Mensajes cifrados: juegos matemáticos en la literatura

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04.12.2024 Tiempo de lectura: 7 minutos

Marta Macho Stadler

Ilustración: Laura Arrue

Las matemáticas están muy presentes en nuestro día a día. En el ámbito tecnológico sirven, entre otros, para fundamentar los códigos criptográficos que usan muchas herramientas digitales. La literatura tampoco se olvida de ellas. ¿Combinamos criptografía y literatura?

JUGAR Y CODIFICAR, TODO ES EMPEZAR

Actualmente, la criptografía es una materia que se imparte en muchos grados y másteres universitarios. En las asignaturas que incluyen esta disciplina, se estudian herramientas teóricas que permiten que la información pueda transmitirse de forma fiable y segura.

Los mensajes cifrados se utilizan en ámbitos tan dispares como el mundo del espionaje o las transacciones comerciales. Pero también constituyen un extraordinario reto intelectual para quien quiera “jugar” con ellos. La literatura contiene preciosos ejemplos de mensajes en clave que estructuran el argumento de algunos relatos. Damos dos ejemplos de ello.

LOS BAILARINES: UN CRIPTOGRAMA EN UN RELATO DE MISTERIO

Sherlock Holmes, el famoso detective creado por Arthur Conan Doyle (1859-1930), era conocido por sus grandes capacidades deductivas. Tenía una “mente matemática”. En su relato corto Los bailarines, el investigador utiliza, además, sus dotes como criptógrafo.

En esta aventura, Hilton Cubitt pide ayuda a Holmes para aclarar un enigma relacionado con su esposa: Elsie se encuentra angustiada desde que recibe unos extraños mensajes. En ellos no hay palabras, solo monigotes con piernas y brazos colocados en distintas posiciones, que a veces llevan banderines y, en algunas ocasiones, están colocados boca abajo. Holmes explica:

Estos jeroglíficos tienen sin duda un sentido. Si se trata de una cosa puramente arbitraria, quizá nos sea imposible descifrarlo; pero si estamos ante una cosa sistemática, llegaremos sin duda al fondo del asunto.

Holmes comienza su pesquisa estudiando la frecuencia de aparición de cada símbolo (cada monigote) en los mensajes que recibe Elsie y la compara con la frecuencia de uso de las letras en inglés.

Una vez convencido de que cada símbolo de esos equivale a una letra, y aplicando al caso las reglas por las que nos guiamos para descifrar toda clase de escrituras secretas, la solución resulta bastante fácil.

El detective empieza fijando el símbolo más repetido, que debe corresponder a la letra E, la más frecuente en textos escritos en inglés. Guiándose, además, por el contexto, por la corrección gramatical y por el sentido común, Holmes consigue descubrir la clave escondida en los criptogramas.

De hecho, este “alfabeto” formado por “bailarines” era una invención de Patrick, el padre de Elsie y cabecilla de una banda de delincuentes. Esta manera de escribir le ayudaba a enviar avisos a su pandilla. Al parecer un simple juego, estos mensajes pasaban desapercibidos para cualquier persona que desconociera la clave.

A pesar de conseguir averiguar la clave, Holmes no logra evitar el asesinato de su cliente, Hilton Cubitt. Aunque logra desenmascarar al asesino. Conocedor como ya era del código escondido, envía un mensaje en el alfabeto de “bailarines” simulando que lo remite Elsie…

LA JANGADA: UN CRIPTOGRAMA EN UNA NOVELA DE AVENTURAS

La Jangada. Ochocientas leguas por el Amazonas es una novela de aventuras y suspense de Jules Verne (1828-1905).

La historia transcurre en 1852. Joam Garral es un hombre de origen brasileño, propietario de una próspera hacienda en Iquitos (Perú). Es padre de Benito y Minha. La hija se va a casar con el mejor amigo de Benito, Manuel Valdez en Belém (Brasil). Garral decide transportar al séquito de familiares y sirvientes a bordo de una jangada, una balsa de grandes dimensiones que navega hacia el litoral atlántico de Brasil a través del río Amazonas. Deben recorrer ochocientas leguas a lo largo del río para celebrar el matrimonio.

Pero Garral esconde un secreto: es un prófugo de la justicia brasileña. Muchos años atrás había sido falsamente acusado de robo y asesinato. Debió huir de Brasil para evitar un castigo injusto: la condena a muerte por un delito que no había cometido. Al llegar a Manaos, Torres, un siniestro personaje, chantajea a Garral: no le delatará a cambio de casarse con Minha. Garral no accede a someterse a Torres y es detenido por la justicia y condenado a muerte.

Pero Torres posee un documento cifrado con la confesión del verdadero asesino. Ese manuscrito utiliza el llamado “cifrado de Gronsfeld”, mucho más complicado que el que utiliza Conan Doyle en su relato; el de “Los bailarines” es un cifrado por sustitución donde cada carácter del texto original se sustituye por otro elegido en el escrito codificado. Sin embargo, el de “La Jangada” es un cifrado polialfabético, es decir, cada símbolo no se reemplaza siempre por el mismo carácter. Además, utiliza una clave numérica para codificar y decodificar. Veamos un ejemplo. Fijemos en primer lugar el alfabeto original de 26 letras con el que vamos a trabajar:

ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ

Supongamos que el mensaje que queremos enviar es:

BIZKAIATECH MAGAZINE

Con la clave 12345. El mensaje encriptado quedaría:

CKCOFJCWIHI ODKFAKQI

¿Cómo se obtiene? Bajo el texto a encriptar se coloca la clave (un dígito por cada letra) repetida tantas veces como sea preciso. El mensaje encriptado se obtiene reemplazando cada letra original por la que corresponde al desplazarse (hacia la derecha en el alfabeto fijado) tantas posiciones como indica el dígito bajo esa letra:

B I Z K A I A T E C H M A G A Z I N E

1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4

C K C O F J C W I H I O D K F A K Q I

Es decir, como se observa en la tabla, B+1=C, I+2=K, Z+3=C, etc. Para descifrar el mensaje, basta con realizar el proceso inverso: en el mensaje codificado, cada letra se reemplaza por la que corresponde al desplazarse (hacia la izquierda) en el alfabeto tantas posiciones como el dígito bajo esa letra: C-1=B, K-2=I, C-3=W, etc.

La Jangada comienza con un mensaje cifrado, el último párrafo de un texto en clave de cien líneas (que no se incluye en la novela) que esconde la confesión de un hombre llamado Ortega, el verdadero autor del delito del que se acusaba a Garral.

Ch n y i s g e g g p d z x q x e h ñ u q g p g c h n q y e l e o c r u h x b f i d x h u m ñ d y r f i ll r x v q o e d h r u y v h c h v e t ll x e e c r f n g r o b p b g r ñ i u l h r g r ll d q r j i e h ñ z g m ñ x c h b f t t g c h h o i s r h h ñ m ll r l r e m f p y r u b f l q x g d t h ll v o t f v m y c r e d g r u z b l q ll x y u d p h o z f f s p f i ñ d h r c q v h v x g d p v s b g o n l x h t fe n c h h ñ u ll h e g p c h t n e d f q j p ll v v x b f l l r o c h f n h l u z s l y r f m b o e p v m ñ r c r u t ll r u y g o p c h ll u ñ t d r q o k o f u n d f i s r q r ñ g s h s u v i h d.*

Cuando Garral es apresado en Manaos, el juez Jarríquez, encargado de su defensa, intenta descifrar el contenido del mensaje usando diferentes métodos. Pero sus intentos son infructuosos. Casi en el último momento, un nombre le llega, el de «Ortega», como posible firmante del mensaje encriptado. Gracias a ese descubrimiento, el juez consigue encontrar la clave y utiliza el método Gronsfeld (aunque sin nombrarlo, tan solo lo describe) para descifrar el mensaje escondido:

El verdadero autor del robo de los diamantes y del asesinato de los soldados que escoltaban el convoy, cometido en la noche del veinte y dos de enero de mil ochocientos veinte y séis, no es pues Joam Dacosta, injustamente condenado a muerte; soy yo, el miserable empleado de la Administración del Distrito de Diamantes; sí, solo yo, que firma con mi nombre real, Ortega.

Gracias al descubrimiento, Garral (cuyo verdadero apellido era Dacosta) se libra de la horca, y la historia termina con final feliz.

USANDO LA TECNOLOGÍA PARA CODIFICAR Y DECODIFICAR

Existen muchas páginas online que ayudan a codificar y decodificar usando diferentes sistemas de cifrado. Mi favorita es la página code en la que he testado en varias ocasiones el método Gronsfeld con diferentes alfabetos y claves. Aunque es más divertido hacerlo a mano siempre que el mensaje a codificar no sea demasiado largo…

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