¿Por qué funcionan las cosas?

#Soul tech

20.02.2023

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Juan Roller (Estudio Perkins)

Ilustrazioa: Juan Roller (Estudio Perkins)

La diferencia entre el éxito y el fracaso de un proyecto se esconde en una caja negra que hoy vamos a abrir.

Una pregunta tan sencilla como aterradora. ¿Por qué funciona lo que realmente funciona? La verdad es que es algo que nos hemos estado preguntando desde el inicio de los tiempos. Desde que alguien frotó dos piedras y saltó una chispa. Nos gusta saber, eso es así. Tenemos ese espíritu de cuando éramos pequeños, ese que nos hacía destripar un reloj para saber cómo funcionaba aquel mecanismo. Dicen que a medida que crecemos esa curiosidad, ese querer saberlo todo, queda un poco en el olvido. Nosotros nos resistimos a creerlo.

LIDERAR EQUIPOS, ENTENDER A LAS PERSONAS

Sí. Definitivamente el ser humano es muy de abrir cajas negras para saber lo que pasa en ellas. Algunas, tienen gatos de Schrödinger, otras la partícula de Dios, y otras muchas, cosas un poco más triviales. Por qué funciona lo que funciona es una pregunta recurrente. Casi obsesiva en ocasiones. Como decía el bueno de Jimmy Fontana,

“Gira, il mondo gira, nello spazio senza fine”.

¿Pero qué es lo que lo hace girar?

Las ciencias lo han estudiado durante años, sobre todo las ciencias sociales, y han llegado a la conclusión de que lo que hace funcionar las cosas son las personas. ¿Cómo? Exactamente no lo sabemos, pero lo intuimos. Se han analizado los casos de las organizaciones más exitosas, de los proyectos más relevantes, y los resultados apuntan a que la clave es tener a las personas indicadas en el contexto idóneo. Personas que buscan colmar sus necesidades de forma individual. Pero no solo esas que Maslow nos contó en su famosa pirámide. También se han definido tres grandes necesidades que como seres humanos queremos alcanzar.

La primera de ellas es la de pasárnoslo bien. De disfrutar al máximo y divertirnos con lo que hacemos. La segunda es sentir que nos desarrollamos, que crecemos como personas cultural y emocionalmente. Escribió el psicólogo americano Howard Gardner que cuando una persona cree que sabe, envejece, pero cuando cree que aprende, rejuvenece. La necesidad de conocer, de prepararse para afrontar las tareas, es primordial. Y la tercera de esas necesidades es sentir que aportamos al mundo. Se la conoce como generatividad, y no es nada más que esas ganas de dejar algo aquí para cuando no estemos. Porque como dice el cómico Ignatius Farray, la vida es un periodo de luz muy breve entre dos grandes periodos de oscuridad. En realidad, la vida es lo extraordinario. Por eso, el ser humano se preocupa de trascender, de dejar un legado aquí. ¿Brilla un pelín más el mundo por mi paso? ¿o acaso lo he hecho más oscuro? Dejar legado es una necesidad.

UNA PARA TODAS Y TODAS PARA EL BIG SCIENCE

Vale, el éxito está en las personas, pero cuando afirmamos esto, lo hacemos en plural. Somos animales gregarios, crear sociedad está grabado a fuego en nuestro instinto de supervivencia. Es el pertenecer a la tribu lo que ha evitado que nos extingamos. Eso, y que todavía no nos han puesto a prueba con un buen meteorito, porque solo hay que ver la película Don’t look up.

A las personas nos gusta vivir en sociedad, bueno, a algunas más que a otras. Sabemos que el éxito, si hay algo que se pueda definir como tal, solo se alcanza en grupo. En ciencia también, es lo que llevamos años llamando Big Science. La historia está salpicada de ejemplos de esto que hablamos. Grandes proyectos como el desarrollo de la bomba atómica, el poner un ser humano en la Luna, o hasta el más reciente acelerador de partículas del CERN. Todos ellos nos han enseñado que uno más uno son una multitud. Cuando todos los agentes presentes en el sistema, tanto públicos como privados, participan a la vez, de una manera ordenada y sin segregar esfuerzos, los resultados son mucho más eficientes. Escuelas, universidades, centros de desarrollo tecnológico, startups y empresas, todos remando en la misma dirección. Esa es la clave.

EMOCIÓN E INTELECTO

Efectivamente, tenemos el elemento principal de la receta: las personas. Personas que tienen unas necesidades de desarrollo y que se relacionan grupalmente para alcanzar un objetivo común. Pero entonces, ¿por qué a veces esto no funciona? No es que no funcione, es que eso solo no basta.

Precisamente, el elemento principal de la receta es terriblemente volátil. Estamos hablando de gente que tiene sentimientos y que se relaciona a través de ellos. Decía Ortega y Gasset

“Yo soy yo y mis circunstancias”.

Pues eso, a la hora de relacionarnos esas circunstancias se multiplican exponencialmente.

En una charla TED en la que el público eran directivos de las principales compañías mundiales, se preguntó cuántos de ellos habían sido la mejor nota de su promoción. De un auditorio repleto, levantaron la mano una decena de personas. Esto deja claro que las habilidades intelectuales no son suficientes para alcanzar el éxito. De hecho, el psicólogo estadounidense Daniel Goleman afirma que el éxito de una persona se puede cuantificar en un 30% capacidad intelectual y otro 70% inteligencia emocional.

Es la manera de organizarse de las personas junto con sus capacidades, tanto intelectuales como emocionales, lo que hace que los proyectos funcionen. Un día le pidieron a Ferrán Adriá que resumiera en una sola idea la clave del éxito, y va y suelta:

Son esos hilos invisibles e imperceptibles, en forma de relaciones, los que producen la magia.

OH CAPITÁN, MI CAPITÁN

Sin embargo, esa magia no se crea sola, debemos ayudarla. Tenemos que crear un ecosistema idóneo. Tradicionalmente los modelos de coparticipación definían que para que las cosas funcionasen, las organizaciones debían extraer valor de su participación. Ahora eso no es suficiente, ahora las personas también deben extraer ese valor, en forma de conocimiento, de relaciones, de descubrimiento de otras perspectivas, o de lo que sea.

Pero ese mecanismo necesita engrasarse, algo que lo haga funcionar. Es por lo que los proyectos precisan de líderes, capitanes y capitanas que guíen la nave. Y ojo, no decimos jefes y jefas, sino que hablamos de liderazgo. Nos referimos a esas personas que asumen guiar al resto, no solo por jerarquía, sino también de forma natural. Son estas últimas las más importantes. Personas que no necesitan mostrar galones en los hombros, sino que de forma innata son líderes. Gente que se moja, que participa, que sabe cuándo hace falta pasar la mano por la espalda a alguien y que, sobre todo, hace que el resto de las personas de la organización se sientan cómodas.

UN PUZLE DE MILLONES DE PIEZAS

Y entonces, tenemos sobre la mesa uno de esos puzles de paisajes con miles de piezas. De los que es casi imposible diferenciar una pieza de otra, pero que poco a poco va cogiendo forma. Tenemos a un colectivo, con un liderazgo compartido, donde la gente se siente a gusto. Donde las personas son tenidas en consideración, dejándoles que tomen decisiones y que tengan autonomía. Donde existe una idea a la que seguir, que empujan decididamente porque están viendo como esa idea cubre sus necesidades. Esas, no sé si lo recuerdas, de las que hablamos al principio. Sí, se están divirtiendo con lo que hacen, están desarrollándose como individuos, pero además, están construyendo algo en lo que creen, por lo que su paso por la vida no es inocuo, sino que deja huella.

Es en este preciso momento cuando las personas empiezan a dar lo mejor de ellas mismas. Empiezan a aportar al grupo, porque reciben mucho más, y literalmente empiezan a partirse el alma por lo que están construyendo. Se convierten auténticas embajadoras y embajadores de lo que hacen.

Y así, amigas y amigos, es la manera en la que los proyectos con éxito funcionan. Con piel, liderazgo compartido, escuchando más y hablando menos. Con esto y con un poco de suerte, que siempre viene bien.

Esta es la manera en la que se está abordando un proyecto tan ilusionante como Quantum Ecosystem. Un talento casi infinito, con una actitud desbordante de ilusión, partiéndose literalmente la cara por una idea. Como dijo el poeta japonés Ryunosuke Satoro

“individualmente somos una gota, juntos un océano”.

Seamos océano.

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