Agur, GAFAM

#Reflections

13.06.2025 Tiempo de lectura: 3 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Laura Barquín

En cuanto abro un ojo nada más despertar me doy cuenta de la pedazo de resaca que llevo encima. ¿Qué hora será? Mierda, recuerdo que ayer quedé con mis amigas para ir al brunch a las 11, ¿me habré quedado dormida?

Me revuelco en la cama para encontrar mi iPhone, está en la mesilla. Por alguna razón, no funciona, lo que me faltaba. No tendrá batería, supongo… Pues no, cargándolo tampoco funciona. Genial, ni siquiera recuerdo darle un golpe de fiesta, pero siendo sincera, no recuerdo casi nada de lo que pasó ayer.

No todo está acabado, tengo mi portátil en el cajón. Con un revolcón más grande, llego. Oye, ¡que tampoco funciona! ¿Qué está pasando?

Me levanto medio mareada, pero me levanto. Voy a ver si la tele funciona, porque sigo sin saber qué hora es. No tengo ni un mísero reloj en casa, debería pedir uno por Amazon. Vale, la tele funciona, menos mal. ¡Y son las 2 del mediodía! Entre eso y que mi móvil no funciona, el brunch ya es cosa del pasado. Ya que no tengo nada que hacer, dejo la tele encendida, cosa que no había hecho en mucho tiempo. Es la hora de los telediarios, en todas las cadenas están dando las noticias. Sorprendentemente, todos hablan de lo mismo:

“¿Qué ha pasado con GAFAM?” “En un mundo sin GAFAM” “Todo sobre la caída de GAFAM”

No tengo ni idea de lo que significa GAFAM, y me he acordado de que no lo puedo buscar en Google en cuanto he alargado el brazo en busca de un móvil que no estaba ahí. Por suerte, África Baeta me lo explicó en un santiamén:

- Si esta mañana se han despertado y no han podido usar vuestros dispositivos de Apple, nos os ha llegado el pedido de Amazon o no han podido hacer una búsqueda en Google, no se preocupen, ustedes no son el problema. GAFAM, unas siglas conformadas por las empresas tecnológicas Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft, se ha visto amenazada por un virus sin precedentes que ha interrumpido todos los sistemas del mundo.

Fium, no es cosa mía. Gracias África, te lo agradezco.

Bueno, pues ahora que me quedo más tranquila a pesar de que todos los sistemas del mundo han colapsado, con todo lo que eso conlleva para los negocios y la sociedad… ¿y si me hago unas tortitas para quitarme esta resaca de encima? Ah, que no me sé la receta… Voy a mirar si tengo por aquí el libro de cocina que me regaló mi ama… ¿Quién cree que es buena idea regalar un libro de cocina en el siglo XXI? Aunque ahora mismo, es lo único que me sirve, la verdad.

Después de comerme las mejores tortitas de mi vida, me han llamado al timbre. Eran mis amigas, preocupadas por si me había pasado algo (pero por si acaso, han venido después de zamparse un desayuno masivo, no antes).

Obviamente, hemos estado hablando del tema candente: la caída de las empresas que controlan nuestros pasatiempos favoritos. Maite nos ha contado que ha escuchado en las noticias que se mandaban y recibían alrededor de 177 mil millones de emails, se subían 1.3 mil millones de posts a Instagram y se enviaban 1.6 millones de paquetes por Amazon diariamente. No me extraña que esto nos esté llevando hacia una crisis mundial…

Aun así, hemos llegado a la conclusión de que también habrá mucha gente que agradecerá lo que ha pasado: Los negocios pequeños, el medioambiente, las personas que trabajan los fines de semana, la competencia-no-competencia de estas multinacionales gigantes… y también nosotras. Hacía mucho tiempo que no nos sentábamos a hablar de la vida y a reflexionar sobre varios temas sin sacar el móvil para comprobar quién tiene razón.

Cuando se han ido mis amigas, he vuelto a poner la tele y me he visto una película en La Noche De… que había empezado 15 minutos antes, como lo hacían nuestros abuelos y abuelas. Nunca lo he entendido, pero hoy, al hacerlo, les he sentido un poco más cerca.

Realmente, y quitando lo de la resaca, ha sido un buen día. Mañana, como es domingo y no tendré alarma que me pueda despertar, puede que me haga un pequeño bizcocho e invite a mi ama a que venga a probarlo. Así no podrá volver a preguntarme si he usado su libro de recetas…

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