¿Dónde están las mujeres?

#Soul tech

07.03.2023 Tiempo de lectura: 7 minutos

Beatriz García Markaida

Ilustración: Janire Orduna

Una mujer entra en un congreso tecnológico y dice: ¿Habéis visto a mis compañeras? No, pero me gustaría verlas, respondo yo. Las mujeres en los denominados campos STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics) son una rara avis. En las universidades, si bien en las ciencias de la vida y la salud ellas son mayoría (entorno a un 70%), en el conjunto completo de STEM la división por género no llega a ser paritaria (con un 35% de mujeres).

Es en las ingenierías y en informática donde este porcentaje llega a su mínimo, 25% y 20% respectivamente, a pesar de los esfuerzos en fomentar el interés de las niñas en estos campos. Cuando pasamos al mundo laboral, en España las mujeres suponen tan solo el 16% de la fuerza de trabajo de las carreras STEM.

Pero, ¿cuándo empieza a darse esta diferencia, y por qué? ¿Hay acaso algo intrínseco al hecho de ser mujer que haga que las mujeres no prosperen en carreras científico-técnicas? Siglos de pensamiento feminista nos han llevado a rechazar la idea de que las brechas de género sean algo natural, inamovible o irremediable, y los avances sociales que han sido posibles gracias a esta filosofía demuestran que en cuanto a género respecta, no hay nada escrito en piedra.

¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?

Desde temprana edad se plantea la misma pregunta a las y los más peques: ¿qué quieres ser de mayor? Sin embargo, sus respuestas rara vez están fundamentadas en información real. Una niña pequeña no sabe qué hace exactamente una ingeniera. Un niño pequeño no sabe a qué dedica sus horas un matemático. Sin embargo, sí que conocen a sus referentes: no saben qué quieren ser, pero sí cómo quieren ser. Se asocian unas cualidades a cada campo y profesión; Un físico tiene que ser muy listo, un cerebrín. Una médica tiene que trabajar mucho y saber muchas cosas, tiene que saber qué pone malito a sus pacientes, y las mejores ofrecen una piruleta al salir de consulta.

Las carreras, que más adelante resultan ser las más masculinizadas, parecen exigir ser brillante, mientras que las más feminizadas parecen exigir ser muy trabajadora. Estos estereotipos se graban a fuego en nuestras mentes, se correspondan o no con las exigencias reales de cada profesión o carrera.

Aquí se genera la primera brecha. A lo largo de la educación primaria, los niños y niñas van desarrollando y generando su autoconcepto e interiorizando cuáles son sus fortalezas. Según estudios realizados, a esas edades es habitual que los niños aprendan que son listos, y las niñas aprendan que son trabajadoras. Ambas son cualidades positivas, por supuesto, pero cada una está asociada a diferentes caminos profesionales. Es más probable que una niña que se considera trabajadora, pero no especialmente inteligente, se vea más atraída a campos que lleven asociado el estereotipo de no necesitar una mente brillante, sino de largas horas de estudio.

¿QUÉ LLEGAS A SER DE MAYOR?

La brecha de género se acentúa según progresa la vida académica y profesional de las mujeres, en lo denominado como efecto leaky pipeline, o tubería que gotea. La diferencia en los intereses de niños y niñas aumenta especialmente en la adolescencia: a los 15 años, las adolescentes tienen el triple de interés por las áreas de ciencias de la vida y cuidados que sus contrapartes masculinas, según un informe de 2015 de la UNESCO. Es por esto que el esfuerzo de fomentar la ciencia y la tecnología en niñas y adolescentes debe de estar extendido a lo largo de todas las etapas educativas, ¿pero es eso suficiente?

Una niña pequeña no sabe qué hace exactamente una ingeniera. Un niño pequeño no sabe a qué dedica sus horas un matemático. Sin embargo, sí que conocen a sus referentes: no saben qué quieren ser, pero sí cómo quieren ser

A pesar de que las mujeres en carreras STEM tienen un desempeño igual o mejor que el de sus compañeros, no todas las que eligen carreras científico-tecnológicas terminan desempeñando trabajos en esos sectores, y son menos aún las que llegan a puestos altos.

De entre las mujeres que llegan a puestos de importancia, muchas deciden buscar cargos similares, pero en ambientes más paritarios. Es como si el desarrollo en campos STEM supusiera un desgaste que requiere del apoyo mutuo con otras compañeras. Es difícil quitarse la vocecilla interior que dice que tú no vales para ese campo que requiere de genios, pero ver que otras sufren ese síndrome de la impostora permite aliviar la carga mental constante de demostrar que no eres una chica tonta, que eres capaz y que mereces el puesto que ocupas. Fomentar la comunicación profesional y personal entre mujeres STEM puede ayudar a evitar las fugas de talento femenino.

COSAS DE CHICAS

Hacemos un gran esfuerzo para que las mujeres se interesen y se puedan desarrollar en los campos técnicos, pero no hacemos lo propio para que los hombres se interesen por campos más feminizados. Esto tiene su lógica si consideramos lo analizado hasta ahora: parece haber factores que dificultan el desarrollo de las mujeres en carreras masculinizadas. Sin embargo, si bien el feminismo hace énfasis en la emancipación de la mujer para contrarrestar su opresión histórica, lo que deberíamos buscar en última instancia es una sociedad equitativa en la que el género no determine a qué oportunidades tenemos acceso. Esto no puede ocurrir si sólo motivamos a las mujeres a que hagan lo que históricamente han hecho los hombres; es necesario que la población general reconozca los campos más feminizados como interesantes, válidos e importantes.

Antes de incorporarse al mercado laboral, las mujeres ya desempeñaban labores esenciales en los hogares. A día de hoy sabemos que la verdadera igualdad es imposible sin que los hombres asuman parte de la carga de trabajo que antes desempeñaban ellas, remarcando la necesidad de las medidas de conciliación. Similarmente, de la misma forma que es importante que las mujeres puedan encontrar un lugar en las áreas tecnológicas, es necesario poner en valor los campos en los que ellas ya tienen gran presencia. Si instamos a las mujeres a ocupar los campos masculinizados, pero no revisamos los juicios misóginos que tendemos a hacer sobre los intereses de ellas, corremos el riesgo de que los campos que considerábamos útiles y prestigiosos se perciban como menos glamurosos por el simple hecho de tener una gran presencia femenina.

Similarmente, de la misma forma que es importante que las mujeres puedan encontrar un lugar en las áreas tecnológicas, es necesario poner en valor los campos en los que ellas ya tienen gran presencia.

Algo así ocurrió con el campo de la computación, inicialmente llevado a cabo principalmente por mujeres, y considerado como algo automático y requirente de poco intelecto. Cuando se comprobó la importancia transversal de la programación, más hombres comenzaron a interesarse por este área, desplazando a las mujeres de los puestos que hasta entonces se habían considerado apropiados para señoritas. La profesión comenzó a ganar prestigio, produciendo un “efecto llamada” que a día de hoy ha llevado a la informática a ser, como hemos mencionado, el campo con una mayor brecha de género en favor de los hombres.

AQUÍ ESTOY, AQUÍ ESTAMOS

Querría acabar este texto en una nota algo más personal. Escribo este artículo remando a contracorriente en un mar de inseguridades, acompañada por una dosis poco sana de síndrome de la impostora. ¿Quién soy yo para hablar de la desigualdad de género? ¡Pero si yo soy física, no socióloga! E, insiste una vocecilla en mi cabeza: “¡ni siquiera una física inteligente, sólo trabajadora!” Parece que resulta que ser consciente del problema de la brecha de género y ser capaz de analizarlo no me libra de caer en las dinámicas que llevan a muchas mujeres a no perseguir carreras STEM. Qué mal.

Sin embargo, aquí estoy. Aquí me ha traído el perseverar y llevarme la contraria, el apoyarme en compañeras con vivencias similares y en compañeros dispuestos a escuchar. Es necesario que las mujeres nos veamos como personas capaces y no sólo trabajadoras, como individuos con ideas novedosas y relevantes. Tenemos mucho que aportar, pero también es necesario que se nos tenga en cuenta, tanto al hablar de igualdad de género como al hablar de nuestras áreas de trabajo y estudio.

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