¿Emprendemos o aprendemos?

#Doing

16.02.2023 Tiempo de lectura: 5 minutos

Jose Antonio del Moral

Ilustración : Gorka Gil

El mundo ha cambiado de arriba abajo y casi sin darnos cuenta. Los culpables son Internet, aunque los más refinados lo llaman digitalización, y la globalización de la economía, que supone algo más que usar el inglés con cierta frecuencia.

Las oportunidades que han generado ambos fenómenos son inmensas, pero también los riesgos para los que no se han querido enterar. Para mantenerse en el tren económico, que no para, hoy no cabe otra que emprender o aprender sin parar.

Y esto es aplicable, al mismo tiempo, a cada uno de nosotros y al territorio en el que vivimos. Bizkaia ha evolucionado en pocos años de una economía basada en la siderurgia y la electricidad a uno de los líderes mundiales en automoción o energías renovables. El hidrógeno y la biotecnología son los siguientes hitos que este territorio no se quiere perder. En unos casos, reinventando proyectos centenarios como Orbea o Garavilla y, en otros, creando otros nuevos como H2Site o Biolan.

A nivel particular, el trabajo para toda la vida se ha terminado y, hoy, hay que reinventarse constantemente.

Unos lo hacen aprendiendo de forma continua para que sus empleadores cuenten con ellos para funciones que van cambiando con los años y últimamente incluso con los meses. Otros prefieren emprender, una vía en principio más arriesgada pero que también ofrece múltiples incentivos personales que tienen que ver con la creatividad y la capacidad de superación.

Estos últimos son los herederos actuales de los exploradores, de los innovadores y de todos los pioneros que han ido construyendo lo que hoy es Bizkaia. Ya fueran paisanos del territorio o extranjeros los que decidieron asentarse aquí por las oportunidades para generar riqueza. Ellos son la clave del futuro y, por eso, es fundamental que les demos la visibilidad que se merecen.

En Bizkaia hay unas 400 empresas de nueva creación de tipo tecnológico. Eso que en inglés se denomina startups, porque acaban de nacer y su objetivo es crecer muy rápido, con total ambición.

Algunas como Lookiero tienen ya 300 empleados, apenas cinco años después de su gestación, gracias a las ingentes cantidades de dinero que sus padrinos, business angels o, como en este caso, fondos de inversión, han depositado con el objetivo de multiplicarlo con su rápida venta al mejor postor. La mayoría, sin embargo, son mucho más modestas, pero siempre crean eso que con acierto se ha denominado "empleo de calidad". Es decir, jóvenes licenciados que de otra manera habrían emigrado de Bizkaia o que originarios de otros puntos del mundo han venido a trabajar y vivir a Bilbao.

Me gustaría hablaros de una empresa nueva pero que ya es tan vieja que algunos ya no calificarían como startup. Es un plato fuerte, por muchas razones: nació de un cúmulo de coincidencias que un emprendedor bien conectado supo entrelazar, creció con todo tipo de adversidades que solo pudo superar un equipo de personas optimistas y con una enorme capacidad de sacrificio, y hoy es una empresa líder en su ámbito a nivel mundial que vende tecnología made in Bizkaia por varios continentes.

Hablo de Biolan, firma creada en 2006 por Asier Albizu, un ingeniero agrónomo de Eibar que estableció su base en el Parque Tecnológico de Bizkaia. Albizu había trabajado en el Gobierno Vasco, donde descubrió que los enólogos de Rioja Alavesa tenían un problema muy serio a la hora de medir la calidad de la uva durante su vendimia y posterior entrega en bodega. Lo hacían a ojo, que generalmente no es el mejor sistema del mundo. El ingeniero escuchó a los enólogos y se quedó con la copla. Años después conoció a un catedrático de química que había "inventado" un sistema para utilizar ácido glucónico y electroquímica en biosensores para hacer este tipo de mediciones de manera inmediata.

Albizu casó rápidamente la necesidad con la tecnología y decidió ponerse manos a la obra. Así nació Biolan, que contó con el auspicio adicional de un par de universidades y centros tecnológicos y que pronto incorporaría también a tres business angels de Bizkaia: Mikel Urizarbarrena, el creador del antivirus Panda; la familia Garavilla, conocida especialmente por las conservas Isabel; y Lorenzo Mendieta, el hombre que inventó las promociones de regalos de los bancos en los tiempos de los libretones y otros depósitos a plazo fijo. También puso dinero, con el tiempo, el fondo Orza, que invierte en startups el dinero que reservan para sus pensiones los funcionarios vascos y gran parte de los trabajadores de Gipuzkoa.

Con esos euros fue posible desarrollar la tecnología y todo indicaba que Biolan iba a ser una empresa de éxito. Pero no fue así. La tecnología daba más fallos de los deseables y el mundo del vino no aplicaba con tanto entusiasmo el invento de Albizu. La falta de clientes generó una espiral de menores ingresos y de déficit que a punto estuvieron de forzar el cierre de Biolan. Pero una vez más, el ingenio quiso que de la txistera de este mago saliera algo nuevo. En este caso, un nuevo perfil de cliente: las empresas que compran atún. El precio de este producto se dispara en función de sus niveles de histamina y los microbiosensores de Biolan medían este parámetro con una exactitud matemática. La empresa de Bizkaia giró toda su tecnología y su modelo de negocio hacia este producto e incluso añadió a su catálogo la sardina y la anchoa. Se expandió por todo el mundo y especialmente por aquellos países en los que se produce o consume mucho pescado. Hoy es líder mundial en esta materia con una cuenta de resultados de color azul, es decir, positiva. Y con 60 trabajadores en nómina repartidos por su sede de Zamudio y siete delegaciones internacionales.

No es el único hito que ha alcanzado esta empresa. A raíz de la pandemia, en 2020, Biolan decidió aplicar su tecnología a la medición de virus. Lo hace con unas tiras serológicas muy baratas que permiten saber cuándo una persona es inmune al COVID-19 con una enorme precisión. Están ya en el mercado y sus resultados se obtienen en cinco minutos. Biolan Health es ahora mismo una nueva división con una enorme proyección.

Y esto es lo que hoy se conoce como pivotar en el argot de las startups. Es decir, estar siempre atento a lo que demanda el mercado para tratar de aplicar una tecnología a una necesidad inicialmente no prevista.

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