La violencia contra la infancia en el deporte va más allá de lo físico: el maltrato verbal también deja huella

En muchas ocasiones seguimos teniendo un concepto muy limitado de la violencia contra la infancia en la práctica deportiva. Esto significa que solamente consideremos como violencia aquellas situaciones que son visibles, o aquellas situaciones teóricamente más graves.

Por otro lado, se siguen entendiendo como normales determinadas prácticas, acciones, comentarios, maneras de entrenar y formas de entender la competición, cuando realmente encierran un elemento objetivamente violento.

Seguimos enfrentándonos por lo tanto a situaciones que nos invitan a pensar que la violencia contra la infancia ocurre de manera excepcional en la práctica deportiva.

Una de las prácticas que está extendida de alguna manera en algunos estilos de entrenamiento tiene que ver con la violencia verbal. Se trata de todas aquellas conductas que históricamente han sido relativizadas o minusvaloradas entendiéndolas como normales, en las que se emplean palabras inadecuadas, comentarios hirientes, gestos de desprecio o tono desafiante en el estilo de entrenamiento que reciben muchos niños, niñas y adolescentes.

Cuando se habla de violencia contra la infancia la primera imagen que a la persona le suele aparecer es la violencia física o sexual Es por lo tanto muy importante comprender que existen muchos otros tipos de violencia contra la infancia en el deporte. Y sobre todo es importante pensar que hay muchas otras formas de violencia contra la infancia que suponen un impacto directo en su bienestar. Y esto es importante sobre todo en las diferentes etapas de desarrollo de la infancia, puesto que sufrir maltrato verbal puede tener también unas consecuencias importantes en el bienestar actual y futuro de los niños, niñas y adolescentes que la sufren. Algunos estudios internacionales así lo reflejan concluyendo que sufrir abuso verbal durante los primeros años de vida tiene un impacto similar al del físico sobre la salud mental en la edad adulta.

Cada fin de semana podemos escuchar diferentes frases, comentarios, gritos no solamente realizados desde los banquillos, bandas por personas referentes adultos deportivos, sino que también pueden provenir de la grada donde se sitúan las familias de los niños, niñas y adolescentes que practican deporte. Frases como las siguientes no están sacadas de ninguna serie, de ninguna plataforma digital, sino que están extraídas de las propias competiciones de deporte escolar:

  • Eres gilipollas.
  • Eres un inútil.
  • Como sigas jugando así te vas a marchar de equipo
  • Eres una nenaza.
  • Por tu culpa hemos perdido el partido y lo haces siempre queriendo.
  • Con todo lo que trabajamos para preparar los partidos, así es como te comportas.
  • Te pesa el culo.
  • Te veo las lorzas desde el otro lado del gimnasio.
  • A ver si l@s quita ya que nos van a hacer perder el partido.

Todas estas frases tienen todavía una mayor carga de profundidad si entendemos que se suelen producir en un espacio y ambiente público. Alguna de estas frases, o comentarios similares los hemos podido escuchar directamente, o hemos podido escuchar testimonios de personas que los han vivido. La inmediata reflexión que nos produce como personas preocupadas por el bienestar de los niños, niñas y adolescentes, es que si este tipo de frases se producen públicamente, qué estará sucediendo en aquellos espacios dónde existe una mayor intimidad e invisibilidad.

No podemos permitir en la práctica deportiva de nuestros niños, niñas y adolescentes que se produzcan con normalidad este tipo de comentarios y estilos de comunicación. La normalización de estas conductas tampoco puede ser justificable en el rendimiento deportivo. La exigencia, la responsabilidad, el sacrificio, la constancia son elementos que están ineludiblemente aparejados a la experiencia deportiva. Obviamente debemos acompañar a los niños, niñas y adolescentes en la comprensión y la puesta en práctica de estos valores irrenunciables. Pero para ello no se puede permitir ningún tipo de maltrato, o no se pueden permitir conductas violentas objetivamente que teóricamente pretenden la mejora deportiva de las personas menores de edad. Ambas cosas no son solamente compatibles, sino que deben ser necesarias y nosotros como personas adultas que rodean la práctica deportiva no debemos permitirlo, normalizarlo y dejarlo pasar.

Puede que no se trate de un reto sencillo, puede que suponga intentar cambiar algunos elementos que han sido habituales dentro de la cultura deportiva. No se trata solamente de prevenir situaciones de violencia, de erradicar situaciones de violencia y de evitar que exista un impacto negativo en el bienestar de cualquier persona menor de edad. Nuestro objetivo esencial debería de ser generar una cultura en la que tratar bien/buen trato sea sinónimo de cualquier actividad deportiva en la que participen personas menores de edad.

Ojalá se erradique de raíz esa creencia extendida en el mundo del deporte, que confunde la disciplina y la responsabilidad con el maltrato y la violencia.