Internet no son chispitas en el aire

#Pure tech

21.02.2024 Tiempo de lectura: 7 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Kike Infame

Es un día cualquiera por la mañana, un lunes. Sorprendentemente, la alarma no ha sonado. “¿Se me habrá apagado el móvil? ¿Qué hora es?”. Te levantas sin saber ni dónde estás, y es cuando abres los ojos, cuando te das cuenta de que realmente no sabes dónde estás. Has viajado en el tiempo, quién sabe por qué. Estás en una época medieval, se respira en el ambiente.

No sabes dónde está tu familia, echas de menos tus tostadas de mermelada mañaneras, no puedes salir a tomarte una kaña con tu kuadrilla y no tienes acceso a Internet. Internet… sí, esa podría ser tu salvación. Si tan solo pudieses contactar con alguien conocido para que te sacase de ahí… Pero claro, ¿cómo haces para construir “un Internet”? De hecho, pensándolo mejor, ni sabes lo que es ni cómo funciona… Hasta ahora, Internet ha sido algo que siempre ha estado ahí, que has utilizado todos los días a todas horas, pero claro, lo único que tenías que hacer era contratar un servicio con tu empresa de confianza e ir a por el rúter. A veces, hasta te lo traían a casa…

No eres la única persona que no sabe cómo funciona Internet, casi todo el mundo está en las mismas. Parece que funciona por arte de magia, que a tu ordenador solo le hace falta decir “Artxila Mortxila” para poder teletrabajar. Solemos pensar en ello como chispitas en el aire que hacen que el móvil pueda reproducir música, subir fotos a Instagram o abrir las noticias del día. Y aunque un mago nunca revela sus trucos, hoy lo vamos a hacer, ya que Internet, trata de todo menos de magia.

VOLVAMOS A VIAJAR EN EL TIEMPO…

Y es que, aunque ARPANET (1969), la red de comunicaciones financiada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, no fuese muy mágico, fue el precursor de la mayor red de comunicación en la historia de la humanidad: nuestro querido Internet. Esta red que conectaba diferentes computadoras consiguió diferenciarse de la comunicación telefónica (que era la mayor manera de comunicarse en esa época) por su sistema de transmisión de datos llamado conmutación de paquetes.

Este sistema conseguía dividir la información en pequeños paquetes que contenían una parte de la información que se quería mandar, además del origen y el destino de dicha información. Utilizando esto último, los rúters sabían dónde tenían que mandar los datos, y los mandaban a través de cables, principalmente a través de líneas telefónicas y líneas especializadas en transmisión de datos. En cuanto llegaban, ya en la computadora receptora, se reagrupaban para recuperar los datos completos.

Aunque ha llovido mucho desde entonces y la tecnología ha evolucionado a pasos agigantados en todos los aspectos imaginables, el Internet que hoy conocemos y tanto queremos sigue los mismos principios que hace 54 años. Y es que, esencialmente, Internet es un medio intangible formado por varios ordenadores conectados por cables que funcionan intercambiando información entre ellos. No es ni una web, ni una app, ni una nube, ni un superordenador loquísimo que haga magia.

UNA RED MÁS MODERNITA

La base de mandar información de un punto a otro se sigue manteniendo, pero hay muchos, muchísimos cambios. Uno de esos cambios es el implemento del conjunto de protocolos TCP/IP (muchas siglas, somos conscientes). Empecemos por explicar qué es un protocolo (en este contexto): es un estándar de comunicaciones, un conjunto de reglas que definen cómo deben comunicarse los dispositivos entre sí. Establecen el formato de los mensajes, la secuencia de intercambio de información y los procedimientos de inicio y finalización de la comunicación, entre otras cosas.

Ahora bien, teniendo eso claro, podemos empezar con el Protocolo de Control de Transmisión, más conocido como protocolo TCP. Es uno de los pilares del Internet de hoy en día y fue creado por Vinton Cerf y Robert Kahn (considerados padres de Internet) entre los años 1973 y 1974. Su objetivo es simple: la información que se transmite por los cables viaja en paquetitos, y el protocolo TCP se ocupa de crear esas bolsitas de información y ponerlas en orden en cuanto llegan a su destino.

El protocolo IP (Protocolo de Internet), que también fue creado por los dos protagonistas mencionados, asegura que la información llegue al destino correcto. Consigue esta hazaña a través de la dirección IP, que es una serie de números (y, en algunos casos, letras) que identifica cada dispositivo que tiene acceso a Internet. Es como si cada dispositivo tuviese su matrícula (y cuidado, que de esta manera también te pueden caer “multas”). Existen dos versiones principales de direcciones IP: IPv4 (Protocolo de Internet versión 4) e IPv6 (Protocolo de Internet versión 6).

La primera, es la versión más antigua, y está compuesta por una serie de números divididos por cuatro puntos (ejemplo: 192.168.0.1). Cada conjunto de números va desde el 0 al 225, lo cual significa que, tras el aumento exponencial de dispositivos conectados a Internet en los últimos años, se quedaba un poco limitado. Por esta razón llegó el IPv6, una versión mucho más nueva que no solo está compuesta por números, sino que también tiene letras (ejemplo: 2001:0db8:85a3:0000:0000:8a2e:0370:7334).

Ahora que sabemos que Internet funciona a través de unas reglas básicas, mandando información a un dispositivo en concreto y en paquetitos pequeños, exactamente igual que en un esquema de comunicación clásico (emisor-mensaje-receptor), vamos a entrar en el viaje que hacen estos datos.

¿VIAJAN EN ESCOBA?

Hoy en día, Internet no es una estructura que cabe en un solo folio como lo solía ser en 1973. Por ello, el viaje que tienen que hacer los datos para llegar a sus destinos no es precisamente corto. Los datos, viajan por cables; sin embargo, ya no son cables de telefonía, han recibido un upgrade importante: se trata de unos cables de fibra de vidrio cubiertos por plástico grueso, conocida como fibra óptica.

Estos cables tienen conexiones en todo el planeta, con casi 1,4 millones kilómetros de extensión (Telegeography, 2023) entre todos. Sí, sí, no te ha fallado la vista, 1,4 millones kilómetros divididos en 552 cables en total. Algunos cables son cortitos, otros muy, pero que muy largos, el más largo siendo el sistema de cables “Asia-America Gateway”, con alrededor de 20.000 kilómetros de longitud. Puede que Internet parezca magia porque el 98% del tráfico internacional de Internet viaja por cables subterráneos, y aunque sea una infraestructura masiva, está bastante bien escondida.

Si hablamos del viaje, deberíamos hablar también del destino: los servidores. Son los dispositivos que están al final de cada cable del que hemos estado hablando. Estos servidores repartidos por todo el mundo, funcionan 24h, 365 días al año, y son, básicamente, los que cumplen todas tus órdenes. Publicar una foto, entrar en una página web, ver una película en Netflix o cualquier otra cosa son posibles gracias a estos sistemas. Muchas veces las empresas que funcionan a través de Internet (redes sociales, plataformas de streaming, tiendas de ropa etc.) suelen tener sus propios servidores que respondan a las necesidades de su clientela, pero también se ofrecen servicios en la nube (que no dejan de ser servidores, pero en remoto), donde no hace falta que tengas un megaordenador y puedas acceder a los datos a través de la red. Un poco metainternet todo esto.

JUNTEMOS LOS INGREDIENTES PARA CREAR LA POCIÓN MÁGICA

¡Ya hemos completado el viaje! No te preocupes, te vamos a hacer un resumen por si el jetlag medieval te ha dejado KO:

Cuando le das a “publicar TikTok” (por poner un ejemplo), tu dispositivo le envía los datos que necesita (la música, tu grabación, el filtro…) al rúter o la torre de conexión a la que estés conectado o conectada utilizando los protocolos TCP/IP, es decir, con una dirección establecida y comprimida en paquetitos pequeños. Ahí embarcan en un viaje por los cables que constituyen la red hasta llegar a su destino: en este caso, los servidores de TikTok. El servidor, entonces, reensamblará esos pequeños paquetitos de datos para saber lo que necesitas, procesará el vídeo, almacenará los datos y enviará una respuesta que volverá a viajar por los cables hasta llegar a tu punto de conexión y después a tu dispositivo. Y ya estaría, vídeo publicado. Un viaje bastante complicado de narrar en cuestión de un par de segundos, pero sin magia, que quede claro.

Pero bueno, ahora ya sabes el cómo funciona Internet, al menos lo básico. Sabemos que no te hemos explicado cómo construirte uno propio, pero… hoy no tocaba. Aun así, te deseamos mucha suerte en tu experiencia medieval. Puede que, diciendo las palabras mágicas, esta vez sí consigas algo…

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