El metaverso industrial y las startups de Bizkaia

#Tech bay

17.04.2023 Tiempo de lectura: 5 minutos

Jose Antonio del Moral

Ilustración: Irati Eguren

Aunque el metaverso es, por el momento, más un gancho comercial que otra cosa, lo cierto es que hay startups de Bizkaia que ofrecen servicios relacionados en el ámbito industrial y médico. La mayor parte ya lo hacían antes incluso de que el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, empezara a utilizar esta marca, que le ha llevado incluso a cambiar la denominación de su empresa por "Meta". Éstas no responden simplemente a una moda.

VAMOS A POR EL PLAN B

Ludus es la más antigua de todas. Creada en 2011 por cuatro informáticos de Deusto, Jon Iñaki Martínez, Mikel Cearsolo, Mikel Calvo y Jon López de Guereña, para producir videojuegos, ha terminado especializándose en la formación con realidad virtual. Es lo que hoy se denomina pivotar: una empresa arranca con un proyecto, pero pronto se da cuenta de que el negocio más interesante está en otro campo, que puede ser más o menos próximo.

Tres de los cuatro fundadores de Ludus, que al principio se llamó Pulsar Concept, trabajaban en una de las startups míticas de videojuegos de Bilbao, Ludei. Tras un desencuentro con su jefe decidieron marcharse para montárselo por su cuenta. Hicieron algún videojuego como el Pelotari, pero pronto se dieron cuenta de que en ese ámbito es muy difícil ganar dinero a corto plazo.

Si seguían haciendo lo que realmente les gustaba iban a pasar hambre. Además, ya había muchas empresas haciendo lo mismo, por lo que diferenciarse se les hacía sumamente complicado. Hasta que un buen día, en una feria en Ámsterdam en 2013, conocieron a Palmer Luckey, uno de los fundadores de Oculus, una startup que años después sería comprada por Facebook por 2.000 millones de dólares.

QUÉ SÉ, QUÉ SE NECESITA, QUÉ PUEDO OFRECER MEJOR

La idea de desarrollar productos multimedia que solo se podrían disfrutar con unas gafas especiales les entusiasmó. Empezaron a hacer pruebas y descubrieron que el potencial era especialmente grande en el mundo de la formación. Y como estaban en Euskadi decidieron aplicarlo a la industria.

"Éramos fuertes tecnológicamente y buscábamos algo que nos diferenciara y que no nos pudieran copiar fácilmente" reconoce Cearsolo, uno de los cuatro fundadores de Ludus. Es él, que había trabajado antes para CIE Automotive, un fabricante vasco de piezas de automóviles, el que dio la idea de aplicar la realidad virtual al mundo de la industria.

Hay que tener en cuenta que entonces ya existían simuladores aplicables a la formación, como por ejemplo para la conducción de aviones o trenes, pero se basaban en grandes máquinas que ocupaban enormes espacios. Las gafas que vieron en Ámsterdam, que hoy son relativamente comunes, permitirían democratizar este tipo de enseñanzas y aplicarlas a nuevos ámbitos.

VISUALIZA LA OPORTUNIDAD Y LÁNZATE

Vieron una oportunidad en la prevención de riesgos laborales, que en la práctica salva vidas, y desarrollaron los primeros productos en este ámbito. Pero los primeros clientes, el Puerto de Bilbao y los Bomberos de la Diputación de Bizkaia, les pidieron algo un tanto distinto: un entorno virtual de entrenamiento en base a simulaciones de situaciones que se producen en la vida real.

Se trataba de recrear incendios o accidentes para que los bomberos o los servicios de emergencia del puerto pudieran actuar como lo harían en una situación real. Con la ayuda del casco de realidad virtual los usuarios podían entrenarse de forma constante y con menores costes que cuando se realiza un simulacro.

A partir de entonces el negocio empezó a crecer y no ha dejado de hacerlo, con el apoyo primero de inversores ángeles y últimamente también de varios fondos de capital riesgo. Hoy en día, ya con una plataforma propia que permite adaptar sus productos a las necesidades de sus clientes, los casi 50 empleados de Ludus trabajan para 150 empresas e instituciones en 18 países, sobre todo de América Latina.

Y después de tantos años, esta empresa de Bizkaia se ha convertido en una de las principales fábricas de contenido para el metaverso, aun sin utilizar este término. Sus herramientas o avatares son similares a los que ofrecen los grandes creadores de software de realidad virtual.

Pero todavía tiene una trayectoria más larga, Virtualware, que nació en 2003 de la mano de tres informáticos que se habían formado en Deusto junto con varios profesores entusiasmados por el ámbito multimedia. "No teníamos ADN de emprendedores, pero crear nuestra propia compañía fue la única opción que tuvimos para no mudarnos a Madrid o Barcelona", explica su CEO, Unai Extremo, para explicar cómo se creó la empresa.

EN CONTINUA TRANSFORMACIÓN

Virtualware se especializó en la realización de proyectos de realidad virtual basados en hardware más convencional, generalmente grandes pantallas. La recreación de museos y promociones inmobiliarias coparon una parte significativa de sus trabajos, que en aquel entonces se podían disfrutar sin necesidad de gafas especiales.

Es en los últimos años cuando Virtualware ha dado dos pasos significativos que le están acercando aún más a lo que ahora se denomina metaverso. Por una parte, la creación de una plataforma propia que simplifica y acelera la realización de proyectos de realidad virtual. Por la otra, la puesta en marcha de un spin-off especializado en la rehabilitación de pacientes a distancia.

Este último proyecto, que está liderado por el vasco-canadiense David Fried, sí que está totalmente integrado en el metaverso ya que emplea herramientas como cámaras, sensores y telemandos. Lo que empezó, con ayuda de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Bizkaia, como un videojuego terapéutico ha terminado convertido en un dispositivo médico que emplea la realidad virtual para ir ayudando a un paciente a mejorar su estado físico y psicológico.

En el mismo ámbito sanitario se encuadra Oroi, un proyecto promovido por dos exalumnos del grado de Emprendimiento e Innovación de Mondragon Unibertsitatea (Leinn), Jorge Maylin e Iñaki Aramburu.

Centrada en las personas mayores, su objetivo es estimularlos intelectualmente para retrasar su deterioro cognitivo.

A LA VANGUARDIA DEL METAVERSO; MÁS ALLÁ DE LO RECREATIVO

Estos casos vizcaínos de aplicaciones para el metaverso demuestran que hay un ámbito en el que podemos hablar de una realidad y no tanto del vaporware, tan abundante en el mundo tecnológico. Se trata de usos industriales y médicos en los que la conjunción de mundos físicos y virtuales aporta un valor real.

El casco conecta al usuario con un entorno distinto para que pueda interactuar con él utilizando los medios de que ya dispone. Es ideal para todo lo que tiene que ver con la formación en el uso de aparatos sofisticados, como sucede en cualquier fábrica, y con situaciones que no son habituales, pero para las que hay que estar preparado, como un incendio.

Así como el metaverso del que se habla en los medios de comunicación proyecta a una persona en un universo virtual más bien imaginario, el más industrial reproduce objetos que existen y anticipa eventos reales. Se contrapone el mero entretenimiento, a veces adornado de compra online, con el uso profesional en el que se aporta un valor al usuario en términos de formación o de recuperación de un problema físico.

Y existen un amplio espectro, por lo que a nadie le debería extrañar que pronto tengamos muchas startups de este tipo en Bizkaia. Pensemos en el mantenimiento de todo tipo de máquinas y en formaciones para el uso de vehículos, que cada día son más sofisticados en prestaciones o en exigencias de calidad. Se reduce el coste de la formación, disminuyen las posibilidades de cometer errores y aumenta la eficiencia, en general, al poder aprender los unos de los otros a través del big data que deja toda actividad digitalizada.

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