Carlos Santiso y los vientos del cambio

#Soul tech

08.06.2023 Tiempo de lectura: 8 minutos

Equipo Editorial con ayuda de Carlos Santiso

Ilustración: Malen Pazos

El Dr. Carlos Santiso es un profesional como la copa de un pino. Con una actitud sobresaliente, nos ha abierto las puertas de su conocimiento para que entremos como si estuviésemos en nuestra propia casa. Como jefe de división de la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), trabaja incansablemente para que la gente que vive en economías emergentes (mayormente en América y África) tenga una vida mejor, además de dedicarle la mayoría de su tiempo a fomentar la democracia, fortaleciendo a los gobiernos y luchando contra la corrupción. También nos recuerda un dicho de Jorge Luis Borges que dice

“El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”.

Le hemos preguntado por varias cosas relacionadas con las Administraciones, sobre la situación de hoy el día y el futuro, el GovTech, obviamente, y como las cabras al monte, también hemos tirado a casa. No te querrás perder todo lo que tiene que decir.

Primero de todo, teniendo en cuenta tu background y tu carrera, nos gustaría saber cómo te imaginas tú el futuro de la gestión administrativa viendo la situación social y geopolítica tan compleja que estamos viviendo a día de hoy.

Es un momento de inflexión. Por una parte, hay una contradicción entre las demandas y expectativas de la gente por el tipo de relación que tienen con las Administraciones Públicas. Por otro lado, hay una brecha con las capacidades de las Administraciones de poder atender esas expectativas y demandas de ciudadanos que, al final, son nativos digitales.

Para darle solución a esto, hay una primera parte que tiene que ver con la tecnología, con una revolución tecnológica que se traduce en herramientas para agilizar los procesos administrativos. La otra parte, es más cultural: es cambiar la relación entre la ciudadanía y las Administraciones. Sería pasar de una cultura donde piden a la ciudadanía que estén a su servicio, a una en la que se requiere restablecer el principio de servicio público: un servicio que se dé al público y para el público. Es decir, tener Administraciones que sirvan a la ciudadanía y no una ciudadanía que sirva a las Administraciones.

Un ejemplo de este brutal desafío es el de repensar los servicios públicos en torno a los eventos de vida de la ciudadanía, como puede ser el nacimiento de un hijo, llevar a este a la escuela, el matrimonio o el divorcio. Ahí lo que el ciudadano espera es que pueda buscar todos los servicios disponibles relacionados con ese evento en su propio celular. Eso requiere que todas las Administraciones que tienen que ver con ese evento se organicen para servirte y no que tú te organices para servirles.

Me habéis preguntado cómo creo que van a ser las administraciones del futuro. Yo creo que van a ser mucho más humanas y mucho más tecnológicas, donde éstas nos permitirán repensar los procesos de los que acabamos de hablar. Hay un tema de agilidad y de innovación, pero también de transformación.

Pensando un poco en lo que contabas de diseñar teniendo en cuenta los momentos vitales de la gente, vemos que contamos con una diversidad muy amplia en el mundo en lo que a personas se refiere. A la hora de abordar este diseño, ¿cómo debería ser esta transformación para intentar cubrir y tener en cuenta todas sus necesidades?

Este tema hila bien con los debates actuales sobre la exclusión digital y las brechas digitales. Un ejemplo con el que trabajamos mucho, son los principios éticos para el uso responsable de las nuevas tecnologías, que incluyen la prevención de sesgos y las nuevas formas de exclusión. Por ejemplo, la inteligencia artificial (IA) es un tema que se trata mucho porque es una manera de crear nuevas exclusiones digitales.

Os puedo contar la historia de algunos países como Colombia que han avanzado mucho en estos temas, en particular, en la ética de la IA. En estos países, a causa de la informalidad, el riesgo de sesgo o de exclusión es mayor. Y es que, las nuevas tecnologías son, al final, sistemas inteligentes de datos, y todo depende de su calidad. En las sociedades desiguales y, sobre todo, economías informales, hay mucha gente que no existe (porque no quieren o porque no pueden) virtualmente, a lo que yo llamo “data poor”, la gente que no genera datos.

Durante la pandemia, por ejemplo, en países como Perú y Colombia se dieron cuenta de que muchas de las personas que más necesitaban las ayudas de emergencia, no existían en los registros, y captar a dichas personas fue un desafío muy grande. Por ello, aunque la tecnología puede ayudar a resolver algunos de estos desafíos, también puede generar riesgos de exclusión, existe esa doble vertiente.

Y el Govtech, ¿cómo puede participar en estas transformaciones?

Es un tema que para la OECD y para otros, incluida la Diputación Foral de Bizkaia, con la cual colaboramos en su Govtech Lab, es muy importante.

El Govtech es algo parecido a una primera cita inesperada entre las burocracias y las startups. Son términos que a primera vista parecen totalmente opuestos pero que, en realidad, no lo son: Por un lado, están las Administraciones, las cuales tienen diferentes razones (como la estabilidad laboral) para no poder apostar por las nuevas tecnologías, pero que aun así, demandan innovación. Al otro lado, están las startups, llenas de jóvenes digitales muy activos, con un tejido empresarial brutal y con muchas ganas de contribuir a lo público, a la sociedad. Cuando estas dos partes se casan nace el ecosistema govtech, una unión entre lo público y lo privado, que permite a las Administraciones trabajar con startups para resolver problemas públicos utilizando las nuevas tecnologías y los datos.

También queríamos preguntarte, ¿cómo crees tú que las Administraciones Públicas le pueden dar la vuelta a esa “mala fama” que suelen tener? ¿Cómo pueden recuperar la confianza de la ciudadanía?

En la OECD existe una preocupación real sobre este tema. Por una parte, está la tecnología, que como hemos dicho, tiene sus partes buenas de acercar a la ciudadanía a las Administraciones, pero también crea riesgo de exclusión.

Por otra parte, está el factor de regularizar las redes sociales para evitar la desinformación y la polarización que los algoritmos pueden generar, ya que estas herramientas polarizan el debate político y matan la capacidad de lograr consensos y la capacidad de moderación, que es una parte fundamental del debate democrático. Cada persona puede tener diferentes opiniones, pero hay un espacio en el cual se pueden lograr consensos para avanzar.

En la OECD, además, hemos hecho una encuesta llamada “Trust Survey” con todos los países que pertenecen a la organización, sobre qué determina la confianza en las instituciones. Y es que, muchas veces, la confianza no se mide en la capacidad de respuesta de los gobiernos a las necesidades de la gente en términos de provisión de servicios públicos, sino que, más bien, en la capacidad de ser más responsive. Otro tema es la calidad de la democracia. Hay una preocupación muy fuerte en todo el mundo porque hay una erosión general de la democracia, en su calidad y en su extensión.

A finales del año pasado, lanzamos la iniciativa, precisamente, para fortalecer la democracia. Tiene una vertiente muy fuerte sobre cómo manejar mejor la desinformación, que regulaciones son necesarias o todo el tema de la democracia digital o los derechos en el área digital.

Las respuestas no son fáciles, e igual ni existen, pero estamos viendo que hay un cambio de viento muy fuerte desde hace un par de años.

Y, por último, ¿cómo ves a Bizkaia en el panorama GovTech?

Pues, en la OECD estamos muy felices de asociarnos con Bizkaia y su proyecto, ya que es un programa bastante innovador a nivel internacional. No hay tantas experiencias como el ecosistema que habéis creado aquí que explore tantas vertientes: tenéis un programa de desafíos públicos en los cuales intervienen emprendimientos govtech, políticas públicas de despliegue como la compra pública para la innovación, un fondo de inversión para invertir en estas empresas, y, además, es glocal (está entre global y local). Es un ejemplo de lo que se puede hacer en otros países, Bizkaia está en la delantera.

Desde la OECD vamos a trabajar con Bizkaia para ver el tema de la transformación digital, pero también para estos temas que acabamos de comentar y para compartir un poco lo que hace Bizkaia a otros países. Incluso el Gobierno Nacional se podría inspirar en lo que se está haciendo ahí.

Bizkaia está a la vanguardia.

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