Distopia o utopía, la robótica en nuestras vidas

#Pure tech

17.04.2023 Tiempo de lectura: 6 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Maria Fernanda Soto y Ana Barrios

Es el año 2029. La resistencia humana está a punto de alcanzar la victoria frente a las máquinas que, guiadas por inteligencia artificial, devastaron la Tierra y esclavizaron a la humanidad. Pero estos robots no se rinden fácilmente.

Tanto es así que envían a uno de ellos al pasado a exterminar la raíz de todos sus problemas: nada más y nada menos que la mujer que un día daría a la luz al que se convertiría en el líder de dicha resistencia.

Así irrumpía Terminator en 1984, el representante máximo de “los malos” que viene a matar sin piedad. Y con él esa imagen del robot como amenaza, enemigo, que se extendió como una mecha en la cultura popular.

Avance rápido hasta 2022, siete años antes de ese escenario que se imaginó el director James Cameron, confirmamos que los robots viven entre nosotras y nosotros. Pero no para tomar el control del mundo, esclavizarnos y matarnos.

Ya en 1942, el maestro de la ciencia ficción Isaac Asimov definía qué debían cumplir los robots que imaginaba en sus historias. Seguimos en el campo de la ficción, pero lo cierto es que sus Tres Leyes de la Robótica tuvieron un impacto importante también en el desarrollo de la robótica real. Escribía el autor que: (1) un robot no puede dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño; (2) un robot debe cumplir las órdenes de los seres humanos, excepto si dichas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley; (3) un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que ello no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley. Más tarde, el también divulgador científico les añadió una Ley Cero, que generaliza la primera: un robot no puede dañar a la humanidad ni, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.

Con mayor o menor influencia de Asimov, a día de hoy ya no tememos matanzas ni rebeliones masivas por parte de la comunidad robótica. Parece que no tenemos tan claro, sin embargo, que un día no lleguemos a ser reemplazados por ellos. La misma RAE define la robótica como “técnica que aplica la informática al diseño y empleo de aparatos que, en sustitución de personas, realizan operaciones o trabajos, por lo general en instalaciones industriales”. Veremos que esta disciplina se acerca más a una compañera, a una ayudante. ¿Quiénes son realmente esos desconocidos que están tan cerca?

SON LAVADORAS, UN PERSONAJE MÁS DE ANATOMÍA DE GREY Y LA ROOMBA QUE NO PARA DE CHOCARSE

En casa de los Supersónicos, serie de animación que retrata un 2062 futurista, la simpática sirvienta robótica de la familia limpia vigila al niño e incluso habla. Pero no todos los robots tienen un aspecto humanoide como el de Robotina, con su delantal blanco y todo. Así que, sí, la famosísima aspiradora Roomba es un robot en toda regla (aunque se choque con todo y parezca un poco torpe). Y en lo que respecta al cuidado del hogar, no está sola: hay robots para fregar, vigilar, contestar llamadas, recoger y cocinar… ¿Te suena la lavadora o la Thermomix?

Los robots estilo Robotina aún no viven en nuestras casas, pero existen. Toyota desarrolló un “robot compañero” con un brazo que puede agarrar y levantar cosas, como una aspiradora, y que responde a órdenes de voz. El Instituto de Ciencia y Tecnología de Corea, por su parte, creó el Mahru-Z, un robot con un cuerpo que imita al humano y que limpia la casa, mete la ropa en la lavadora y calienta la comida en el microondas. ¿Quién no querría uno así?

Asimismo, con el envejecimiento de la población, ganan cada vez más relevancia los robots que ofrecen compañía y cuidan. Están allí en uno de los momentos en los que los humanos estamos más vulnerables e indefensos, apoyándonos “en la salud y en la enfermedad”. Si alguien dudara de que los robots son nuestros amigos, esas cuestiones caen por tierra. Pero es cierto que, de momento, son de esos amigos un poco fríos, de esos que se congelan cuando les intentamos dar un abrazo. Quizá se puedan convertir en algo más que un compañero, alguien como Bender de Futurama, aunque aún queda mucha emoción por programar.

La medicina es otro campo en el que los robots brillan. Nos parece ficción al verlos en algunos de nuestros dramas televisivos de hospitales favoritos, pero son muy reales. La robótica permite automatizar funciones de médicos, cirujanas y demás profesionales sociosanitarios. En la cirugía, específicamente, ayuda a hacer procedimientos (como incisiones) más precisos y menos invasivos, revelándose extremadamente importante. ¿Has entrado en alguna farmacia automatizada? Los robots también entran en acción en procesos de rehabilitación, almacenamiento y distribución de medicamentos, e investigación de vacunas y nuevos tratamientos.

SON COCINITAS, GRANJEROS Y EL NUEVO CHARLES CHAPLIN

A estos entes les encantan las tareas repetitivas y han nacido para ello. Por eso ahí los tenemos, en las tiendas, en el campo, en las fábricas. Los robots optimizan los procesos en el comercio reduciendo la cantidad de trabajos repetitivos de las personas, para que estas se enfoquen en otro tipo de tareas de mayor valor.

Ya tenemos, especialmente en Asia, robots atendiendo a los clientes en restaurantes. Las cadenas de comida rápida también están apostando fuerte por estos nuevos empleados, dada la falta de personal sentida en este sector. En Estados Unidos, es posible hacer pedidos en algunos drive-thrus de McDonald’s sin la intervención de personas. Y un acuerdo entre KFC y Hyundai Robotics nos permitirá, en el futuro, ver brazos de metal cocinando las alitas de pollo en KFC. Otros comercios cuentan con la robótica para gestionar pedidos online (Inditex es uno de los grupos que la están implementando), manipular paquetería y gestionar inventario.

En la agricultura e industria alimentaria la robótica tiene igualmente chicha. A pesar del reciente atractivo que el campo ha adquirido para varias personas, que se aventuran en el cultivo a pequeña escala, se trata de un sector que también está perdiendo personal. Los robots sustituyen a las personas y aseguran rendimiento, productividad, flexibilidad y disponibilidad de 24 horas al día. Más que encargarse de tareas repetitivas como trasladar mercancía, capturan información de las plantaciones, aplican productos químicos que pueden ser perjudiciales para el ser humano, y cosechan alimentos.

Y en los procesos de manufactura, cómo no, su uso es ampliamente conocido. Al final, la industria es el campo principal de la robótica. Aquí, estas máquinas garantizan velocidad, precisión y seguridad en trabajos de fundición, transferencia de material, montaje y mucho más. El reemplazo perfecto para el Charlie Chaplin de Tiempos Modernos.

NO SON MARY POPPINS, BUZZ ALDRIN, NI G.I. JOE/JANE

Los ordenadores y las tabletas ya invadieron las aulas, pero la tecnología puede ir mucho más allá. La robótica educativa se usa sobre todo para el desarrollo del pensamiento y del conocimiento, y además ayuda a entender mejor la tecnología. Aprender programación y matemáticas ya es posible con algunos robots, y el humanoide NAO puede impartir clase de cualquier tema, desde la infancia hasta la universidad. Sin embargo, existe alguna resistencia a usarlos en ese contexto, algo que no sorprende.

A los robots les falta, obviamente, el lado humano, pero con ciertos matices. Porque, aunque muchos simpatizamos con NAO y nos dejamos enamorar en su día por WALL-E, el profesor experto Masahiro Mori nos plantea la hipótesis del Valle Inquietante, que nos viene a decir que un robot con cara de chatarra entrañable nos agrada, pero que un robot con estética y comportamiento excesivamente parecido a la de un humano real, nos da bastante “yuyu”.

Volviendo a la enseñanza, ésta es mucho más que pasar conocimiento, sobre todo cuando pensamos que las y los estudiantes están en pleno momento de desarrollo como personas.

Si los robots no pegan tanto en los colegios, en el espacio sucede lo contrario. Están como en casa fuera de nuestra casa, el planeta Tierra. Exploraron Marte y la luna en forma de Rovers, y se dedican a tareas autónomas en sitios sin gravedad, como la Estación Espacial Internacional de la NASA (la estrella es el robot Bumble Astrobee) o los satélites. Operando en la superficie de planetas y lunas, realizan tareas exigentes y repetitivas que los seres humanos no pueden llevar a cabo de forma fiable y segura debido a las condiciones hostiles del espacio.

La hostilidad está también en escenarios de guerra, donde los robots militares tienen un rol de lo más importante. Entre las aplicaciones están la exploración de terrenos, la desactivación de explosivos, y la búsqueda y rescate de personas, entre otras. La investigación pretende diseñar robots aún más preparados para estos escenarios, y ya existen los diseñados para el campo de batalla. Su misión de minimizar la exposición de las personas al riesgo es noble. No obstante, su uso plantea cuestiones éticas, legales y de seguridad, por lo que de momento la defensa no contará con su propio GI JOE/JANE robotizados.

SOMOS… ¿LAS PERSONAS?

También los seres humanos somos ya un poco cíborgs. Los teléfonos móviles nos acompañan a todas partes, tienen toda nuestra información y nos ayudan en una infinidad de tareas. Están tan integrados en nuestras vidas que casi se pueden considerar una característica de nuestra anatomía.

Además, más que en aplicaciones futuristas, nos relacionamos con la robótica a diario en procesos como la RPA (automatización robótica de procesos), que usamos por ejemplo para enviar una serie de emails.

La relevancia de la disciplina y lo que todavía está por desarrollar lo deja claro: esta es un área profesional con mucho futuro. Así, aunque de momento no seamos tan cíborgs nos acercaremos más y más a ellos en lo que concierne a nuestras aspiraciones profesionales. El grado en ingeniería robótica es una opción interesante para personas imaginativas y a las que se les dan bien las matemáticas, abriendo los más variados caminos en la manufactura, empresas de desarrollo de inteligencia artificial, centros de investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, y administración de sistemas digitales.

Hablamos de una carrera de rápido crecimiento, ya que muchas empresas e industrias están invirtiendo en la investigación y en el desarrollo de dispositivos robóticos. Ahora mismo, hay una gran demanda del mercado para titulados en esta área, por lo que encontrar trabajo no es difícil.

La Universidad de Deusto es una de las muchas que ofrecen el grado en ingeniería robótica. Quien quiera adentrarse en este mundo tan futurista como fascinante podrá contar con asignaturas de matemáticas, física, informática y electrónica. Para un primer acercamiento a la robótica, y para todas las personas apasionadas por la misma, la Diputación Foral de Bizkaia, junto con el Gobierno Vasco, promueve BIC Bizkaia, una incubadora especializada en tecnologías bio-micro-nano, manufactura avanzada y tecnologías limpias, que, entre otras muchas actividades, lleva a cabo la jornada práctica sobre robótica colaborativa para conocer sus usos y aplicaciones en la industria.

ROBÓTICA POR UNA VIDA MÁS CÓMODA

Desde el primer robot del mundo, Elektro, creado en 1939, hasta al más avanzado de la historia, Spot de Boston Dynamics, estas máquinas siempre han suscitado curiosidad y desconfianza. Pero una cosa es cierta: si Elektro apenas tenía utilidad, hoy en día todos los que se crean comparten el objetivo de facilitarnos la vida.

El gran miedo asociado a estas máquinas parece ser, realmente, el de que nos quiten empleos, pero igual que no volveríamos al río a lavar la ropa, tampoco queremos volver a los procesos tediosos, que ya se han automatizado, como llevar la contabilidad en una libreta.

Es difícil prever qué impacto tendrá el desarrollo de la robótica en la fuerza de trabajo. Tesla es una de las empresas que se encuentran desarrollando robots humanoides inteligentes, cuyas primeras unidades se destinarán a realizar trabajos

“peligrosos, aburridos, repetitivos y que las personas no quieren hacer”,

en las palabras del mismísimo Elon Musk. Cuando en abril de este año Chris Anderson, de TED, le preguntó al jefe de Tesla si nos deberíamos preocupar con este ascenso de los robots, Musk fue perentorio:

“No me preocuparía. Creo que vamos a tener, y ya tenemos, una gran escasez de mano de obra. Pero este será realmente un mundo de abundancia. Todos los bienes y servicios estarán disponibles para quien los quiera. Será tan barato tener bienes y servicios, que será ridículo”.

Probablemente pase como con el crecimiento de Internet: eliminará muchos trabajos, creará otros tantos. Tendremos que esperar unos años más para saberlo con seguridad. Por lo demás, ya lo sabemos. Están ahí para automatizar procesos, ayudar y seguir cambiando el mundo, aunque les falte corazón. Nos toca a las personas mantener los nuestros lo más humanos posible.

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