¡Celebremos el kaos!

#Doing

20.02.2023

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Higi Vandis

Según la teoría del caos, que estés aquí y ahora leyendo estas líneas es fruto de cada uno de los hechos que han sucedido en tu vida. Si hoy, por ejemplo, hubieses decidido remolonear 5 minutos más en la cama, si no hubieses elegido ese trabajo, si ese día no te hubieses puesto esa camiseta, si justo en aquel momento hubieses dicho “no”.

Todo, absolutamente todo te ha llevado hasta este instante y a este lugar. Un simple cambio en esa sucesión hechos, te habrían llevado a otro momento. Pero no, estás aquí, así que celebrémoslo. Toma asiento.

UN RASTRO DE MIGAS DE PAN

La teoría del caos se puede definir como una rama de la ciencia que estudia sistemas complejos y sistemas dinámicos no lineales, en los que las pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro.

Lo que a simple vista parece una definición, es en realidad la vida misma. De hecho, es el argumento de “Dos vidas en un instante” (sí, Hollywood siempre tiene una peli para cualquier tema que elijas). En esa película, Gwyneth Paltrow llega apresurada a coger el metro y, de repente, su vida se divide en dos: la mujer que consigue colarse dentro del vagón y la que se queda fuera. Un instante y todo cambia, dos universos distintos que evolucionan de diferente forma.

Todas y cada una de las decisiones, no solo nuestras, si no las tomadas a lo largo de la historia nos han llevado a este instante. En realidad, un pequeño cambio, una ligera desviación lo hubiese replanteado todo. Tal vez si el día D no hubiese sido un éxito y el ejército rojo no hubiese peleado cada palmo de tierra, la serie Man in the high castle sería el mundo real y no una distopía.

La ciencia tampoco es ajena a este fenómeno. Según los postulados de Karl Popper, y aquí somos muy Popperistas (sí nos hemos inventado la palabra), el conocimiento científico es progresivo y acumulativo. Desde el momento en el que nos erguimos y liberamos nuestras manos para hacer cosas, todo cambió. Ahí empezó un rastro de miguitas de pan como las de Pulgarcito. Un hilo de un ovillo gigante que hemos ido recogiendo a lo largo de la historia. En cada punto, en cada segundo, hemos recogido la cantidad justa de hilo. Ni más, ni menos. Eso nos ha ido llevando al siguiente punto, en el momento preciso y en la dirección adecuada.

DEL SABER HACER AL SABER CÓMO HACER

Nadie se levanta por la mañana y dice “hagamos un acelerador de partículas en la frontera francosuiza”. No, eso no funciona así. Llegar a esos grandes proyectos de investigación es fruto de cientos de años (incluso miles) de evolución científica. Es como si solo viésemos la punta del iceberg, pero debajo hay una masa ingente de hielo que lo sujeta.

Se podría decir que durante miles de años vivimos en la era de la técnica, hasta llegar a la era de la ciencia moderna. El conocimiento fluía de generación en generación, a través de la repetición y el saber hacer. Desde ese cavernícola que consiguió domar el fuego, hasta la persona que decidió poner un tronco bajo una piedra para desplazarla mejor.

Desde luego alguien puede pensar que ya había ciencia en las pirámides de Egipto o en los calendarios lunares de los Mayas, y ciencia muy avanzada. Y tiene razón, pero no estaba estructurada ni sistematizada para alcanzar una dirección determinada. Era un conocimiento acumulado, en el mejor de los casos legado por escrito, pero no estaba organizado.

El conocimiento surgía y existía, se sabía hacer. Pero no existía una metodología científica que recogiera de forma unificada cómo o hacia dónde dirigirnos, no terminaba de estar definido el saber cómo hacer.

Show me the money

Aquellos que hayan visto la serie La casa de papel, tendrán en mente el golpe que dan los atracadores protagonistas a la Fábrica Nacional de La Moneda y Timbre. Un grupo organizado, con toda clase de personas, con habilidades complementarias y diferentes, consiguen alcanzar su objetivo de imprimir papel moneda.

¿Y a qué viene lo de La casa de papel? Porque el origen del Big Science, esa forma de abordar los proyectos de manera global, se parece mucho a ese guion. Gente muy diversa, organizada y donde el papel moneda es fundamental.

Porque la historia del Big Science se inicia en Alemania con los tintes que se necesitaban para la fabricación del papel moneda. La versión resumida es que sobre 1870, Gran Bretaña era el Usain Bolt de la carrera industrial, en el sector químico también. Lo tenía todo, fábricas, ferrocarriles, conocimiento… Todo a su favor para comerse el pastel, o eso parecía.

Alemania apenas había comenzado la industrialización, pero en unos cuantos años remontó el partido e hizo bueno eso de “el fútbol son 11 contra 11 donde siempre gana Alemania”. Sabían que iban retrasados tecnológicamente con respecto a Gran Bretaña, así que hicieron lo que incluso hoy en día caracteriza bien a los alemanes: ser eficientes. Mejoraron la productividad de la industria e incentivaron fuertemente la investigación aplicada en su tejido formativo. Las grandes corporaciones, los empresarios, el sector químico y los inversores alemanes supieron ver el potencial y trabajaron coordinados para alcanzar un objetivo.

En definitiva, el conocimiento puesto en común y la involucración de todos los agentes sociales en el proceso científico, jugaron un papel fundamental para Alemania. Se aplicó por primera vez el caso de éxito típico de la Gran Ciencia.

PISANDO EL ACELERADOR

La Segunda Guerra Mundial cambió la ciencia para siempre. No solo por los millones de vidas que se cobró, que también. Sino porque se produjo un salto tecnológico nunca antes vivido. Está visto que para aniquilarnos nos ponemos las pilas, ya sea con un hacha de sílex o con un Kalashnikov.

El proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica está considerado como el primer megaproyecto científico, y un ejemplo claro de Big Science. Pasamos de mucha gente haciendo muchas cosas, a mucha gente remando en la misma dirección y colaborando en una idea común. Algo que nos permitió afrontar grandes retos, a escalas inimaginables, y que lo aceleró todo.

Ya en 1962 John F. Kennedy dijo: “Elegimos ir a la Luna en esta década, no porque sea fácil, sino porque es difícil”. Pero el bueno de John no era tonto, sabía que la ciencia estaba en un punto de madurez tal, que ese objetivo que antes se antojaba inalcanzable, era relativamente factible. Por supuesto, mucho del éxito se cimentó en que, durante 14 años, más de 400.000 científicos y científicas pasaron por el programa Apolo. Fue la suma de talentos la que hizo posible un hito así. Kennedy conocía el cambio de paradigma, y sabía que sin él nunca hubiese sido posible pisar la Luna.

En los últimos decenios hemos pisado el acelerador. A fondo. Dicen que estamos en un gran momento para el Big Science. Proyectos como el acelerador de partículas del CERN nos reconcilian con el conocimiento. Muchos países, mucho talento en busca de descubrir lo desconocido.

Y aunque Bosón de Higgs le suene al público a un personaje de El señor de los anillos, y no sepamos definir exactamente cuál es su importancia, nos alegra que su descubrimiento sea fruto de la colaboración de todas y todos. Porque indirectamente un poquito de nosotras y nosotros está ahí, a través de las instituciones que nos representan, de los países que colaboran sabiendo que la suma de las partes es algo mucho más grande.

BIZKAIA, CON B DE BIG SCIENCE

Aquí estamos. Aquí y ahora. Un momento fruto del caos. Un momento para celebrar. Al que llegamos con una gran maleta de conocimiento acumulado y que cada vez pesa más, aunque aquí no nos cobran por exceso de equipaje. Al contrario, llevar una maleta pesada puede hacernos llegar muy lejos. Pero, como ocurre en cualquier aeropuerto, todo este conocimiento debe pasar por el escáner de las instituciones académicas para que así llegue filtrado y depurado a su destino: la sociedad.

Porque la investigación científica surge por y para la ciudadanía. El objetivo es ser capaces de crear una cultura científica-tecnológica que nos haga más críticos y responsables de cara a tomar mejores decisiones. Y es trabajo de las instituciones hacer llegar esta cultura para que no seamos una sociedad aborregada.

Y para ello, solo hay una forma de entender los grandes proyectos, de forma colaborativa. En este sentido en la Diputación Foral de Bizkaia lo tenemos claro. No hay ciencia, éxito, ni grandes resultados sin conocimiento compartido. Por eso formamos parte de uno de los proyectos de Big Science más estimulantes del momento, el Quantum Flagship. Es el proyecto de la UE para liderar la tecnología cuántica, y Bizkaia es uno de sus nodos. Un lugar desde el que aportar y aglutinar talento con un gran objetivo común.

Sin medallas, sin egos, pero con una determinación que asusta. Tenemos claro que somos un grupo bien conformado, con una estructura organizativa y un liderazgo compartido con muchos compañeros y compañeras que reman en la misma dirección. Porque solo así, entendiendo la ciencia y la investigación como una acumulación de talento organizado, alcanzaremos grandes retos y metas. Celebremos haber llegado aquí. Celebremos el kaos.

Haznos caso, échale un ojo

Desliza para mostrar más