¿Hay algo que pueda parar el fin del mundo?

#Pure tech

26.02.2024 Tiempo de lectura: 9 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Aitor Espié

Está en todas partes. En cuanto abrimos el periódico, las redes sociales, encendemos la tele o nos ponemos a escuchar la radio, ahí aparece: el cambio climático. Que hemos empeorado, que estamos muy mal y que lo mal que estamos ahora no es nada comparado con lo mal que estaremos en el futuro. Hasta National Geographic (2024) lo dice:

“El aumento de las temperaturas, deshielo del Ártico, catastróficos incendios forestales en Canadá: en 2023, los efectos del cambio climático y las amenazas medioambientales para la fauna han batido todos los récords”.

Entramos en un 2024 con un futuro incierto e inquietante. La Oficina Meteorológica de Gran Bretaña afirma que, entre otras cosas, la temperatura global promedio podría oscilar entre 1.34°C y 1.58°C en 2024, lo cual haría que saltasen las alarmas del Acuerdo de París (2015) en la Unión Europea, haciendo que las consecuencias de todo esto sean muchísimo más difíciles de controlar.

¿Nunca te has preguntado por qué no somos capaces de frenar esto? ¿Si existe algo que pueda luchar contra ello? ¿Vamos a seguir así hasta que el mundo ya no pueda más? Puede que, no haya una respuesta segura para estas preguntas. Aunque haya aproximaciones de cómo nos va a ir en el futuro, cada día que pasa, ese pronóstico puede cambiar. Sin embargo, una de esas respuestas es evidente: la tecnología. La tecnología y las personas que hay detrás de ella, llevan ayudando a combatir el cambio climático desde hace muchos años.

LO CLÁSICO

Aunque llevemos alrededor de 10 años escuchando cosas sobre las energías renovables y ya no nos parezcan novedosas, siguen haciendo muy bien su trabajo. De hecho, según un informe elaborado por la World Metereological Organizatiom (WMO) y la International Renewable Energy Agency (IRENA) (2022) y presentado en la COP28, alrededor del 30% de la electricidad generada en el mundo, es de origen renovable.

Ya sabemos cómo funcionan las energías renovables, todo eso de utilizar energías que nos ofrece la naturaleza y son inagotables y bla, bla, bla… pero su tecnología ha cambiado mucho desde la primera vez que se dieron a conocer, haciendo que los costes de generación y distribución se vayan disminuyendo notablemente (aunque hay que seguir invirtiendo en infraestructura porque la oferta también ha subido mucho). Esto, a su vez, ayuda a que las personas comunes puedan permitirse dejar atrás los combustibles fósiles para empezar su camino con las energías renovables. Los paneles solares, por ejemplo, están cambiando de arriba abajo para que a la gente se le haga más fácil el cambio de combustible fósil a energía renovable. Han hecho cambios como utilizar materiales orgánicos para crearlos, hacerlos flexibles para que puedan caber en cualquier sitio o que sean transparentes para que se puedan instalar como si fuesen ventanas. El primer rayo de sol del día nunca había sentado tan bien.

La inteligencia artificial (IA) y el blockchain también tienen qué decir en este campo: la primera, es clave para analizar los millones de datos que recopilan cada día los paneles solares o las turbinas eólicas y predecir la producción para mejorar el rendimiento. Además de los datos recientes, la IA puede analizar los datos históricos o predicciones climáticas para hacer lo óptimo con la tecnología existente. El mayor objetivo del blockchain, por su parte, es utilizarse para verificar el origen y el consumo de dicha energía. De ese modo, las personas que las estén utilizando, saben con certeza que el origen es 100% renovable y que no está mezclado con combustibles fósiles. Aunque el blockchain sea una herramienta muy útil para la transparencia, responsabilidad y trazabilidad de los gases de efecto invernadero (GEI), también tiene su lado malo: su huella de carbono es muy grande, ya que crear bloques en la cadena (de ahí el término blockchain) requiere de muchísima energía.

Greenpeace asegura que España cuenta con un potencial renovable suficiente para abastecer más de 56 veces la demanda eléctrica peninsular para 2050. En Euskadi, sin embargo, se deberá triplicar el uso de dichas energías para alcanzar el objetivo de ser renovables en un 42% para el 2030.

LO QUE SUENA BIEN

Además de los remedios clásicos (que siempre funcionan), en los últimos años se han desarrollado tecnologías que nos permiten analizar y tratar estos problemas climáticos de una manera que hace años sería imposible. La NASA, por ejemplo, tiene un programa íntegramente dedicado al cambio climático:

“Es posible que (las personas) no vinculen necesariamente a la NASA con la investigación y las observaciones climáticas. Pero la Tierra también es un planeta, y la NASA es uno de los protagonistas más importantes en el campo de las ciencias de la Tierra, con una amplia experiencia en la observación de nuestro clima, especialmente desde el punto de vista del espacio. Hoy gasta más de mil millones de dólares al año en ciencias de la Tierra y tiene más de una docena de satélites en órbita alrededor del planeta observando el océano, la tierra, el hielo, la atmósfera y la biosfera”.

Sin ir más lejos, aquí en Bizkaia también tenemos una empresa que utiliza la observación del espacio para detectar y monitorizar el metano, un gas de efecto invernadero que afecta gravemente al calentamiento global: Satlantis. Eider Ocerin, directora de Customer Delivery, nos explica cómo fue esa misión:

“El metano es un gas de efecto invernadero hasta 80 veces más nocivo que el dióxido de carbono. Está muy asociado a la industrial de gas y petróleo, entre otras. Recientemente, las instituciones internacionales están definiendo regulaciones específicas para atajar este problema. Satlantis, ha lanzado el pasado mes de junio una misión que específicamente va a detectar emisiones de este gas y las va a cuantificar para poder entregar a los operadores y usuarios finales información sobre dichas emisiones. De hecho, la misión ha sido reconocida como misión contributiva al programa Copernicus de la Comisión Europea”.

Como para quitarse el sombrero.

LO QUE NOS INCUMBE

Si los GEI, como el metano que acabamos de mencionar, siguen el ritmo actual, la Tierra y todas las personas y seres vivos que vivimos en ella podríamos tener un gran problema. ¿Por qué? Porque estos gases se acumulan en la atmósfera de la Tierra y absorben la energía infrarroja del sol. Esto hace que la temperatura de nuestro planeta aumente cada día, provocando problemas como el deshielo de glaciares, fenómenos meteorológicos más graves y la extinción de especies, entre otras muchas cosas.

Estos gases se crean, en general, por la actividad humana, y por ello, una de las soluciones que se plantean son las ciudades inteligentes (smart cities), ya que las ciudades son una de las causas que más gases de efecto invernadero crean actualmente. Pero… ¿qué es una ciudad inteligente? La RAE nos lo explica:

“es una ciudad que, mediante una tecnología avanzada y una gestión eficiente de los recursos, tiene como objetivos principales optimizar sus servicios y promover un desarrollo sostenible”.

Esto se traduce en la gestión de tráfico, optimización de las farolas, monitorización de la contaminación y optimización de la colección de basuras, entre otras cosas.

El transporte, por ejemplo, es uno de los grandes problemas de las emisiones de GEI. Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) dice que el sector del transporte representa casi una cuarta parte de las emisiones globales de CO2 relacionadas con la energía (23%) y el transporte terrestre representa más del 71% de todas las emisiones de CO2 relacionadas con el transporte. Para ello, se está intentando dejar atrás los combustibles fósiles e implementar el uso del transporte eléctrico o transporte que use biocombustibles. Varias ciudades ya tienen autobuses eléctricos y taxis que ruedan con hidrógeno renovable, mientras que los coches eléctricos también van ganando terreno.

Para todos estos cambios y gestiones, el Internet of Things (IOT) es imprescindible. Esta tecnología permite beneficiarse de la conectividad para recopilar y analizar los datos que pueden ser convenientes. Esos datos hacen que las personas organizadoras del transporte público, por ejemplo, puedan detectar patrones para optimizar rutas o ventas de billetes. También hacen que se optimicen las rutas de recogida de residuos, que haya farolas que se enciendan cuando pase la gente o que cualquier persona pueda saber dónde está esa plaza de aparcamiento libre que llevan tanto tiempo buscando.

The World Bank dice que, hoy en día, el 56% de toda la población del mundo vive en las ciudades, pero que esta tendencia va a seguir creciendo, haciendo que 7 de cada 10 personas viva en las ciudades para el 2050. Con todas esas personas trasladándose a centros urbanos, la gestión de las ciudades es más importante que nunca.

LO QUE SEA

No sabemos si se le podrá dar la vuelta a todo lo que está ocurriendo, pero se está intentando conseguir por todos los medios. Aunque el futuro sea incierto e inquietante, según NEF, si queremos alcanzar los objetivos medioambientales, debemos evitar medidas de austeridad (que implica reducir el gasto público) como las que se vieron después de la crisis del 2008 y dedicar importantes esfuerzos socioeconómicos a solucionar nuestros problemas medioambientales.

Pd. También estaría genial que, en vez de quedarnos mirando hasta que inventen una máquina que trague gases corrosivos, los disuelva y escupa árboles, pusiésemos nuestro granito de arena para hacer que todo el proceso vaya más deprisa. Por ello, nos gustaría hacer un llamamiento a todas esas personas que tienen estos temas rondando por la cabeza: seguid informándoos, estudiando y trabajando duro para ayudar al planeta. Y es que… nunca se sabe, quizás descubráis otra manera de crear energía, creéis una máquina innovadora o participéis en un proyecto disruptivo que ayude a que la Tierra sea un lugar donde todos los seres de este planeta podamos vivir felizmente.

Etiquetas

  • #emprendimiento
  • #cocreación
  • #ciencia
  • #colaboración
  • #tecnología
  • #futuro

Haznos caso, échale un ojo

Desliza para mostrar más