Del vago al empollón, desde la raíz (STEM) hasta las flores (STEAM)

#Soul tech

07.03.2023 Tiempo de lectura: 6 minutos

Esther Villar Rodríguez

Ilustración: Kitxune Studio

Jugamos al Tabú el 25 de diciembre de 2022 (gracias, Olentzero). Con la presión del tic-tac del reloj, levanto una tarjeta y descubro la palabra “científico”. Las palabras tabúes: “invento, ciencia, experimento y laboratorio”. Está complicado. TIC-TAC. — Bata, estudiar — TIC-TAC. — Señor mayor, barba, pelo despeinado — Tú respondes: — ¡Científico! — Acierto. Y, sin embargo, hemos perdido ambas el juego.

Esta sería la descripción de un científico (¿perpetuada? Dímelo tú) dada por un estudiante de secundaria en 1957 (Mead y Metraux, 1957).

El 6 de enero de 2023, debajo del árbol, embalado con lazo rojo, se esconde el Dixit. Me toca esta carta. Curiosa inteligencia asociativa, pienso en Volverán las Oscuras Golondrinas de Bécquer (probablemente porque no suelo ver los documentales de La 2, a diferencia del 99% de los encuestados):

(…) Muda y absorta y de rodillas,

como se adora a Dios ante su altar (…)

Lo que yo veo: Las verdades rígidas e incuestionables. La propia genuflexión al Dios Ciencia, ahora vestidos de traje ostentando poder, sin barba, pero hombres. Enjaulando las gaviotas, el pensamiento libre. “Ciencia” es la palabra con la que describo esta carta.

LOS VAGOS, A LETRAS Y LOS EMPOLLONES, A CIENCIAS

Yo elegí ciencias. Mis peores profesores fueron los que idolatraban la formulación y la acumulación de letras griegas en pizarras que se me antojaban kilométricas, bajo la repetición de mantras ininteligibles. Parecía existir un cierto placer en el saberse inentendible. Tomar apuntes, pasar apuntes, pedir apuntes y repetir ejercicios ya resueltos. Yo fui una de las que no entendieron qué era una derivada antes de memorizar los métodos de resolución. Si le pido que levante la mano si pertenece a mi pelotón, apostaría mis 3 puntos ganados en el Dixit a que se le ha inclinado esta revista.

¿Por qué nos sentamos en el pupitre al día siguiente? Sería una gran pregunta de Trivial. Es el peaje por conseguir la bata de laboratorio y el sueño de la ideación, aunque vaya escaso de herramientas. Eso o es el culto al esfuerzo, porque ya se sabe: los vagos, a letras y los empollones, a ciencias. Y es que esa fue una de las conclusiones sobre estereotipos de una investigación cualitativa dirigida por la profesora de Sociología de la UNED Mercedes López Sáez entre 2003 y 2007.

¿Y SI NOS EMPEZÁSEMOS A VER REFLEJADAS?

Más datos: Los diversos estudios sobre la percepción de género en las carreras STEM muestran que los estereotipos de género asociados a las matemáticas son más pronunciados en las mujeres. Aquellas que han optado por una rama con alto contenido matemático tienen dificultades para asociar esta ciencia con ellas mismas.

En 2006 estar interesado en la física ponía en peligro tu autoidentificación con el género femenino (Kessels et al., 2006). Y es que el género femenino estaba fuertemente asociado a rasgos como suave, juguetón, conmovedor, soñador, indulgente, frágil y flexible. Entre los rasgos semánticos asociados a las matemáticas y la física se encontraban atributos como duro, serio, distante, sobrio, estricto, robusto y rígido.

Las mujeres nos quedamos en el banquillo, a esperar a que la serie de Taylor se desarrolle hasta el infinito, que es donde se minimizan los errores sobre los ajustes basados en las estadísticas y los promedios, donde aparentemente la mujer entra al campo, en los cálculos marginales. ¿Cómo idear sin soñar? ¿Cómo perseverar en la creación sin flexibilidad, sin cuestionar los dogmas?

DESTAQUEMOS LA A DE ARTE EN LETRAS Y CIENCIAS

¿Dónde quedó Atenea, la diosa de la sabiduría? Usando ese mismo alfabeto griego en un simposio sobre estrategia o ingeniería con más ARTE que mi profe universitario para embelesar, para cautivar a los pupilos que anhelan cultivar la capacidad para diseñar. Este es mi propio estereotipo de la mujer comunicativa, profesora, empática, generosa y valiente.

Te reto: viaja al 1957, con el Tabú en mano y atrévete con la tarjeta que dicta “Apolo” (el Dios de la música y la poesía). Busca adjetivos sin ser faltón. Rezo por el 2022 y sus sucesores; por el cambio. Porque las letras, la belleza y la melodía, lleven barba (o no), se sientan seguros de su identidad.

Faltaba la cúspide en el tallo, la A de ARTE, para dotar a la invención de trascendencia y humanidad. Para expresar con musicalidad y graciosidad una visión del mundo formulada desde las matemáticas, la ingeniería y la física. Para escapar de una seriedad adusta que aleja, segrega y margina a los imberbes y a las chistosas. “Las relaciones de confianza juegan un papel epistémico en la ciencia y es necesario apreciar el papel que tienen las comunidades para garantizar la confiabilidad del testimonio científico” (Gender and trust in Science, Kristina Rolin. Hypatia, vol. 14, num. 4). Comunidades diversas, ricas en perspectivas y capacidades. Decía el matemático Georges Pólya: “Es mucho mejor resolver un problema de cinco maneras diferentes, que resolver cinco problemas de una sola manera”. STEAM me acerca a esas cinco maneras. Las verdades incuestionables de esa pizarra de universidad me recluyen a la repetición del método de resolución como si fuera un loro. En el idioma anglosajón se dice by heart. Ojalá.

Del STEM al STEAM

STEAM utiliza la ciencia, la tecnología, la ingeniería, las artes y las matemáticas como anclaje para orientar la investigación, el diálogo y el pensamiento crítico. Esta A permite un espacio abierto con un enfoque más multifacético de las disciplinas STEM y las integra en un corpus de conocimiento con una vertiente social.

La búsqueda de asombro, de respuestas como la intersección entre el Arte y la Ciencia. Cynthia Barnett escribe en “The Sound of the Sea: Seashells and the Fate of the Oceans” (Norton and Company, 2022): “El segundo grupo más grande de animales detrás de los artrópodos, que incluyen insectos, son los moluscos; están en todas partes. Pero las conchas marinas fueron dinero antes que monedas, joyas antes que gemas, arte antes que lienzos… Las conchas marinas son los recuerdos más antiguos escondidos en tumbas… Las conchas marinas a menudo han sido mensajes: para científicos, adivinos y adoradores convocados por la voz de una concha”. Nos sumergen en una dimensión social, estética, política y económica del asombro y de la investigación.

Desempolvar la poética de la curiosidad, el conocimiento y el misterio, y seguir a Erwin Chargaff en sus apreciaciones:

“Se espera que nuestro camino conduzca a la comprensión; en su mayor parte conduce sólo a explicaciones. También se está olvidando la diferencia entre estos dos términos… Son dos cosas muy diferentes, porque entendemos muy poco sobre la naturaleza”.

STEAM utiliza la ciencia, la tecnología, la ingeniería, las artes y las matemáticas como anclaje para orientar la investigación, el diálogo y el pensamiento crítico. Esta A permite un espacio abierto con un enfoque más multifacético de las disciplinas STEM y las integra en un corpus de conocimiento con una vertiente social.

MUJERES Y CIENCIA

¿Cómo se enlaza esto con las mujeres y la ciencia? En un estudio publicado en 2001, Morgan, Isaac y Sansone (The Role of Interest in Understanding the Career Choices of Female and Male College Students, Sex Roles, 44) encontraron que los estudiantes perciben las carreras STEM como menos conectadas con los ideales humanitarios, pero posibilitadoras para obtener alta remuneración y estatus en comparación con otras carreras.

Al elegir una carrera, las mujeres tienden a gravitar entre las profesiones más enfocadas a propósitos sociales y a sus metas interpersonales (Lackland & De Lisi, 2001); por lo tanto, la impresión de que los campos STEM no están asociados con estos objetivos puede ser una de las razones por las que las mujeres tienden a batirse en retirada. ¿No hay un propósito social en ninguna aplicación de derivadas? ¿La ciencia de quién está al servicio?

¿Cómo idear sin soñar? ¿Cómo perseverar en la creación sin flexibilidad, sin cuestionar los dogmas?

En la recopilación

“Querido profesor Einstein: correspondencia entre Albert Einstein y los niños”

(Alice Calaprice, GEDISA 2003) me encuentro el intercambio entre Einstein y una brillante e ingeniosa niña sudafricana llamada Tifanny. En una carta de 1946, Tifanny escribe:

“Olvidé decirte, en mi última carta, que yo era una niña. Quiero decir que soy una niña. (…) ¡Espero que no pienses menos de mí por ser una niña!”.

La respuesta de Einstein no puede ser más brillante:

“No me importa que seas una niña, pero lo principal es que a ti misma no te importe. No hay razón para ello”.

Sin embargo, a veces importa y, en general, suele haber razones.

ENTONCES TU ERES DE LETRAS, ¿NO?

Esto me trae a la memoria un recuerdo hostil. En 2015, a punto de presentar mi tesis, alguien me dijo en un café:

“¿No te dedicas a marketing?”

Mis ojos encolerizados, se despertó en mi un Christopher Lee con atuendo de vampiro buscando sangre.

“Como vistes tan mona…”

Tenía que haberme resistido a la oferta de la clínica de láser… Sin barba frondosa, ¿a quién voy a convencer?

Si no me quieres dar la bata, entonces yo no quiero tu frío laboratorio. Ambos perdemos: tú sigues con las gaviotas enjauladas y yo sigo preguntándome qué me falta de Atenea. Y a este paso:

“me cago en el vapor, la electricidad y en los sueros inyectados”

,como escribía Miguel de Unamuno.

Entonces pienso que ser un poco outsider (¿no lo son un poco las mujeres en la ciencia?) puede ser también una ventaja. Como la belleza del outlier en la estadística. Tan sólo ayúdame a quitar el prefijo out, que yo quiero estar dentro.

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