Ya nadie me toca el timbre

#Soul tech

16.06.2025 Tiempo de lectura: 5 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Paula García

Es el verano del 1985, el viento baila al ritmo de Everybody Wants to Rule the World de Tears for Fears. Josu me acaba de tocar el timbre, y después de pedirle permiso a mi ama, bajo a la calle a ver lo que me depara el día. Quizás jugaremos al fútbol, puede que nos compremos un paquete de pipas o nos escondamos detrás de un arbusto para ver si Ane y Andoni se besan por fin, que ya va siendo hora. Eso sí, una cosa es segura: cuando llegue la noche, miraremos las estrellas. Solo sabemos localizar la Osa Mayor, pero da igual; es el mejor momento del día.

Aunque ahora sea el verano del 2025, Josu y yo seguimos siendo amigos. De hecho, me acaba de escribir por Whatsapp para tomar un algo en el bar de siempre, hemos quedado a las 5. Nos encanta hacer los crucigramas que trae el periódico que suele estar en el bar, pero siempre acabamos buscando alguna palabra en Google, que, si no, es imposible terminarlo. También seguimos siendo muy cotillas, ¡las horas que nos echamos mirando el Instagram de las personas que solíamos conocer! Pero, aunque haya pasado mucho tiempo, hay algo que no ha cambiado: nos sigue encantando ver las estrellas. Ahora, sin embargo, con la ayuda de una aplicación, sabemos identificar dónde están Orión, Lyra y Tauro. A veces, hasta solemos ver a Venus, cosa que nos parece increíble. Parece que la Osa Mayor se nos ha quedado pequeña.

VIVIENDO EN AUTOMÁTICO

Con el paso del tiempo, la tecnología se ha ido adentrando en nuestro día a día poco a poco: al principio era a través de la radio y la televisión, después llegaron los teléfonos móviles, más tarde, el Internet doméstico, y con los smartphones y portátiles, toda nuestra rutina diaria dio un vuelco irreversible. La alarma nos suena en el móvil, desayunamos con las noticias puestas, vamos a trabajar en nuestro coche el GPS en marcha para ver si hay atascos por el camino, trabajamos en un ordenador mientras escuchamos música en Spotify y hacemos nuestras búsquedas en Google y en ChatGPT y, para descansar por la tarde, nos ponemos una peli que vemos mientras jugamos a algún jueguecito en el móvil. Y al día siguiente, repetimos.

Sin duda, la tecnología nos ha traído cosas buenísimas, nadie puede decir lo contrario. Pero ¿es necesario utilizar la cantidad de tecnología que utilizamos todos los días? ¿No la estaremos sobreutilizando?

HÁBLAME DE TI

La media global del uso de pantalla es de casi casi siete horas. Un día tiene 24. Eso quiere decir que nos pasamos casi un 30% del día mirando a una pantalla o a un dispositivo. Y si además restamos las horas que nos pasamos durmiendo, el día se nos queda corto.

Estar tanto tiempo mirando a un rectángulo brillante nos pasa factura de muchas maneras (por no decir la factura que le pasa al medio ambiente, como pudimos conocer en nuestro issue anterior), y no solo las evidentes como podrían ser la pérdida de vista, el aislamiento social o los trastornos de ansiedad y depresión, entre muchas otras cosas.

La capacidad de pensamiento es lo primero que suele venir a la cabeza. ¿Recuerdas la última vez que discutiste con alguien por más de dos minutos? La inmediatez de la información nos está cortando toda capacidad de discusión y conversación. ¿Estáis discutiendo sobre si el famoso asesino de El Silencio de los Corderos (1991) es interpretado por Anthony Hopkins o Anthony Perkins? Una pequeña búsqueda en Google y sabremos quién de los dos ha ganado. Y luego, a otra cosa.

En su libro Reclaiming Conversation (2015), la autora y profesora del MIT Sherry Turkle afirma que tener conversaciones significativas con nuestro entorno familiar, de amistad, de clase y de trabajo nos ayuda a desarrollar autoconocimiento, empatía y habilidades intelectuales. Como dice ella: “No es un libro anti-tecnología; es un libro a favor de la conversación. Podemos disfrutar y beneficiarnos de la tecnología sin renunciar a la conversación. E iría más allá: esto es lo que tenemos que aprender a hacer, porque la conversación es esencial para nuestra humanidad, para nuestra creatividad, nuestro trabajo y nuestra capacidad de vivir en familia”.

LA LEY DEL ESFUERZO MÍNIMO

Por otra parte, está el tema de la pereza. Vaya telita. Tener la información a dos segundos ya no nos satisface, de ahí nace la tendencia de sustituir los motores de búsqueda con la inteligencia artificial generativa.

Search Engine Land dice que los CTR (Click through rate, una métrica que calcula la cantidad de clics que recibe tu contenido/anuncio dividido entre la cantidad de veces que este se muestra) orgánicos y pagados de Google están en un mínimo histórico. Una de las causas de ello es el Google AI Overviews, que es la IA que te muestra la respuesta a tu pregunta de una manera inmediata. Por otra parte, cada vez más personas están usando la IA generativa (ChatGPT, por ejemplo) para encontrar respuestas a sus preguntas sin tener que hacer una búsqueda exhaustiva entre todos los enlaces que te ofrecen los motores de búsqueda.

Y ¿por qué puede esto suponer un problema? Pues, porque de esta manera no trabajamos en mejorar nuestro alfabetismo digital, que consta de la habilidad para localizar, analizar, organizar entender y evaluar información utilizando tecnología digital. Saber distinguir buenas fuentes de fuentes cuestionables, leer opiniones diferentes y entrenar nuestro pensamiento crítico vale mucho más que una respuesta rápida. Y no nos cuesta tanto, seamos realistas.

LEVANTA LA VISTA

Y es que, si la tecnología controla toda nuestra vida, la vida dejará de ser del todo nuestra. Es nuestro deber hacer el esfuerzo de buscar, analizar y rebuscar entre todas las herramientas que tenemos disponibles y hacer el mejor uso de ellas para tener una vida plena llena de opiniones, conversaciones y críticas.

Porque, aunque la tecnología sea una aliada imprescindible en nuestras vidas, podemos, sin duda alguna, prescindir de ella para relacionarnos con nuestra gente y con nuestro entorno. Intentemos encontrar la belleza de la Osa Mayor una vez más.

Y ahora que soy mayorcita para salir a la calle sin el permiso de mi ama, la próxima vez que quiera quedar con Josu no usaré Whatsapp: iré a tocarle el timbre.

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