¿Nos gobernará la máquina?

#Soul tech

12.06.2025 Tiempo de lectura: 8 minutos

Ekai Txapartegi

Ilustración: Pablo Gallo

Han aparecido unos palos con banderitas rojas en los campos de la universidad. Son la resistencia, la vida resistiendo contra la máquina. Pensándolo en frío, es otra lucha perdida. Visto desde un despacho, son dos jubilados molestando. Una foto del momento, si reflexionamos desde la filosofía.

Desde las ventanas de clase se ven los campos de la universidad. Cuando pasa la máquina cortacésped, cuatro o cinco veces al año y haciendo un parrapapapapa escandaloso, en los campos ocurre una agresión que no se percibe desde ahí arriba. La máquina corta las delicadas rosetas foliares de la orquídea abeja.

Después de varios ataques a lo largo de los años, la orquídea abeja ha construído un escudo sorpendente: dos jubilados. Son ecologistas y marcan las plantas (ophrys apifera) con palos largos para que no las corten.

La orquídea abeja es una orquídea silvestre, un raro resto de la flora circundante que florece ahora, de abril a julio. Si se le deja crecer, se disfraza de abeja para atraer a estas y, así, polinizarse. La relación entre la planta y la abeja es muy sofisticada, de gran interés desde el punto de vista de la biología. Una planta y una abeja, la naturaleza engañando a la naturaleza, la naturaleza poniendo a trabajar a la naturaleza. Esta sabiduría de millones de años está enraizada en los campos universitarios, pero la empresa de jardinería subcontratada corta y castiga las orquídeas abeja. Por supuesto, las personas jardineras no tienen nada en contra de estas plantas. Como tienen que mantener los campos arreglados y el presupuesto es escaso, hacen lo que es más barato y rápido, como dicta la sociedad.

Los dos jubilados clavan palos largos en el campo. Están a la vista de todo el mundo, marcados con una cinta roja. Aun así, cuando he preguntado a mi alrededor, poca gente me ha dicho que las ha visto, ya que no vemos lo que no entendemos. Las personas universitarias todavía no saben que estos palos están puestos ahí para estorbar a la máquina. Algunos lo llaman “lucha”. A mí se me asemeja más a la poesía, por la fuerza metafórica y evocadora de señalar las flores con palos para protegerlas de las máquinas.

CUERPOS EN ENGRANAJES

En este sentido, recuerdo especialmente una de las experiencias que tuve en la Universidad de Berkeley en California, una experiencia bastante dolorosa: que la icónica cafetería “anti-máquina” perdiera el rumbo. El activista estudiantil Mario Savio, en su memorable intervención del 2 de diciembre de 1964, rodeado de estudiantes universitarios, gritó en la explanada situada frente a la cafetería:

“¡Hay un momento en que la operación de la máquina se vuelve tan odiosa, que les hace sentir tan enfermos del corazón que no pueden participar más! ¡Ni siquiera pueden participar pasivamente! Y tienen que poner sus cuerpos sobre los engranajes, sobre las ruedas, sobre las palancas y sobre todo el aparato ¡y tienen que hacer que se detenga!”

60 años más tarde, ahí mismo, una persona estudiante-trabajadora mal pagada y no consciente me sirvió un café de máquina en un vaso de plástico. Me dio muchísima rabia. No se pueden tratar esas palabras sagradas con menos respeto. ¿Cómo se ha permitido a la cafetera adueñarse de ese lugar sagrado? No se me ocurre una forma más eficaz de pisar el movimiento contra la máquina que ponerlo al servicio de la cafetera.

En ese campo de la universidad, Savio se representó como una orquídea abeja, sometido a la máquina. Le dio una forma ludita a su discurso: ¡somos personas, estamos en contra de las máquinas! Aun así, si lo interpretásemos bien, su crítica no iba en contra de la “tecnología”, sino en contra del capitalismo autoritario. Metafóricamente, llamaba “máquina” al capitalismo autoritario. Los y las estudiantes de la década de los 60 se movilizaron contra la autocracia, contra la transformación de la universidad en empresa y contra la burocratización, la mercantilización y las vulneraciones de los derechos. La máquina era la lógica autoritaria que lo determinaba todo.

Han pasado 60 años desde entonces, y la máquina sigue cortando la hierba de manera barata y rápida para dejar nuestros campos arreglados. Han pasado 60 años desde entonces, y en todo este tiempo, el capitalismo autoritario se ha convertido en neoliberalismo tecnológico, determinado por la necesidad de hacer todo el trabajo cada vez más barato y rápido.

REPÚBLICA TECNOLÓGICA

Alex Karp, dueño de la empresa tecnológica Palantir e icono del neoliberalismo tecnológico, cree en el determinismo tecnológico: La tecnología sigue su curso y se lleva a los pueblos por detrás, arrastrándolos. Utilizan algo parecido a un moto: la tecnología no mata, no adaptarse a la tecnología es lo que mata. Así es el nuevo movimiento tecnócrata, los tecnobros, casi todos hombres, billonarios y más radicales que los tecnócratas del siglo XX: “adaptarse (a la tecnología) o morir”.

La evolución del desarrollo tecnológico ha transformado la manera de entender la tecnocracia. En estos momentos, la tecnocracia de los siglos XIX y XX que criticaron Weber y Habermas nos parece casi una tontería. Hacer que las decisiones políticas se conviertan en decisiones ‘técnicas’, que la administración estatal tome todas las decisiones importantes, sin dejar una opción política real en manos de la ciudadanía. Como las decisiones vienen ‘dictadas’, que la política sea un espectáculo y que la democracia sea un mero mecanismo legitimador. Hoy en día, este tipo de tecnocracia burocrática nos tranquilizaría.

Estos tecnócratas liberales han llegado tras esa tecnocratización ‘clásica’ de las democracias liberales. Estos dan más miedo, tienen ganas de revancha. Ideológicamente son libertarios, abrazan el “solucionismo” y el hard power, creen que la tecnología podrá solucionar hasta el más difícil de los problemas. Cuando se han hecho con las llaves que abren todas las puertas de la Casa Blanca, han empezado inmediatamente a deshacerse de la gente de las agencias gubernamentales e introduciendo softwares. Elon Musk, del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) es un ejemplo de ello. Desde el clásico paradigma tecnocrático Gobierno-Empresa han pasado a la Máquina de Gobierno, donde todas las decisiones de los gobiernos se automatizan mediante el refuerzo de la inteligencia artificial y la simplificación de los softwares más avanzados. Las máquinas decidirán qué hacer en cada campo porque saben más que las personas, porque piensan mejor que las personas. Es lo más eficaz.

Para entender esta clase de tecnocracia extrema, el libro República Tecnológica de Alex Karp es muy aclarador. Karp acusa a Silicon Valley de utilizar su lugar de residencia para desarrollar dispositivos y aplicaciones banales, como los juegos de Zinga o los cupones digitales Groupon, debilitando a los Estados occidentales y a la sociedad en general. También dicen que la empatía ha debilizado al Oeste, con una honestidad que agradecemos. Hace un llamamiento para hacer frente a esta tendencia debilitadora, uniendo su tecnología con el hard power. “Nuestra tecnología es para proteger a los países y matar a la gente”, afirmó hace poco en una entrevista. Las gigantescas máquinas diseñadas por ellos sueñan con gobernar la sociedad, en nombre de la máxima eficiencia, como única manera de competir con la maquinaria china y mantener la supremacía del oeste.

CUERPOS EN LOS ENGRANAJES O ENGRANAJES EN EL CUERPO

¿Mario Savio o Alex Karp? Tirar los cuerpos a los engranajes de la máquina no es una opción realista. No lo era en la época de Savio, pero mucho menos lo es ahora, cuando llevamos los engranajes tan integrados en nuestros cuerpos. Sin embargo, darle agencia política a la máquina, tal y como propone Karp, es un suicidio democrático. Karp quiere tecnologizar el gobierno, “AI-powered automation for every decision”, para que los Estados tengan que comprar el software de la empresa Palantir, ya que se trata de empresas que viven de dinero público. Quieren hacerse con los contratos más sabrosos del Ministerio de Defensa de Estados Unidos para poder seguir estando en la cima del mundo. Son tecnlo-oligarcas, no les interesa la democracia. Lo que están apoyando es la república tecnológica, no la república democrática.

¿A favor o en contra de la tecnología? Es tan estúpido prejuzgar moralmente la cuestión como no tener en cuenta las dimensiones políticas y económicas del caso. La clave es cambiar las preguntas: ¿qué es lo que queremos? ¿cuáles son nuestros intereses?

LAS PERSONAS SIGUEN SIN HABER INVENTADO UNA TECNOLOGÍA MÁS AVANZADA QUE LA ORQUÍDEA ABEJA

En la república tecnológica de Karp no hay personas vascas, ya que en su ideología de la eficiencia máxima, el proyecto Euskal Herria y el afán por revivir el euskera no se pueden justificar. Y a nivel de medios tecnológicos, no es lo mismo utilizar una tecnología que otra. Las enormes consecuencias políticas y económicas de las oportunidades tecnológicas nos llevan a tomar conciencia de que en esas mismas oportunidades, nos jugamos el futuro, la libertad, la democracia y el bienestar de nuestro pueblo.

Pronto, el cortacésped ya no necesitará a un jardinero o una jardinera para hacer su trabajo. ¿Será esto, positivo, para las personas que seamos una orquídea abeja? ¿Será el big data quien decida si proteger a las orquídeas abeja merece el esfuerzo necesario? Pero, ¿qué será lo que decida? Dependerá de las decisiones tecnológicas que tomemos. Y si no, quienes seamos orquídeas tendremos que empezar a buscar a nuestros propios jubilados.

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