que adquirimos gran parte de nuestra cultura científica fuera del marco acádemico: visitando museos, haciendo rutas guiadas, escuchando charlas, participando en talleres o consumiendo contenido divulgativo.

Así, profesionales del ámbito de la comunicación científica como Vladimir de Semir, periodista y director del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, apuntan en la misma dirección y señalan la importancia de este tipo de actividades: “En contra de la convicción general, una persona se educa de la ciencia fuera del ambiente formal: una persona da menos del 5% de su vida en la educación reglada. Por lo tanto, es innegable que la clave para aumentar la comprensión de la gente hacia las ciencias está en el 95 % restante de su vida”.

Atendiendo a lo anteriormente expuesto, la clave para influir en la cultura científica debe tener en cuenta tanto el espacio como el tiempo que pasamos fuera del ámbito académico y en organizar y llevar a cabo programas de divulgación científica para el ocio. Por ello, ¿por qué no hacer un hueco en los programas culturales a la ciencia? Bilbo Bizkaia Plaza se desarrolla año tras año con la intención de dar respuesta a esta cuestión y ofrecer un festival en el que disfrutar de la ciencia nos lleve a aprender y ampliar nuestros conocimientos.

APRENDER DISFRUTANDO

El ocio da pie a una combinación un poco extraña, ya nos lleva a un escenario alejado de nuestras tareas cotidianas, en el que fusiona nuestro tiempo libre con actividades de disfrute o entretenimiento con el objetivo de ofrecer descanso. Ver una película, acudir a una sesión de bertsos, participar en una mesa redonda, visitar una exposición, escuchar un recital, tomar parte en un club de lectura, seguir un ciclo de conferencias… las actividades culturales son propuestas que nos resultan útiles, beneficiosas o agradables y que, en cualquier caso, nos producen una sensación placentera.

En Bilbo Zientzia Plaza se puede disfrutar a lo largo de dos días consecutivos de las historias sorprendentes que nos presentan más de 70 profesionales de la ciencia y la divulgación, procedentes de centros de investigación europeos, nacionales y locales, explicando historias sorprendentes: por ejemplo, que hay sueños lúcidos (que se pueden controlar), que la historia de la vida se puede explicar a través de obras de arte, que hay nubes que provocan incendios, que los seres humanos comenzamos a entender las palabras antes de nacer, que las plantas tienen la capacidad de moverse de un lugar a otro o que en el espacio existen objetos astronómicos que rejuvenecen con el paso del tiempo.

Disfrutamos, por ejemplo, con una exposición de viñetas sobre ciencia de un creador como Forges. Nos recreamos cuando un físico del área de la nanociencia nos explica en una visita guiada cuáles son sus herramientas de trabajo. Nos deleitamos visitando los parques de Bilbao para aprender biología observando los rastros que dejan en ellos los animales. Reímos en el pase de un monólogo científico en la Biblioteca Bidebarrieta. Nos asombramos junto a nuestros hijos e hijas cuando comprobamos que el circo y la ciencia pueden unirse en los juegos malabares que vemos en la explanada de Abandoibarra.

Somos conscientes de que BZP no es un programa que capta el interés de todo el mundo, pero hay quienes acudan a alguna de sus actividades y se diviertan; otras personas se emocionarán y habrá quienes volverán a sus casas impregnadas de la curiosidad para saber más. Sea lo que sea, quienes acudan a un acto programado siempre llevarán algo nuevo consigo: un dato, una historia, un acontecimiento o hecho que desconocían previamente y el cual contribuirá a la mejora de su cultura científica.

Cada año, BZP reúne a más de 6.000 personas en que acuden en directo a las diversas salas, y gracias a las retransmisiones en vivo de EITB, miles de personas (39.000 en 2023) siguen, por ejemplo, las charlas que se imparten en el auditorio del Euskalduna Bilbao. Sin embargo, estos resultados serían imposibles sin la actitud proactiva que demuestra el público en pro del conocimiento y la comprensión de las entretelas de la ciencia.

Bilbo Zientzia Plaza (BZP) nació en 2017 de la mano de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU y la Diputación Foral de Bizkaia. El proyecto BZP comenzó su andadura con el nombre de Bizkaia Zientzia Plaza, pero poco después se instaló en Bilbao y se consolidó como Bilbo Zientzia Plaza con el apoyo del Ayuntamiento de la villa. Del 10 al 30 de septiembre de 2024, BZP ha celebrado su séptima edición. Durante tres semanas, los escenarios de distintos lugares de Bilbao han albergado en escena a una actriz especial, la ciencia, que ha sido protagonista sobre las tablas mostrado un amplio abanico de temas científicos.

Tras ocho años de andadura, Bilbo Zientzia Plaza ha demostrado que la divulgación científica tiene cabida en la programación cultural, que los temas científicos no son ajenos al espacio público y que disfrutando de la ciencia somos capaces de acrecentar nuestro conocimiento. En definitiva, que la ciencia también tiene su plaza.

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