Las agujas son la leche

#Soul tech

01.03.2023

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Gloria Maestre

Hace más de 40.000 años la Humanidad tenía un reto del que dependería el éxito o el fracaso de la especie. No morir de frío y poder salir con estilo de la cueva de Santimamiñe en el Paleolitico Superior.

“Maitia, si vas a salir ponte encima la piel de cabra que dice el chamán que viene glaciación para esta tarde”.

Los cambios climáticos han ido sucediendo a lo largo de la historia de manera natural, algunos después de la aparición de nuestros primitivos antepasados, el Homo sapiens.

El Homo sapiens y el ser humano, por naturaleza, buscan la supervivencia. Nos adaptamos a los cambios; cambio climático, cambio de eras, cambios tecnológicos, en definitiva, cambios.

Las comunidades humanas del Paleolítico no eran menos que los que hoy habitamos la Tierra, y tampoco lo tenían más fácil. Se enfrentaban a un difícil reto del que dependería el curso de nuestra historia; sobrevivir sin morir en el intento.

La cuestión es que se enfrentaban a la supervivencia en unas condiciones extremadamente adversas. El gélido clima reducía sus posibilidades en el exterior de los refugios, y la caza no era para tirar cohetes.

Con esta hambre y este frío tendrían claro que necesitaban buscar una solución que les cambiaría la vida. Que nos cambió la vida.

Llegó el momento del cambio; adaptarse o morir. La primera solución a este problema sería abrigarse con pedazos de piel de animal sujetadas al cuerpo de manera un tanto rudimentaria. Y, si bien esto combatiría el frío, la protección no sería la mejor, ya que, probablemente, los tobillos quedarían al aire, y la forma de sujetarlas (anudándolas, bien por la propia piel, o con las fibras que tuvieran a mano) reduciría la velocidad y la agilidad de quienes las vestían, dando ventaja a los depredadores y jugándose la cena del clan.

Esto tuvo que ser todo un drama para las tribus que veían que cada vez eran menos por culpa del frío, el hambre y las bestias, que competían contra ellos por la supervivencia. Cenar o ser cenados.

Deberían encontrar una solución mejor. El reto, como hemos explicado, era la supervivencia.

La idea, muy probablemente, era encontrar la manera de no morir de frío al abandonar la caverna, alcanzar algún mamut para cenar y salir triunfante frente al resto de depredadores.

Descartadas cuestiones como rodearse de fuego y otras hipótesis poco viables, alguna mente brillante propondría: “¿Y si tuviéramos pieles que nos cubrieran todo el cuerpo y nos dejasen movernos libremente y con agilidad? Algo que se ajuste al cuerpo para poder correr y mover los brazos sin limitaciones”.

En un contexto parecido, alguien, con inquietud para experimentar, debió comenzar a hacer pruebas hasta llegar a una de las más antiguas innovaciones desde los albores de la humanidad, que daría un nuevo rumbo a nuestra historia; la aguja.

La gran innovación que marcó un antes y un después. Una idea sencilla pero genial cuya antigüedad confirmada es más de 40.000 años, pero algunas hipótesis, no confirmadas, hablan de hasta 60.000 años.

Nadie sabe, ni probablemente sabrá, (el misterio es parte del encanto de la historia) cómo fue el proceso creativo que les llevó hasta esta brillante idea, pero podemos intentar imaginarlo.

El objetivo era mejorar la forma de unir dos o más trozos de piel de animal. Una opción sería el uso de pasadores de hueso con los que se perforarían las pieles para unirlas. Sin embargo, además de no ser un cierre perfecto (habría huecos), a la larga aquellas valiosas pieles acabarían desgarrándose por la tensión, echándose a perder.

Contando con dos retales de piel ya perforadas alguien probaría a anudar los agujeros entre sí con tiras de cuero, hebras vegetales o algo parecido. Un primer paso en el camino de la costura y la moda. Esto habría mejorado la comodidad y la resistencia de la prenda, pero el costoso trabajo de perforar la piel y el desgarro inevitable acabaría descartando esa solución. Sigamos con la moda.

Insertar la hebra a la vez que se perfora la piel, debería ser la solución idónea y más fácil para este problema.

Llegados a este punto, aprovechamos para lanzar una reflexión ¿alguien ha imaginado por algún momento que todas estas pruebas se realizaban con las mejores pieles del clan? Parece lógico pensar que se usarían retales o pieles deterioradas para no echar a perder lo que sin duda sería un valiosísimo recurso que tanto les costaba cazar. Experimentar asumiendo que un no-éxito, un aprendizaje, en definitiva, que no implique una grave pérdida (los experimentos con gaseosa de la época).

Después de varias pruebas anudando, pegando y a saber de qué maneras, alguien probaría a realizar un diminuto agujero en una herramienta fina y punzante sin saber que aquello cambiaría para siempre el curso de la historia de la humanidad.

Sentimos una especial admiración por aquellas personas anónimas que fueron las primeras en hacer algo; ingeniosas y valientes. A esta primera persona, hombre o mujer, que concibió la aguja, debemos agradecerle también el gesto de divulgar y enseñar a producir su idea en el clan, la tribu, la cultura…

Las primeras agujas fueron fabricadas con astas, hueso, madera… pero, curiosamente, su diseño no se aleja demasiado de cualquier aguja de coser que podamos encontrar en cualquier parte del mundo. En el Arkeologi Museoa (Museo Arqueológico de Bizkaia) podemos contemplar algunos ejemplares magníficamente conservados hallados en distintas cuevas de Bizkaia y resultan ser casi idénticas a aquellas que en nuestra infancia solíamos rescatar con un imán entre los huecos de la tarima de la casa de la amama (abuela).

Esta “simple” aguja es un claro ejemplo de cómo una innovación puede cambiar la manera de vivir de toda una especie.

En el Paleolítico, el Homo sapiens tendría más posibilidades de cazar mejores piezas, a su vez, esto supone tener mejores pieles para abrigarse y moverse mejor.

Cerca del impresionante túmulo de Newgrange (que recomendamos visitar si se viaja a Irlanda) se hallaron prendas cosidas con pelo humano. Tiene toda la lógica del mundo, usar el propio pelo como hilo de costura primitivo. Podemos decir que, como consecuencia de la aguja, se desarrollaron también cuidados y peinados para el pelo.

Y si el pelo servía como hilo ¿por qué no iba a servir la lana, el lino, el algodón…? Por lo tanto, la aguja trajo consigo el desarrollo de los tejidos gracias a la experimentación con hebras naturales.

Como una cadena de dominó, las mejoras irían llegando a cada uno de los aspectos de sus vidas, con la búsqueda de soluciones continuas y la experimentación, la aguja se convirtió en catalizador del cambio.

Y ES QUE LAS AGUJAS SON LA LECHE

Generaciones después la humanidad se seguiría enfrentando a nuevos retos. Entre ellos, adentrarse en el océano para alcanzar la Polinesia. Para alcanzar este reto se requería del ingenio de las personas para desarrollar un nuevo invento y llegar más allá de lo que la navegación con remos les permitía.

Tampoco se conoce con exactitud en qué momento o dónde se desarrolló la navegación a vela, aunque indagando en la historia se han encontrado registros de este invento en Egipto hace 5.000 años.

Una vez más, la idea se extendió de comunidad en comunidad hasta hacer posible uno de los grandes hitos de la especie humana: el poblamiento de Polinesia, un conjunto de unas mil maravillosas islas repartidas por una superficie de 30 millones de km2 en el Océano Pacífico.

La aguja de las cavernas vuelve a ser el catalizador de otro gran paso para la humanidad.

La navegación a vela ha supuesto a lo largo de la historia una gran oportunidad para los seres humanos, para reencontrarse con sus hermanas y hermanos del otro lado de los mares, después de milenios de separación. Si bien el encuentro entre civilizaciones trajo en ocasiones terribles consecuencias, no debemos olvidar que a la larga el contacto entre distintas culturas trae beneficios para la humanidad: nuevas formas de arte, nuevos alimentos, nuevos conocimientos, nuevos cambios…

Si miramos a nuestro alrededor será difícil no tener a la vista algún elemento en cuya fabricación haya sido necesario el uso de la aguja. Incluso las máquinas de coser llevan una aguja en su interior. En más de 40.000 años de historia, por mucho que hayan cambiado los materiales y tamaños, nadie ha conseguido mejorar la idea de utilizar un artefacto fino y punzante para unir con una hebra dos tejidos. En su simplicidad reside su sofisticación.

Hace unos meses, caía en nuestras manos un artículo sobre una mujer vietnamita llamada Lien Pham. Su trabajo consiste en confeccionar los trajes que las y los astronautas utilizan cuando viajan al espacio. Incluso en este momento tan avanzado tecnológicamente los seres humanos necesitamos de una innovación sucedida en el Paleolítico para seguir ampliando nuestras fronteras.

La aguja es solo uno de los ejemplos que nos sirve para plasmar la idea de que innovar es un impulso natural en el Homo sapiens, que nos ilustra, cómo un pequeño artefacto, simple pero sofisticado, ha marcado el curso de la historia ayudando a la humanidad, no solo a sobrevivir, sino a conquistar partes inhóspitas del mundo y del espacio exterior, gracias a la innovación.

Esta analogía nos sirve para reflexionar sobre el tema que, a veces, nos quita el sueño; la innovación. Ya que, cuando escuchamos o leemos esta palabra, que hoy en día sucede en muchos ámbitos diferentes, nos vienen a la mente palabras como “internet”, “digitalización”, “tecnologías emergentes”… pareciendo que la innovación es algo exclusivo del último siglo. Sin embargo, la innovación se ha dado desde los albores de la humanidad.

Aunque bien es cierto, que no es hasta principios del siglo XX cuando Joseph Schumpeter estudia el fenómeno de la innovación en el ciclo económico y teoriza sobre ello. La definición, que el Manual de Oslo ofrece al respecto, es esta: “Una innovación es un producto o proceso nuevo o mejorado (o una combinación de ellos) que difiere significativamente de los productos o procesos anteriores de la unidad y que se ha puesto a disposición de los usuarios potenciales (producto) o ha sido puesto en uso por la unidad (proceso)”.

Podríamos encontrar miles de casos similares que cumplen la definición propuesta en el Manual de Oslo. Y muy probablemente, en casi todos los procesos de creación, estarán presentes, entre otros, los momentos de ideación, hipótesis, experimentación, aprendizaje y divulgación.

En 2015, durante la 70ª Asamblea de la ONU, se adoptaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, de los cuales el 9º hace referencia explícita al fomento de la innovación. Aunque, en nuestra humilde opinión, todos y cada uno de los objetivos necesitarán de innovaciones, en sus respectivos campos, para poder hacerse realidad, seguramente se darán de una manera natural e implícita. Al fin y al cabo, la innovación es uno de los rasgos que hace que los seres humanos seamos lo que somos y lo que alcancemos a ser.

Objetivos del desarrollo sostenible

  1. Fin de la pobreza
  2. Hambre cero
  3. Salud y bienestar
  4. Educación de calidad
  5. Igualdad de género
  6. Agua limpia y saneamiento
  7. Energía asequible y no contaminante
  8. Trabajo decente y crecimiento económico
  9. Industria, innovación e infraestructura
  10. Reducción de las desigualdades
  11. Ciudades y comunidades sostenibles
  12. Producción y consumo responsables
  13. Acción por el clima
  14. Vida submarina
  15. Vida de ecosistemas terrestres
  16. Paz, justicia e instituciones sólidas
  17. Alianzas para lograr los Objetivos

Hoy en día, como especie, nos enfrentamos a dos grandes retos globales: la lucha contra el SARS COV 2 (COVID-19) y contra el calentamiento global. Tendremos que aplicar necesariamente todo nuestro potencial innovador para afrontarlos con éxito. A un nivel más local, pensando en el territorio de Bizkaia, nos enfrentamos a profundos cambios derivados de la 4ª Revolución Industrial que nos afectarán, aunque estemos mirando hacia otro lado.

Si entendemos que la innovación es la aguja que ayuda a coser y reparar los tejidos de nuestra historia, y que nos llevan a un futuro mejor para todas y todos… ¡Cosamos pues!

Etiquetas

  • #cultura
  • #innovación
  • #ciencia
  • #tecnología
  • #arte

Haznos caso, échale un ojo

Desliza para mostrar más