Desconozco que desconozco

#Soul tech

16.02.2023 Tiempo de lectura: 5 min.

Juan de la Herrán y Crespo

Fotografía : Mikeldi Donibane

Fotografía : Mikeldi Donibane

Todos sabemos lo cómodo que es, en ocasiones, vivir en la ignorancia. Si no conozco algo, si no sé que existe, nadie me puede acusar de ignorante.

Pero vivir así, sin poder disfrutar de muchas ventajas que nos ofrece el mundo, cosas que se nos ponen a nuestra disposición para tener una mejor calidad de vida, y que nos van a ayudar con los desafíos del futuro, es muy triste. Aunque parezca todo lo contrario, la sociedad actual tiene un alto desconocimiento de la tecnología. Nuestros jóvenes son meros consumidores, utilizan lo que se les da, lo cómodo, lo fácil del mundo tecnológico, pero no quieren investigar, desarrollar, invertir el tiempo en afrontar los retos que este ecosistema les ofrece. La gente mayor se siente a veces orgullosa o resignada, “si yo de esto de la tecnología no sé nada”.

Hay que dar un giro a todo esto y volver a recuperar ese espíritu del Renacimiento en el que parecía que todo estaba por descubrir.

LA APARICIÓN DE LOS SMARTPHONE, TELÉFONOS INTELIGENTES, HA SIDO UNA ABSOLUTA REVOLUCIÓN

Llevamos en nuestros bolsillos un ordenador, un centro de ocio, un sistema de comunicaciones y nuestro trabajo o nuestros estudios, todo dentro de un diminuto dispositivo del que es lógico que no podamos prescindir. Nos saca de mil apuros, nos recuerda la cita con el médico, nos avisa cuándo nos toca vacunarnos, o podemos ver el final de una serie que emitieron ayer y que nos quedamos dormidos antes de que terminara. De la impresión de que todos somos grandes expertos, que sabemos instalar y desinstalar aplicaciones, hacer todas las gestiones de nuestros bancos o contratar un viaje de vacaciones. Pero no es así. Hay una brecha, en absolutamente todas las edades, que renuncia a poder conocer y aprovechar la tecnología y que incluso siente vergüenza de confesar que le gustaría enviar un Bizum o concretar la cita de su médico mediante el móvil, y no saben cómo se hace.

No voy a ser yo el que diga lo que nuestra juventud tiene que hacer, que estudien lo que quieran, pero el año pasado en la Unión Europea se quedaron sin cubrir casi un millón de puestos de trabajo relacionados con las carreras STEM. Son aquellos estudios, universitarios o de otra índole que tienen que ver con la ciencia (Science), la tecnología (Technology), la ingeniería (Engeneering) o las matemáticas (Mathematics).

Si tenemos la generación joven más tecnológica, parece lógico que opten por este tipo de estudios y más cuando todo indica que van a poder encontrar trabajo antes de terminar el ciclo académico. Pero si nos vamos a la demanda, este tipo de carreras tienen cada vez menos estudiantes y cada día en bachillerato encontramos menos alumnos que se posicionen por la rama tecnológica. Las jóvenes tienen pocos referentes femeninos en el mundo de la ciencia o la tecnología, y las que hay no son tan reconocidas como sus homólogos masculinos. Ellas tampoco se animan a participar de forma masiva en este tipo de estudios.

ALGO ESTAMOS HACIENDO MAL EN NUESTRAS ESCUELAS

Hace años la informática era una asignatura que se impartía como una más, y hoy en día se da por supuesto que todo el mundo sabe utilizar un ordenador. Pero manejar un procesador de texto, hacer un PowerPoint o ser capaces de acceder a una clase online, no es saber de informática, ni por parte de los alumnos, ni por parte de los profesores. Ahora la tecnología es una asignatura o una extraescolar, pero esto no debería ser así.

La tecnología tiene que estar aplicada de manera transversal en todos los ciclos y en todas las asignaturas. Hay un ejemplo fantástico de un profesor que explica historia mediante Twitter.

Cada alumno es un personaje destacado, por ejemplo, de la revolución francesa, y van mandando mensajes en la línea de tiempo según suceden los acontecimientos. Sin darse cuenta aprenden fechas, actos y todo gracias a una herramienta tecnológica que muchos pensaban que no sirve más que para criticar o insultar.

La gran revolución pendiente en las aulas y en nuestros hogares es la de la robótica. La mayoría de las personas no saben que existe una pequeña placa electrónica, denominada Arduino, que es todo un ordenador y tiene el tamaño de una tarjeta de crédito. Por menos de 50 euros podemos tener un kit con una serie de sensores y domotizar nuestro hogar. El bricolaje moderno no consiste solo en ser capaces de montar un mueble Superstrugen, consiste en conocer las miles de posibilidades que la tecnología nos da.

No hablo de conocer cómo programar y desarrollar un sistema que haga que nuestras puertas se abran solas o que nos indique el consumo de cada uno de los electrodomésticos. Me conformo con que conozcamos que existe la alternativa de convertirnos en “makers” tecnológicos y pasar por fin del “desconozco que desconozco” al “ahora conozco lo que desconozco”.

DEL “DESCONOZCO QUE DESCONOZCO” AL “AHORA CONOZCO LO QUE DESCONOZCO”

Nos quejamos de la tecnología porque nos han obligado a adaptarnos a ella. El dinosaurio se hubiera salvado, si en lugar de tratar de adaptarse, alguien le hubiera explicado que, si hubiera adoptado el nuevo mundo, en lugar de seguir aferrando al antiguo, ahora sería posible que fuera el centro de todo. Lo mismo nos ocurre con la tecnología, las empresas nos obligan a aceptar sus herramientas y sus aplicaciones y nos dicen que nos tenemos que acostumbrar a usarlas.

Cuando alguien las adopta, en su entorno, cómo propias y las aprovecha hasta el límite ve como las cosas cambian, la productividad aumenta y la comunicación laboral es posible.

La pandemia nos ha demostrado que gracias a la tecnología hemos podido continuar con el trabajo de muchas empresas, pero no todas estaban preparadas porque habían dejado para el próximo año la transformación digital. Tener ordenadores no significa que nuestra empresa esté preparada, al final son como una parte más de la oficina. Lo importante es conocer cuáles son los límites en cuanto a seguridad, con qué aplicaciones podemos mejorar la eficacia y sobre todo trabajar en la nube.

Menudo concepto, cuando ya creíamos que nuestra empresa tenía bien plantados los pies en la tierra, ahora les decimos que el futuro del trabajo está en la dichosa nube.

LE DAMOS A ACEPTAR Y QUE HAS LEÍDO LAS CONDICIONES DEL SERVICIO Y YA TENEMOS INSTALADA LA ÚLTIMA APLICACIÓN, ADEMÁS ES GRATIS

Pero no eres consciente que haber caído en la gran mentira de Internet, no has leído ni una de las condiciones del acuerdo en el que en el punto 7.14 se especifica que utilizarán todos los datos que van a aprender sobre ti para tratar de venderte algo o de que alguien te lo venda a ti.

Nadie te ha contado nunca para qué sirve tu información, porque nunca tuviste tiempo de formarte o no encontraste un sitio donde poder leer todas estas cosas y al final dejas que todo fluya pasando de puntillas por este apasionante mundo que es la tecnología.

Déjanos explicarte, contarte y hacerte fácil lo que ahora mismo consideras tan difícil, desde esta pantalla o estas líneas lo vamos a intentar, estate atento al futuro que no es más que el presente tecnológico.

Déjanos explicarte, contarte y hacerte fácil lo que ahora mismo consideras tan difícil, desde esta pantalla o estas líneas lo vamos a intentar, estate atento al futuro que no es más que el presente tecnológico.

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