Discapacidad digital

#Soul tech

23.10.2023 Tiempo de lectura: 6 minutos

Juan de la Herrán y Crespo

Ilustración: Eli y el pez

Ha llegado la hora de dejar de lamentarnos por todo lo que tiene que ver con la tecnología y la brecha digital y ponernos manos a la obra para solucionar, de una vez por todas, este problema que supone una desigualdad para nuestra sociedad.

Asociamos la expresión “brecha digital” con la edad, seguimos pensando que los grandes perjudicados por la tecnología son nuestros mayores, pero no es así. El problema de la falta de uso y acceso a la tecnología puede afectar igual a todo el mundo, ricos y pobres, analfabetos y doctores en filosofía, mujeres y hombres, jóvenes y mayores. Por tanto, es mejor hablar de discapacidad digital, ese miedo a utilizar la tecnología o quedarse con lo más simple, sin adentrarse en todas las herramientas que suponen una mejora en nuestra calidad de vida.

Esto es lo importante, poder sacar provecho de todas esas utilidades que nos van a permitir manejarnos solos. ¿Por qué tienes que renunciar a no perderte en el monte cuando tienes una aplicación como Google Maps? ¿Por qué no puedes realizar un pago con el teléfono y de esta forma no llevar encima las tarjetas de crédito? ¿Por qué no sé que puedo llevar mi carné de conducir en mi dispositivo de forma totalmente legal con una simple aplicación? ¿Por qué no soy capaz de pasar las barreras de un medio de trasporte público simplemente acercando mi móvil? ¿Por qué tengo que esperar una fila para comprar unas entradas del teatro si desde la web lo puedo hacer en 3 minutos?

EL MITO DE LOS NATIVOS DIGITALES

En el año 2001, Marc Prensky publicó un artículo titulado: “Nativos digitales, inmigrantes digitales”. Durante el curso académico había observado cómo sus alumnos realizaban los trabajos directamente en el ordenador. A ninguno se le ocurría imprimirlos para leerlos y corregirlos y después hacer sobre papel las correcciones necesarias y, por último, llevar esos cambios al documento del ordenador. A estos los llamó inmigrantes digitales mientras que los primeros son los que, para mí, están mal llamados nativos digitales.

Pertenezco al movimiento que creemos que los nativos digitales no existen, que se trata de una mera leyenda que hemos ido acrecentando. La juventud son meros consumidores digitales, han aprendido lo justo, lo necesario para poder utilizar la tecnología que les permita hacer sus trabajos del colegio, pero no son capaces de experimentar o atreverse a usar algo nuevo.

Hay un mito que dice que la juventud ha nacido con la tecnología, han sido capaces de adaptarse a ella y por eso para estas personas, no es ninguna sorpresa todos los inventos que van saliendo cada día. En realidad, las nuevas generaciones tienen mucha suerte. Se han encontrado con ordenadores y teléfonos que han evolucionado de tal forma que hacen las cosas más sencillas. No han tenido que aprender MS-DOS, no necesitan aprender comandos para copiar ficheros o formatear un disco.

Simplemente arrastran un icono con su dedo y todos sus documentos están en la nube. Mi generación sólo podía acceder a la información que había guardado en el disco duro de nuestro PC, teníamos que tener el ordenador al lado o la información era totalmente inaccesible. Ahora pueden usar el teléfono, estén donde estén, sea la hora que sea, no hay festivos o límites de acceso, la nube está abierta 24 horas al día durante 365 días al año.

No solo guardan documentos, allí tienen las fotos, vídeos, canciones, todo con mover un dedo. Pero no creas que saben qué es la “Nube”, por qué a veces su teléfono se satura por no borrar el caché o para qué son las actualizaciones. No son capaces de aprovechar el 100% de todas estas tecnologías, porque solo aprenden lo imprescindible, lo justo para aprobar, ver las fotos o escuchar canciones.

¿QUÉ ES LA DISCAPACIDAD TECNOLÓGICA?

Esta discapacidad tecnológica no tiene edad, le puede pasar a cualquiera y por eso es importante decir que los nativos digitales no existen y que tampoco debemos hablar de “nuevas tecnologías” sino simplemente de tecnología.

En qué momento lo nuevo se convierte en cotidiano. El martillo no es una tecnología para los amish, grupo religioso conocidos principalmente por su estilo de vida sencilla, vestimenta modesta y tradicional, su resistencia a adoptar comodidades y tecnologías modernas, como son las relacionadas con la electricidad. Pero el automóvil se considera una tecnología moderna que no pueden utilizar. Para nuestra sociedad el coche es algo que se inventó hace tantos años que lo vemos como algo normal, algo cotidiano, ni siquiera lo vemos como algo tecnológico.

Sabemos usarlo, pero ¿cuántos somos capaces de entender cómo funciona un motor?¿Qué diferencia existe entre los vehículos diésel y los de gasolina? No necesitamos conocer nada de eso, solo hay que pasar un examen y que nos lleve hasta Madrid.

Con la tecnología ocurre lo mismo y esas carencias de concepto están creando una juventud que no es capaz de preguntarse el cómo y el porqué de las cosas. Volvemos a recuperar la expresión que dijo Unamuno en 1906, “Que inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones”. Ahora lo estamos viendo con la inteligencia artificial. En lugar de aprender cómo funciona y saber sacarle el máximo rendimiento para que nos ayude a estudiar más y mejor, nos conformamos con pedirle que nos haga el resumen de un libro sin ni siquiera leernos ni el libro ni el resumen.

El desconocimiento de las herramientas tecnológicas está creando lo que podríamos llamar los “valientes tecnológicos” cuando en realidad los tenemos que definir como “inconscientes tecnológicos”. Comparten sus contraseñas con sus amigos o en el trabajo, sin pensar siquiera en las consecuencias. Leen cualquier cosa en Internet sin saber las fuentes de quien lo ha escrito. Caer en las fake news, noticias falsas, que consiste en un contenido pseudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales, y que tiene como objetivo desinformar a un público en específico, es algo natural. El mejor ejemplo es Gran Bretaña, donde se ha demostrado que los votantes a favor del Brexit fueron influidos por este tipo de argucias y ahora están acarreando las consecuencias.

GUIAR A TODAS LAS GENERACIONES

La única forma de terminar con la discapacidad tecnológica es con la formación. El propio Internet está lleno de guías y tutoriales que nos permiten poner solución a cualquier tema que desconozcamos a nivel tecnológico. Pero Internet sigue siendo un mar abierto en el que la gente nada sin saber nadar, sin chaleco salvavidas y sin conocer las corrientes o la profundidad. Los y las tutoras tienen que seguir siendo las guías que, aunque desconozcan el funcionamiento, si tienen la suficiente experiencia para distinguir el bien del mal, los contenidos peligrosos de los falsos son los que deben fijar los límites que hay que poner.

Si nos encerramos en el caparazón y seguimos creyendo que la juventud sabe más que nosotros y que son capaces de utilizar la tecnología sin ningún riesgo, vamos a crear una sociedad de analfabetos digitales en los que los bulos, los timos y los hackeos estén a la orden del día.

La tecnología no se aprende sola, se puede aprender en compañía, alguien de 12 con alguien de 60 años. La experiencia junto con la capacidad para utilizar las herramientas tecnológicas. Pasar de una vez por todas del desconozco que desconozco al ahora por fin conozco lo que desconozco y me puedo poner manos a la obra para aprenderlo. Nadie debería estar orgulloso de caer en la discapacidad tecnológica, la de veces que hemos escuchado la frase, “yo de tecnología no sé nada y mira dónde he llegado”. No, sin tecnología no se llega a donde se quiere, sino a donde nuestras circunstancias nos han arrastrado. Por cada persona que triunfa sin tecnología hay miles que han sabido adoptarla para hacer que su vida mejore, que todo sea más sencillo y poder optar a mejores oportunidades. Pongamos cada quien ese granito de arena para vencer la discapacidad tecnológica.

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