Donde se cocina la soberanía tecnológica europea

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06.06.2025 Tiempo de lectura: 6 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Alberto Muriel

El proceso de crear un consorcio subvencionado por la Comisión Europea (en adelante, CE) parte, generalmente, de una “necesidad estratégica o de una prioridad política identificada”, ya sea por la propia Comisión o por las partes interesadas que responden a necesidades emergentes “de la sociedad, la tecnología o un sector específico”.

Es un proceso de varios pasos.

Comienza con la publicación de una convocatoria de propuestas en el marco de un programa de la UE. Las organizaciones o partes interesadas desarrollan un concepto estratégico para un proyecto que esté alineado con los objetivos de la convocatoria.

Después, una persona coordinadora asume el liderazgo del Consorcio e identifica e invita a socios de diferentes países y sectores a participar. La idea es “asegurar una combinación adecuada de experiencia, equilibrio geográfico y capacidades”.

Las propuestas se evalúan por personas expertas independientes y las elegidas comienzan el proyecto una vez el consorcio haya firmado el acuerdo de subvención con la CE.

El proyecto GovTech4All es una suma de conceptos que esconde toda una declaración de intenciones. Por partes: por un lado, el concepto GovTech, que hace alusión a los servicios y soluciones tecnológicas que las administraciones públicas ponen a disposición de la ciudadanía; por otro; el “para todo el mundo”, que quiere referirse a un mercado único y sin fronteras. Esto a menudo implica asociaciones público-privadas, en particular con startups y pymes, así como la reutilización de soluciones desarrolladas por otros gobiernos.

La iniciativa, formada actualmente por 29 organizaciones de 20 países, busca acelerar el desarrollo de un mercado y ecosistema GovTech paneuropeo.

Con el objetivo de entender la misión y ambición del proyecto y de conocer, más de cerca, cuáles son los pilotos que se están impulsando, hemos hablado con dos de sus caras visibles: Alex Borg, de The Lisbon Council, coordinador del Consorcio, y Stefanos Kotoglou, Project Officer de la Comisión Europea y de DG DIGIT.

Aunque es un proyecto complejo (de muchas piezas y formas de hacer) hay dos conceptos que orbitan constantemente en la columna vertebral del proyecto: el impulso de la transformación digital y la interoperabilidad, a través de la tecnología, aspectos “esenciales” para liberar el potencial de la Unión Europea y su mercado único.

LA COMISIÓN EUROPEA, LA FUERZA ORIENTADORA

Se podría decir que Stefanos Kotoglou es el responsable de traducir los objetivos políticos de la UE para establecer los imperativos estratégicos que sustentan los cimientos de GovTech4All. Su rol radica en dibujar las líneas generales del proyecto y en trabajar, muy de cerca con el coordinador del mismo, para garantizar su buen funcionamiento y la coherencia con las líneas estratégicas de la UE.

Los pilotos dentro del proyecto GovTech4All se priorizan, nos cuenta, en función de su “impacto, innovación, viabilidad y relevancia”. Cada propuesta se evalúa para garantizar que responde a retos u oportunidades significativas dentro de la Unión Europea, que introduce “enfoques novedosos o vanguardistas” y demuestra ser un plan realista de implementar.

También se considera “la relevancia del piloto con especto a los objetivos políticos más amplios de la UE” y su potencial para generar resultados replicables en otros Estados.

En general, los pilotos que promueve y respalda el Consorcio se centran en la aplicación de la IA para abordar desafíos del sector público.

Preguntado sobre el resultado esperado en la sociedad europea, Kotoglou explica que la aspiración principal busca “un impacto significativo en la sociedad”. La forma en la que se articula es aprovechando la capacidad del Consorcio para acelerar la adopción de estas soluciones, que nacen con la vocación de implementarse en los servicios públicos y que son, desde el inicio, escalables e interoperables. Esto redunda, finalmente, en un impacto en la ciudadanía europea.

THE LISBON COUNCIL, EL DETALLE

¿Te imaginas hacer un puzle con piezas de diferentes formas, colores y texturas y que, una vez “ensamblado”, tenga sentido? Algo así es el reto al que se enfrenta Alex Borg, coordinador del consorcio GovTech4All.

Sus piezas son los 20 países que lo componen y el puzle ensamblado es el objetivo compartido: la creación de “un ecosistema y mercado unificados para tecnología pública digital” que haga posible y mejore la transformación digital y la interoperabilidad.

Transformación digital: proceso de incorporar tecnologías digitales en diversas áreas de una organización.

Interoperabilidad: idioma tecnológico común y compartido.

¿Quién puede imaginarse un servicio público no digitalizado?

¿Quién puede imaginarse un mercado único sin una interoperabilidad transfronteriza?

Para Borg, la heterogeneidad de la Unión Europea, con estas fronteras y esta amalgama de países, no es, al contrario de lo que pudiera parecer, una traba; es una poderosa fuente de riqueza.

Habla de la grandeza de lo diverso.

Y aquí, el Consorcio presenta “una oportunidad única para el aprendizaje mutuo”. Cada organización participante contribuye con un conocimiento, una experiencia y unas capacidades diferentes, con niveles propios de madurez en diferentes áreas.

La clave es “colaborar con un propósito estratégico compartido” y hacerlo en un contexto propicio. Se consigue impulsando “un entorno inclusivo y cooperativo que apuntala la madurez colectiva de todas las organizaciones miembro”.

Es una metodología que responde además al signo de los tiempos que corren.

“El mundo está afrontando un cambio rápido y complejo y demanda una Europa más cohesionada que nunca”, dice. Y esto se extiende, claro a la esfera tecnológica.

LAS TECNOLOGÍAS POR LAS QUE APUESTA EUROPA

La Comisión Europea no pone el énfasis tanto en tecnologías específicas sino en la manera en la que se desarrollan y los propósitos a los que se destinan. Y aquí, la crisis climática es un constructo clave.

“Hay una firme convicción en la Unión Europea de que la forma en la que las tecnologías se desarrollan y se utilizan juega un papel crucial en la defensa y expresión de sus valores fundacionales”, explica. Diversos proyectos ya se basan en estrategias y medidas de adaptación y mitigación de la crisis climática y adelanta que en la próxima ronda de pilotos se centrará en aplicaciones responsables de la inteligencia artificial en administraciones y servicios públicos.

¿UNA EUROPA TECNOLÓGICAMENTE SOBERANA?

Preguntado por la idea de una Europa soberana en términos tecnológicos, Borg es rotundo. No es que la idea sea plausible, es, en su opinión, “absolutamente imperativo”. Representa “una necesidad fundamental, posiblemente existencial”.

Esta visión está muy relacionada con el rol de la tecnología en nuestro día a día. Ya no se trata de una forma de competitividad económica; es, cada vez más, un elemento central en el bienestar social, la gobernanza pública y la autonomía estratégica.

Esto explica, por ejemplo, la apuesta por las tecnologías cuánticas del Consorcio, plasmada en uno de los pilotos que lidera, además, Lantik. “Están dirigidas a avances a largo plazo en computación, comunicaciones y seguridad, apunta Stefanos Kotoglou, contribuyendo de esta forma a “un ecosistema digital europeo resiliente y orientado a futuro”.

Aún queda mucho camino por recorrer, pero la ambición y la voluntad ya están, y, con esto, en la próxima década, es posible que Europa esté en condiciones de definirse como verdaderamente soberana en el ámbito tecnológico, anuncia Borg.

MÁS RETOS

Borg identifica dos retos en este camino hacia la soberanía tecnológica: uno, que las prioridades competitivas (a nivel nacional y europeo) dificultan situar el desarrollo tecnológico en el centro de la formulación de políticas y, dos, que mucha de la tecnología llega del sector privado. “Muchos marcos de adjudicaciones tienden a favorecer a proveedores grandes y establecidos, que están mejor posicionados para afrontar requerimientos complejos y rígidos”, explica. La consecuencia de esto es que algunos players más pequeños e innovadores tienen dificultades para competir.

Afrontar este desequilibrio aumentaría el músculo tecnológico de Europa y, aunque concede que, de momento, “está lejos de ser una práctica habitual”, Borg mira al futuro con entusiasmo. En la nueva ronda de pilotos basados en IA, el experto anuncia que habrá “oportunidades significativas” en forma de presupuestos destinados a soluciones innovadoras para organizaciones del sector privado. La idea es “asegurar que los ciudadanos europeos y las empresas se beneficien del acceso a tecnologías gubernamentales de vanguardia” y, como complementa Kotoglou, asegurando una incorporación de la tecnología en los servicios públicos, la industria y la investigación “con un enfoque en la ética y la confianza”.

Y es que, este acceso es fundamental para mejorar la forma en que las personas interactúan con las administraciones públicas a la vez que se dibuja un futuro digital más eficiente, inclusivo y centrado en la ciudadanía.

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