Surcando las nubes

#Soul tech

16.03.2023 Tiempo de lectura: 8 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Gorka Gil

¿Nunca has querido navegar Internet a través de un mini tú? La promesa de un futuro metaverso hará que puedas crear un muñequito que haga las cosas por ti, con todo lo que eso conlleva, claro.

MIRA MAMÁ, ¡SOY YO!

Una de las experiencias que nos va a aportar el metaverso es el de tener un “yo” pequeñito que vive en la nube y se llama “avatar”. Y no, antes de que preguntes, no hablamos de los personajes azules de la película de James Cameron, sino de las proyecciones de nosotros y nosotras mismas en un espacio virtual, un cuerpo digital al que acompañaremos con nuestra voz, sentido y cabeza. Pero… un avatar no es algo exclusivo que nos va a traer el metaverso.

Podemos encontrarnos con estas proyecciones por todas partes, y los RPG (Role Playing Games), videojuegos en los que pretendes ser alguien para crear una historia como el World of Warcraft, el reciente y aclamado Elden Ring o el Grand Theft Auto V son un ejemplo claro de esto; ¿nunca has jugado a ser un millonario con un cochazo que vive de robar bancos con sus colegas?

Las redes sociales también han sido un espacio donde a través de una cuenta hemos podido proyectar quienes somos (o más bien como nos gustaría presentarnos ante el mundo), por no hablar de quien no somos, que también ha sido tendencia de la mano de algún y alguna experta en hacer catfishing (pretender ser alguien que no eres) en Tinder.

Pero esto es distinto. Como dijo Zuckerberg en su momento, “eres parte de la experiencia, no estás viéndola desde fuera”, y, por ende, es una experiencia mucho más inmersiva que todas las anteriores. Nuestro avatar será la representación de todo lo que somos en la vida real, en lo bueno y en lo malo.

COMO SI LA BRUJA DE BLANCANIEVES TUVIESE ACCESO A INTERNET

El fraude basado en la identidad es un fenómeno que ha ido aumentando al mismo tiempo que la tecnología ha ido avanzando. Con cada plataforma nueva creada para el bien de todo el mundo salían nuevas maneras (muy creativas, por cierto) de engañar a alguien indefenso, empezando por cuentas que se hacían pasar por Mario Vaquerizo en Twitter y siguiendo por un chaval de Huelva que te abre un MD (mensaje directo) para decirte que es Madonna y que necesita un par de euros porque se ha perdido por las calles de Beverly Hills.

Un factor grande a tener en cuenta es el de los NFTs y las criptomonedas, que al volverse mainstream y abrirse al público masivo en el 2021, recibieron una inversión de más de 3.000 millones de dólares, según dice Fortune. Al ser una de las monedas de cambio del metaverso, este tipo de fraude podría convertirse en centro de atención. Forbes habla de un fenómeno llamado “crypto influencer fraud” donde afirman que pasarse por alguien para conseguir un beneficio monetario está a la orden del día y que es algo que debería preocupar a los futuros usuarios y usuarias del metaverso. Quienes siguen a Elon Musk y Bill Gates ya han vivido este tipo de fraude, donde hackearon sus cuentas de Twitter para contarles a sus followers que era hora de devolverles el favor y que doblarían todos los pagos efectuados a su dirección BTL (el wallet de Bitcoin). Parece algo que harían los buenos de Elon y Bill, ¿verdad?

SI ME QUITO LAS GAFAS ES QUE NO EXISTE

Otra problemática de la identidad en el metaverso se produce por la falta de conexión entre el avatar y la persona que está detrás de este. Y es que, mucha gente cree que lo que pasa en el universo virtual no tiene nada que ver con la realidad. Que, por ser un mundo de píxeles, pueden hacer todo lo que no pueden hacer en la vida real como en la serie de HBO Westworld.

Este es el caso del odio que se produce en Internet, el odio por parte de esas personas que se esconden detrás de un avatar. Los discursos de odio, acompañados por comentarios racistas, homófobos, xenófobos y antireligiosos son los causantes de estos problemas que afectan a mucha gente dentro y fuera del universo virtual. El Cyberbullying Research Center afirma que este tipo de violencia puede ocurrir de dos maneras en el metaverso. La primera tiene que ver con el avatar (y por la persona que está detrás, claro), que puede sufrir insultos verbales o textuales por su manera de ser, vestir o hablar. La segunda manera la constituyen unos gestos más sutiles, pero no menos importantes; gestos como el blackface (cambiar el color de piel del avatar para deshumanizar a otro individuo) o llevar ropa con eslóganes ofensivos que pueden hacer daño e incluso generar traumas entre los usuarios y usuarias.

mucha gente cree que lo que pasa en el universo virtual no tiene nada que ver con la realidad. Que, por ser un mundo de píxeles, pueden hacer todo lo que no pueden hacer en la vida real como en la serie de HBO Westworld.

También es el caso de Nina Jane Patel, una mujer que fue víctima de abuso sexual dentro de la red social Horizon Worlds de Meta. Describió cómo varios avatares masculinos la manosearon, agredieron e hicieron fotos sin su consentimiento en una experiencia que categoriza como “surrealista y sacada de una pesadilla”. Después de compartir su experiencia, cuenta que muchos de los comentarios que recibió eran del mismo estilo, comentarios que decían que no había sido real, que solo tenía que quitarse las gafas para evitarlo y que quería llamar la atención.

UN GLOW-UP VIRTUAL

Al escribir este punto nos hemos dado cuenta de que, aunque no siga las normas establecidas por la RAE, nos parecía necesario incluir a las personas no-binarias en nuestra conversación.

Aun así, si miramos el lado bueno podemos encontrar varias razones para argumentar a favor de estas tecnologías, y en este caso, a favor de tener una personita virtual que responde por tu “yo” físico. Una de ellas es la conformidad contigo misme. La orientación sexual y la identidad de género son uno de los temas más candentes últimamente, y no sin razón, ya que cada vez hay más gente que se siente libre para expresarse como es. Una de las cosas que puede ofrecerle el mundo online a la gente que no encuentra su camino, no se siente conforme con su cuerpo, siente disforia de género, no tiene libertad de ser quien es (por temas de religión o política) o simplemente quiere experimentar otra manera de sentir es poder disfrutar libremente de ser esa persona que siempre han soñado ser a través de un avatar. Ser quienes quieren ser sin la barrera de un cuerpo físico. Y es que, un estudio del International Journal of Environmental Research and Public Health revela que la juventud (11-22 años) que no se identifica con su género asignado piensa que utilizar un avatar es beneficioso y terapéutico para su salud mental, ya que es una manera de testear su conformidad antes de hacerlo en la vida real.

Cada vez hay más gente que se siente libre para expresarse como es

Hay muchas compañías que están muy comprometidas con hacer que el universo online y específicamente el metaverso, sea una experiencia grata para la gente de la que acabamos de hablar, ¡hasta los Sims 4 han puesto la opción de incluir pronombres en sus personajes! Daz 3D con su colección “Non Fungible People” y Nyx con su colección del Orgullo 2022 son un ejemplo de esta creación inclusiva de avatares en forma de NFT. Cada uno ayudó en la creación de más de 8.000 avatares que incluían figuras femeninas, no-binarias, de diferentes etnias, diferentes culturas, edades y discapacidades.

Además, las plataformas del metaverso no suelen poner límites a la creatividad de la gente y, por ello, cada une es libre de ser quien es a través de la pantalla, probando con cosas que puede que no hayan probado nunca en la vida real. De experimentar va la cosa, ¿verdad?

MÁS ALLÁ DE UN CUERPO FÍSICO

El avatar es una manera de dar movilidad a toda esa gente que sufre complicaciones en su día a día. Y es que a veces, la edad o la discapacidad pueden llegar a ser factores que limitan a las personas a la hora de disfrutar de la libertad por sí mismas. Ahí es donde entra el metaverso.

En el caso de estos colectivos, su avatar podría llevarlos al médico, a visitar a aquellas personas que no han visto en años, a ayudarles a combatir la soledad, acompañarlos a viajes que por limitaciones de su cuerpo físico no podrían hacer, a conocer a gente con sus mismas limitaciones e incluso a encontrar el amor, formar una familia. Vamos, que si puedes tener una mascota virtual también podrás tener una parejota virtual, ¿no?

EN BUSCA DE UN UNIVERSO DIVERSO (Y LIBRE)

Podemos concluir que la educación juega un rol muy importante en la implantación de la identidad en el metaverso. Y es que, desde que nacimos nos enseñan a no insultar a la gente por la calle, a no poner motes desagradables y a sentir un poco de empatía cuando alguien no se encuentra bien o es diferente a los demás. ¡Ah! Y a no hacer ghosting también, que es importante.

¿Por qué eso cambia en cuanto tocamos un dispositivo electrónico?

Aunque Meta haya empezado a experimentar con algunos prototipos de seguridad como el Personal Boundary (los demás avatares no se puedan acercar a ti a menos de una distancia determinada) y el Safe Zone (una zona que te permitirá estar a solas para silenciar, bloquear o huir), las medidas tomadas nunca serán suficientes si las personas detrás del avatar siguen sin saber cómo relacionarse con otras personas, que aunque parezca que no, son estas las que hablan, actúan y lo más importante, sienten. Toda acción tiene su consecuencia, y estas siguen ahí después de deshacerse de las gafas.

Por eso tenemos que aprender a comportarnos, empezar de cero otra vez, como si fuéramos un recién nacido. Sin embargo, esta vez, en vez de aprender a decir mamá o papá, vamos a aprender a tratar equitativamente a los demás, a respetar, a no cometer ciber-crímenes, a informarnos antes de hablar y lo más importante, a surcar las nubes como siempre hemos querido ser: orgullosos, orgullosas y orgulloses.

Sigamos el camino de nuestro pequeño “yo” en busca de esa libertad que tanto queremos tener.

El avatar es una manera de dar movilidad a toda esa gente que sufre complicaciones en su día a día. Y es que a veces, la edad o la discapacidad pueden llegar a ser factores que limitan a las personas a la hora de disfrutar de la libertad por sí mismas.

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