Gobiernos, ciberataques y ciberseguridad, ¿una de 007?

#Soul tech

06.06.2023 Tiempo de lectura: 6 minutos

Estíbaliz Bartolome Fernández

Ilustración: Saioa Ispizua

GovTech es la palabra de moda que responde a la necesidad imperiosa de modernizar y digitalizar la Administración Pública y, como no, las bondades que esto traerá a la sociedad.

No obstante, pese a que las posibilidades que ofrece la informática y la globalización de las telecomunicaciones son incuestionables, a las personas expertas en materia de ciberseguridad no se nos escapa que abren un abanico de posibilidades al ciberespionaje, sabotaje, extorsión y vulneración de derechos, entre otros. Y aunque esto suene a peli de ciencia-ficción, lamentablemente, es ya una realidad desde hace años.

Paralizar el sistema financiero, la distribución energética, el transporte, el sistema sanitario de un país u otras infraestructuras críticas por medios informáticos, cada vez es más factible debido a la conectividad de los sistemas que hasta ahora permanecían aislados. En la sociedad que hasta ahora conocíamos, sabotear una infraestructura crítica solo estaba a la altura de agentes como 007, pero hoy en día, esto es posible a golpe de clic.

De hecho, no se trata de algo nuevo, existen varias batallitas históricas que a los y las informáticas nos gusta contar en las cenas de Navidad y que ilustran bastante bien esta situación.

LA BATALLITA DE ESTONIA

Podemos remontarnos al año 2007 y viajar hasta Estonia, país referente en lo que a digitalización de la administración se refiere. Pero como ya os advertía al principio de este artículo, no es oro todo lo que reluce, y debido a la gran dependencia digital del país, ese año, Estonia fue víctima de forma sostenida, durante semanas, de varios ataques de negación de servicio, en los que redes de robots informáticos enviaron cantidades masivas de mensajes y solicitudes online para saturar los servidores de varios organismos oficiales, entidades financieras y sitios comerciales.

Esto impidió a la ciudadanía estonia hacer vida normal y llevar a cabo acciones cotidianas como acceder a sus cuentas bancarias online o realizar sus compras por Internet. Además, en el caso del sector financiero el ataque fue más allá. Los bancos estonios, por temor a la vulneración de sus sistemas, siguiendo el principio de prudencia: decidieron paralizar su servicio. Fue en ese momento cuando el equipo que dirigía el ataque decidió suplantar la identidad de estas organizaciones para asaltar otras entidades internacionales, provocando que la comunidad internacional financiera aislara la red bancaria de Estonia.

LA BATALLITA DE NATANZ

Otra de nuestras pelis favoritas es una que lleva por título Stuxnet, que en realidad es el nombre de un virus del 2010 conocido por haber atacado una central nuclear iraní llamada Natanz (así, ¡a lo grande!). Y sí, hablamos del año 2010, porque como decía, esto no es nuevo.

Por dar un poco de contexto, en los años 80, Irán consiguió hacerse con los diseños robados a Europa de unas centrifugadoras usadas en el proceso de enriquecimiento de Uranio. La complejidad de los sistemas les hizo no poder replicarlo completamente y tener que establecer procedimientos para reponerlas, ya que sus versiones fallaban a menudo. Estos procesos eran complejos, suponía paralizar fases del proceso productivo y tener que liberar parte de la presión generada mediante unas válvulas que ellos mismos diseñaron. Estas válvulas se convirtieron en el primer foco de ataque de Stuxnet.

Las válvulas de presión se monitorizaban con unos controladores, y Stuxnet se infiltró haciéndose pasar por un archivo de configuración de estos. En esta primera versión, el virus no era capaz de propagarse y actuaba de forma discreta:

  • Dejaba que la producción siguiese su curso de forma natural.
  • Aislaba las etapas de las centrifugadoras de forma que subiera la presión, y descalibraba los sensores de forma que las válvulas de escape no funcionaran.
  • Proporcionaba al sistema de control unas lecturas que reproducía en bucle, de forma que el comportamiento a ojos del equipo de ingeniería era aparentemente normal.
  • Decidía cuándo parar el ataque.

Esto último era debido a que el objetivo no era destruir la planta, lo que hubiera causado la investigación y solución del problema, sino pasar desapercibidos causando muchos más problemas en los rotores, propiciando paradas, y manteniendo al equipo de ingeniería ocupado en todos estos fallos retrasando el programa nuclear.

La segunda versión de Stuxnet, en cambio, sí se propagaba infectando unidades USB para transmitirse entre equipos y con el tiempo alcanzar su objetivo final: los controladores de velocidad de los rotores de las centrifugadoras, un punto débil del sistema.

Una vez al mes, Stuxnet tomaba el control de los rotores y reducía considerablemente su velocidad para inmediatamente volverla a elevar haciendo pasar a los sistemas por velocidades críticas que reducen su vida útil.

Y es así, como sin necesidad de llevar a James Bond a Natanz, el virus consiguió ralentizar la producción de la central nuclear.

LA BATALLITA DE PARIS

Pero es que no hace falta irse tan lejos. Durante las elecciones presidenciales del 2011 de Francia, en nuestro país vecino, se llevó a cabo un ciberataque contra los sistemas del Palacio Elíseo mediante un método tan simple como el phishing.

Las víctimas recibieron una invitación falsa a recursos de la red local del Palacio a través de su correo electrónico, que a su vez habían conseguido agregando a sus objetivos a Facebook. El enlace que se recibía por correo llevaba a una web falsa que solicitaba la introducción del código de usuario y contraseña de la víctima. Una vez robadas las credenciales con este método, las personas atacantes introdujeron un virus espía en los ordenadores objetivo, que a su vez se propagaba e infectaba otras máquinas de la red presidencial francesa.

Entre las capacidades del virus destacaban la posibilidad de realizar capturas de pantalla, copiar archivos y grabar audios. Consiguieron así, colocar un micro en cada despacho.

Entre los ordenadores afectados destacan los de los asesores del entonces presidente Nicolas Sarcozy, de los que se obtuvieron notas secretas y planes estratégicos del gobierno francés.

Simple, barato, efectivo y sin riesgo. Es hora de jubilar a Bond.

LA BATALLITA DE EE.UU.

Pero ¿y qué me decís de la trama de manipulación y propagación de fakenews a través de Facebook para influir en la opinión pública estadounidense y su voto en las elecciones presidenciales de 2016?

La trama consistió en la creación masiva de perfiles falsos en Facebook, diseñados para parecer de origen estadounidense pero que, en cambio, estaban gestionados desde países extranjeros, a través de los cuales se publicaban fakenews y contenido controvertido.

Con 2.900 millones de cuentas activas en todo el mundo (175 en Estados Unidos), el poder de Facebook es enorme. Las publicaciones falsas y engañosas, a menudo diseñadas para ser sensacionalistas y provocativas, llegan a una audiencia masiva en cuestión de segundos, generando una burbuja de información que refuerza creencias y actitudes de quienes las consumen, aumentando la polarización y desinformación en la sociedad. En este caso, además, se pudo demostrar el uso de publicidad pagada para maximizar su difusión y llegar a audiencias específicas de interés electoral.

¿QUIÉN COMIENZA LA GUERRA?

Pues vaya usted a saber… la atribución de estos ataques a gobiernos o grupos de interés concretos se suele realizar deduciendo quién pudiera ser el mayor interesado debido a su estrategia política.

Las malas lenguas dicen que en el caso de Estonia los ataques tenían como origen Rusia, y que las fuerzas de seguridad estonias consiguieron identificar a las personas implicadas, si bien el gobierno ruso negó cualquier implicación con los sucesos y rehusó llevarlas ante la justicia. En el caso de Stuxnet, a pesar de que no está demostrado, todas las miradas apuntan a Estados Unidos e Israel. En el de las elecciones estadounidenses, un informe de inteligencia concluyó que fue Rusia quién trató de influir en las elecciones a favor de Trump.

Pero como digo, no existen pruebas indudables de que sean los ejércitos de estos países quienes hayan organizado o llevado estos ataques, que, con frecuencia, se suelen realizar bajo falsa bandera.

Pero como digo, no existen pruebas indudables de que sean los ejércitos de estos países quienes hayan organizado o llevado estos ataques, que, con frecuencia, se suelen realizar bajo falsa bandera.

Así que, sí, dejar bloqueado un país, atacar infraestructuras energéticas críticas, espionaje gubernamental, o manipular la opinión pública e interferir en elecciones presidenciales son solo algunos de los ejemplos de lo que se puede hacer detrás de un ordenador. ¡Casi nada!

Pero, aunque no hay nada que nos guste más que un buen clásico, este artículo podría ocupar páginas y páginas con otros ataques similares y más recientes ya que, por desgracia, tenemos guion más que de sobra para una serie de Netflix.

Pero, si os parece, esto lo dejamos para la próxima temporada.

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