Brechas digitales

#Soul tech

08.03.2023

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Pablo Gallo

Es casi de ciencia ficción cómo hemos acelerado la digitalización en los últimos dos años. Ya no sorprende a nadie que la barrera digital-física se haya difuminado por completo, y nos balanceemos, sin darnos cuenta, entre el mundo online y el “real”.

LA CARA B DE NUESTRA COMODIDAD

¿Qué pasaría si de golpe y porrazo todos nuestros dispositivos digitales dejaran de funcionar?, ¿seríamos capaces de volver a la Guía Repsol para llegar a casa desde un lugar desconocido?, ¿buscaríamos en la enciclopedia todo lo que buscamos en Google? Volver a acostumbrarnos a todo lo que hacíamos de manera fácil con nuestros dispositivos, ahora nos llevaría mucho tiempo, frustración e incomprensión del porqué de este cambio.

Pues bien, esta es la realidad a la que se enfrentan miles de personas desde hace años y que, desde que empezó la pandemia, se ha visto acelerada. Un sentimiento de injusticia y de exclusión por haber experimentado un cambio brusco que les obliga a cambiar la manera en la que se relacionaban con la tecnología. De un día para otro, todo cambió. De repente todo era “100% online” - ¡Cómo si eso fuera una ventaja! - “Tu banca, online”, “Tu asistencia sanitaria, online”, “Tu asistencia en carretera, online” y un larguísimo etcétera.

Dispositivos y aplicaciones que, para quienes hemos crecido con ellos en la mano, nos parecen útiles, prácticos y fáciles de usar. Podemos verles las caras a nuestros familiares cada vez que queramos, ya no tenemos que esperar a que una carta llegue y enterarnos de las noticias con 4 días de retraso (aunque esto era mucho más emocionante). Podemos trabajar para Nueva York y vivir en Lanestosa. Elegir dónde vivir, un lujo que debería estar al alcance de todos y todas.

UN PASO HACIA DELANTE, ¿TRES HACIA ATRÁS?

Cuando nuestra vida ya no conocía barreras entre lo online y lo físico va y pega un boom la realidad aumentada, ¿quién no cazó algún Pokémon por la ría? Y cuando ya se nos pasó la fiebre y nos acostumbramos a vivir con la realidad aumentada, aparece el metaverso, un nuevo concepto que promete ser la siguiente generación de Internet, una experiencia inmersiva y multisensorial a través del uso de dispositivos y desarrollos tecnológicos.

Algo a los que nos acostumbraremos rápido y lo acogeremos como un tipo de experiencia más dentro de nuestras vidas (si no lo hemos hecho ya). Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Corremos el grandísimo riesgo de abrir aún más la brecha digital. Si no lo hacemos bien, el potencial unificador que tiene el metaverso, en el que puedes reunirte con quién quieras, puede convertirse en la siguiente pesadilla de todas las personas que no tienen acceso a la tecnología necesaria o que no tienen el conocimiento para poder usarla.

DETENERSE A MIRAR DESDE OTRAS LENTES

Para quienes ya tenemos un cierto nivel de acogida y coqueteamos con las nuevas tecnologías casi por defecto, es fácil entender cómo funcionan y sacarles partido, pero tenemos que sacar la cabeza del ombligo. Existen muchas personas para las que una tecnología nueva supone un grandísimo esfuerzo si estas no se diseñan desde la accesibilidad. “Soy mayor, no idiota”, una reivindicación liderada por Carlos San Juan de Laorden, que llegó a recoger más de 350.000 firmas en la plataforma Change.org, y abrió el debate sobre el cierre de sucursales bancarias, pero que afecta a todos los ámbitos que se digitalizan dejando de convivir con una alternativa física. Movimientos que nos dan un zasca en toda la cara a quienes trabajamos en estas cuestiones. La aclamada digitalización no está contemplando otro tipo de necesidades, en este caso de personas mayores pero extrapolable a muchas otras, que lejos de ser cubiertas se están quedando al descubierto.

Esta brecha, que a veces la entendemos como generacional, casi un efecto secundario de “lo nuevo” relegando a “lo viejo”, es también una brecha social. Si no tengo acceso a un ordenador y no puedo permitirme el gasto fijo de internet, no puedo conectarme a las clases online y si no puedo conectarme a las clases online, puede que pierda la beca para estudiar. Una gran bola de nieve que está arrastrando a muchas personas, y esto es solo un ejemplo.

El acceso a la tecnología, este prisma que tanto nos cuesta ver a quienes trabajamos en una oficina con un ordenador como una herramienta básica. Así es fácil pensar que la brecha es estrecha, una rajita que no escuece, y que cada familia debe tener (la manía de normalizar nuestra limitada realidad) uno o dos ordenadores en casa, una tableta e internet de alta velocidad para conectarnos. Sin embargo, la pandemia nos ha enseñado cómo aún queda mucho por hacer para que todas y todos tengamos acceso a dispositivos tecnológicos e internet en todas las áreas de la región.

CERRANDO BRECHAS Y ABRIENDO CAMINOS

Estamos avanzando para hacer que esto ocurra, despacito pero con paso firme como se abren los caminos largos. Todas las áreas del territorio, sobre todo los rincones más rurales, se beneficiarán de una inversión de 10 millones de euros para impulsar la extensión de internet de última generación. Para la Diputación Foral de Bizkaia es importante garantizar estas infraestructuras para intentar que todas y todos tengan las mismas posibilidades de acceso.

Es necesario esfuerzo, planes e inversión para cerrar estas brechas, aún quedan muchas personas que quieren y deben poder quedarse en sus pueblos y en su comercio local. Igual que tenemos acceso público a la sanidad y a la educación, internet y la tecnología se están convirtiendo en algo imprescindibles si no nos queremos quedar atrás, por lo que es importante (y urgente) que todas las personas que quieran puedan estar conectadas.

Debemos de ser capaces de crear experiencias digitales accesibles utilizando dispositivos adaptados y seguros. Si las personas mayores están aprendiendo a utilizar una tableta para hacer una videollamada con sus seres queridos ¿cómo no vamos a ser nosotras y nosotros capaces de diseñar todas las experiencias digitales sobre pilares fundamentales como son la accesibilidad y la inclusión? Al mismo tiempo, debemos enseñarles a relacionarse con la tecnología de una manera segura para evitar posibles problemas de privacidad, ataques o robos informáticos.

EXPLORAR CON LAS PERSONAS Y EL PLANETA EN MENTE

El futuro está por hacer, y todo lo que seamos capaces de imaginar ahora seremos capaces de desarrollarlo. Y tenemos que intentar diseñar un futuro donde los canales de siempre y los nuevos se complementan entre sí para dar la mejor experiencia posible para cada momento y persona. ¿Y si la misma TV donde la amona ve las pelis del oeste le sirviese para hablar cara a cara con el personal del banco? ¿O si su móvil adaptado tuviese un botón para contactar con asistencia médica? Lograríamos un doble beneficio; por un lado, a estas personas no les costaría tanto trabajo acostumbrarse a una nueva funcionalidad porque ya conocen cómo funciona. Y por otro, reaprovecharíamos, sin generar más desechos electrónicos, algo nocivo para el planeta que podemos minimizar si actuamos con una mentalidad sostenible.

Debemos tener una mirada crítica e inclusiva. Si no te subes al carro, a veces no es solo porque no quieras o porque creas que “el pasado siempre fue mejor”. Pues no. Como decía William Gibson, “el futuro está aquí, lo que pasa es que no está distribuido de manera equitativa”, a veces simplemente nos dejan en el banquillo y no podemos ni salir al campo a jugar. El tiempo no se detiene, pero a veces debería hacerlo para ayudar a subir al carro a todas estas personas que la velocidad no se lo permite.

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