El cerebro conecta y desconecta, y después... ¡EUREKA!

#Done

02.03.2023

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Hopper Ink

El momento Eureka es tan preciado como cotizado, pero ¿quién lo consigue?

La historia cuenta que el matemático, inventor, y físico griego Arquímedes, pronunció esta palabra tras averiguar si la corona del rey Hierón II era de oro puro o de otro material similar de calidad inferior.

Y es que, a Arquímedes, la inspiración para descubrir que el volumen del agua que asciende es igual al volumen del cuerpo sumergido, le vino mientras se bañaba en una tina.

Muchos creen que este momento Eureka te llega como una revelación divina que te asalta de golpe en mitad de la noche. Pero la realidad es que detrás de cada Eureka hay horas de trabajo y un largo proceso de ideación, experimentación y maduración.

Volviendo al presente, y no muy lejos de aquí, unos genios y genias de 4º ESO han estado persiguiendo el momento Eureka incasablemente, — ¿para qué? — para resolver el reto que este año, el concurso de ciencia y tecnología estadounidense “Global Innovation Award” planteaba. — ¿Y cuál era ese reto? — Pues nada más y nada menos que, conseguir que la gente haga deporte o, facilitar la práctica de deportes que no sean conocidos — pero, un momento, ¿no está todo inventado en el deporte? — Pues se ve que no.

De noviembre a enero en las horas de clases de Tecnología y Cultura científica y algunos recreos de la Ikastola Begoñazpi, el equipo de jóvenes de dieciséis años se puso manos a la obra. De forma exhaustiva pensaron en nuevas opciones y alternativas: “¿Cómo podemos innovar y a la vez ayudar? ¿qué deporte elegimos? Y la pregunta más común y difícil: ¿por dónde empezamos?”

Claramente, innovar requiere que reprogramemos la forma en que nos han enseñado a pensar. Pero en muchas ocasiones, ya sea por falta de tiempo o por saturación en los colegios, no nos enseñan a desarrollar la imaginación, el pensamiento crítico y la curiosidad como tractores del aprendizaje, sino a memorizar, automatizar y ejecutar los deberes, pero… ¿qué ocurre cuando dejas que el pensamiento autónomo, ese que surge de la curiosidad innata, de querer saber más, brille?

Este equipo de jóvenes son un claro ejemplo de esa mentalidad renovada, curiosa e inquieta. Ante el reto que se les planteaba, ellos pensaron fuera de la caja de una forma tan natural que nos asombra: buscaron una categoría de deporte inusual, el Goalball, el único deporte paralímpico creado específicamente para personas ciegas y con discapacidad visual, donde, todos los jugadores llevan antifaces opacos para igualar la visibilidad - ¿interesante, no? Pues más lo es la dinámica del juego. Se basa, principalmente, en el sentido auditivo que, detecta el recorrido de la pelota (la cual lleva cascabeles en su interior) y requiere, además, una alta capacidad espacial para saber estar situado en cada momento en el lugar más apropiado del campo con el objetivo de interceptar o lanzar la pelota a la portería del equipo rival.

Al leerlo puede parecer un juego sencillo, pero la realidad era otra.

Hablamos con una jugadora olímpica, y nos dijo que

“la principal complicación de los jugadores ocurre cuando se pierden espacialmente en el campo. Y es que, tienes que estar bastante atento para reconocer qué posición estás ocupando en todo momento”.

“Si te pierdes, vuelves a la portería, de allí a una esquina y entonces encuentras tu lugar de nuevo. Este tiempo es muy valioso, en muchas ocasiones es cuando normalmente te anotan gol”.

Para poder plantear una solución que realmente les fuera útil, empezaron por el principio: entender a las y los jugadores y jugar como ellos para detectar posibles problemas.

El láser fue la primera opción de este equipo de Bizkaia para encontrar una solución. Diseñar una cuadricula con sensores para detectar dónde están los jugadores, pero claro, cuando pasaba la pelota o cualquier otro elemento, la información no era exacta.

El cerebro es cabezota, nunca mejor dicho, y quiere encontrar soluciones rápidas, por eso cuando no las obtiene, se bloquea fácilmente. Pero hay un momento en el que, después de darle vueltas al seso, y descartar combinaciones que no sirven, se produce una hipótesis que sí parece valiosa…

¿Y si diseñamos un sistema enlazado a un brazalete para que los jugadores se localicen gracias a una cámara?

“Si te pierdes, vuelves a la portería, de allí a una esquina y entonces encuentras tu lugar de nuevo. Este tiempo es muy valioso, en muchas ocasiones es cuando normalmente te anotan gol”.

¡EUREKA!

No hay nada que estimule más la mente de esta nueva generación de genias y genios que un reto que vaya a mejorar la vida de las personas.

En este caso, el equipo sabía que, si lo lograban, el impacto iba a ser necesario y satisfactorio para muchas otras personas. Por eso, no les faltaba motivación y ganas por ningún lado, solo les faltaba un pequeño empujón, aprender un nuevo lenguaje. Igual que nosotros y nosotras aprendíamos a escribir practicando, fallando y volviendo a practicar, ellas y ellos han tenido que aprender un nuevo idioma en código Python.

Armados con herramientas humildes pero poderosas, comenzaron a formarse de manera autodidacta en diferentes tecnologías. Horas y horas de programación autodidacta, pruebas con Raspberry Pi - necesitaban un sistema barato, pequeño y de calidad-, y una maqueta que reprodujera el campo de Goalball en miniatura para experimentar, crear y arriesgar.

Empezaron detectando el movimiento de un objeto en el campo añadiendo módulos de Arduino a las señales. Como resultado, han diseñado un dispositivo que escanea el terreno de juego por segundo, comparando la foto original con la que se toma al instante. Si detectan alguna anomalía, la marcan y de ahí extraen la información de las coordenadas del jugador, que se procesan y se envían por señal de radiofrecuencia al brazalete que lleva puesto. De esta forma, al entrar en su posición, recibirá una vibración de 1,5 segundos y al salir de 0,5 segundos, lo que le permite tener un control de cuándo ha entrado, cuándo ha salido y cuántos pasos ha dado.

El ingenio, la creatividad, la colaboración y el pensamiento crítico, los ha llevado a ser finalistas de “Global Innovation Award” compitiendo a nivel mundial por este galardón escolar.

Quién sabe si los siguientes pasos serán adaptar este sistema al deporte o a la domótica para personas con capacidades visuales reducidas. No hay reto que les asuste.

Lo que está claro es que, el momento Eureka llega, aparentemente, por casualidad, pero está alimentado de horas de trabajo, lectura y curiosidad de temas desconectados entre sí.

Y es que, nuestro cerebro es capaz de llegar a conexiones increíbles en los procesos creativos y de innovación. Lo que a simple vista nos llega de manera repentina o descontextualizada, como a Arquímedes en su bañera, realmente ocurre gracias a las conexiones para encontrar el punto en común entre diferentes pensamientos.

Una carrera de fondo que comienza por un: “¿por dónde empezamos?”

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