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LAS MINAS: transformación humana del paisajeVolver

Desde tiempos remotos, el hombre ha extraído de la tierra gran cantidad de minerales que le han ayudado tanto a subsistir como a realizar grandes obras. Parte del territorio de Bizkaia se ha visto modificado en su relieve por las minas que surcaban toda su geografía. El filón de hierro más importante, incluso comparado con otros allende nuestras fronteras, fue el del Valle de Somorrostro, cuya explotación causó una profunda alteración en el paisaje.

VALLE DE SOMORROSTRO

El Valle de Somorrostro comprende históricamente los municipios de Muskiz, Abanto y Ciérvana/Abanto Zierbena, Zierbena, Santurtzi, Ortuella, Valle de Trápaga/Trapagaran y Sestao, aunque en la cuenca minera de dicho nombre hay que incluir los concejos de Galdames y Sopuerta. Conocido desde la antigüedad, como lo atestiguan los restos romanos allí encontrados, fue citado por Plinio en el año 67, que lo conoció al ser enviado como procurador a Hispania. En su obra Naturalis Historiae, al referirse a las minas, habla de “…un monte áspero y alto de hierro, algo maravilloso de ver…”. Durante siglos se extrajo el mejor hierro de Europa por su calidad, además de que su explotación era sencilla por estar en afloramientos de superficie.

A lo largo del río Oiola se han hallado restos de ferrerías de aire, método utilizado hasta la Edad Media, imponiéndose a partir del siglo XIII las ferrerías hidráulicas (ferrería de El Pobal). Asentadas en las riberas bajas de los ríos, constaban de un edificio al que por un canal llegaba el agua que, en un salto, hacía mover el eje impulsado por un molino, transmitiendo la fuerza al fuelle que avivaba el fuego y los grandes martinetes utilizados para forjar el hierro. Las primeras ferrerías se encontraban en la montaña, donde abundaba el arbolado necesario como combustible.

Hasta finales del siglo XIX no se comenzó con la gran explotación minera; los habitantes del Galdames, Muskiz, Barakaldo, Trapagaran, Ortuella y Sopuerta, compaginaron sus labores agropecuarias con las de extracción y acarreo del mineral hacia los puertos. Tras la Segunda Guerra Carlista se implantó en Bizkaia la Ley Estatal de Minas, que favorecía la concentración y explotación exhaustiva de los yacimientos, lo que, junto a la aparición del convertidor Bessemer, llevó la gran revolución a la minería y siderurgia vizcaínas. La buena calidad del mineral, su fácil explotación y su cercanía a la costa, fueron las razones determinantes que atrajeron a las grandes compañías extranjeras a las minas de Somorrostro.

LA EXPLOTACIÓN MINERA

La explotación, a cielo abierto, se efectuaba con barrenos, perforando manualmente los bancos con barrena y mazo, si bien en las primeras etapas de la minería se trabajaba con picos y azadones. Fue a partir de 1903 cuando comenzaron a utilizarse martillos de perforación a vapor y martillos eléctricos, finalmente reemplazados en tiempos más modernos por excavadoras. Las voladuras se realizaban con dinamita, utilizando en la década de los años veinte la sabolita. Tras la voladura se procedía al troceado del mineral, realizándose la selección, carga y transporte. El primer paso era llevar el mineral hasta los ferrocarriles, para que llegaran a puerto o bien a Altos Hornos. Existían varios métodos para bajar el mineral desde las explotaciones: los planos inclinados, pendientes por donde se desplazaban las vagonetas movidas por un cable tractor (sistema cable), o por una cadena (sistema cadena flotante); o los tranvías aéreos, que eran una serie de postes que sustentaban cables de los que colgaban los baldes. Después, el mineral era transportado por la vasta red de ferrocarriles mineros. En Pobeña aún puede verse el único cargadero de costa, desde donde el mineral era exportado a diversos estados europeos (véase área recreativa Siete Robles).

Cuando el mineral se agotó tuvieron que abrirse galerías, utilizando además el material anteriormente desechado en las escombreras. Este mineral “rubio” se hallaba mezclado con arcillas, siendo preciso lavarlo para poder eliminarlas. Para ello fue preciso construir lavaderos de mineral, canales de agua y balsas de decantación (véase área recreativa Parque Las Balsas de la Baluga), lo que provocó un nuevo cambio del paisaje, pues aparecieron “lagos” y zonas muy llanas y lodosas procedentes de la decantación del agua tras el lavado del mineral. Los carbonatos comenzaron a explotarse a partir de 1881, y eran calcinados en hornos (véanse áreas recreativas de Santa Ana de La Baluga y Siete Robles) para convertirlos en óxidos.

En 1848 surgió el primer alto horno, el de Santa Ana de Bolueta, que se alimentaba con carbón vegetal. En 1882 nacieron los Altos Hornos y la Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao, que posteriormente constituyeron Altos Hornos de Vizcaya, buque insignia de la industria vizcaína durante décadas.

Tras la Primera Guerra Mundial, el ritmo de explotación en las minas empezó a disminuir, comenzando el declive a partir de los años treinta, debido al agotamiento de las reservas. La última explotación minera se cerró el año 1993, la Mina Bodovalle de Gallarta, con una galería que se adentra en el mar unos 400 m. Esta exhaustiva actividad de explotación minera a gran escala supuso la creación de una gran infraestructura, dejando una honda huella en el entorno, con profundos cráteres y enormes grietas que se alternan con lagunas artificiales, escombreras...

El sistema de explotación exigía abundante mano de obra, que se cubrió en gran parte con emigrantes procedentes del País Vasco y del norte de España en general, con la lógica creación de barriadas mineras. El núcleo principal se situó en La Arboleda, fundada el año 1877, donde llegarían a asentarse varios miles de habitantes. En la época de mayor auge los mineros llegaron a ser unos veinte mil, y las durísimas condiciones de trabajo y el hacinamiento fueron causa de accidentes, infecciones y epidemias. Cabe destacar la epidemia de cólera que se inició el 5 de octubre de 1885 en toda la zona minera, diezmando la población en Bizkaia. En 1880 surgió el primer hospital minero en Gallarta, una sucursal de éste en Matamoros-Burtzako (Zugaztieta/La Arboleda) y otro en el Cerco (Galdames).

A partir de 1886 los mineros se asociaron en movimientos sindicales que convirtieron la zona en un centro de lucha obrera, para reivindicar mejoras en sus condiciones de trabajo, tales como jornada de 8 horas, fijación de un salario mínimo, y una legislación que protegiera a los inválidos.

En Gallarta se encuentra el museo minero, que cuenta con fotografías y materiales de esa época; en el Centro de Interpretación de Peñas Negras también encontraremos diversa documentación gráfica sobre el tema.

ITINERARIO

Este recorrido de gran interés ecológico y paisajístico nos conducirá, a través de antiguos caminos mineros, a la impresionante cueva de Urallaga, que cobija en su interior a la ermita de La Magdalena. Durante el recorrido veremos las ruinas de poblados mineros, como El Pico y Urallaga, que en otra época conocieron un bullicio incesante de gente y un estruendoso rugir de máquinas que robaban a la tierra sus preciosos materiales, y que hoy hasta los más viejos han olvidado.

El parque Atxuriaga, situado en la carretera local que une los barrios de San Pedro (Galdames) y El Arenao (próximo a Sopuerta), es el inicio de esta excursión. Desde el final del aparcamiento de dicha área nos dirigiremos por una pista de tierra, antiguo trazado del ferrocarril minero de Galdames. Dicho ferrocarril fue puesto en funcionamiento en el año 1878 por la Compañía Bilbao River, que partiendo de Galdames llegaba a Sestao tras recorrer 23 km, enlazando con un ramal hacia Sopuerta y otro a Castro Urdiales.

Tras cinco minutos de marcha abandonamos ese camino, prosiguiendo por la pista que sale a la derecha. La vegetación está compuesta mayoritariamente por sauces y vistosos plumeros, al ser una zona muy húmeda, asentada sobre los restos de la Mina Berango. La pista se empina y en una pendiente constante sube trazando amplios zigzags bajo un arbolado de robles y pinos, alcanzando, al cabo de unos treinta minutos desde nuestra salida, una zona abierta junto a una fuente y las ruinas de una casa, pertenecientes a la desaparecida barriada de El Pico. Desde aquí puede contemplarse Galdames, el monte Ubieta al frente y a la derecha la vega de Sopuerta. La pista que llanea se dirige a una vaguada sobre la que se asienta una escombrera de mineral, siendo recomendable dirigirse por ella para descubrir este espectacular paisaje.

Continuamos por la pista, siempre en ascenso, rodeando el descomunal vacío dejado por la Mina Rita, explotación realizada a cielo abierto. Bajo una plantación de eucaliptos la pista traza un nuevo giro, cruzando un bosquete de roble común, marojo, avellano y castaño, contemplándose desde otra perspectiva el profundo cráter de la mina. Por un terreno más rocoso, bajo la peña San Juan, se alcanzan las ruinas del poblado de Urallaga, enclavado en un bello paraje protegido por fresnos, y rodeado por verdes pastizales parcelados. Este asentamiento humano tuvo tanta importancia durante la época dorada de la minería que la alhóndiga de Galdames se emplazó en este lugar.

Por la derecha, un camino herboso bajo el robledal pierde altura y cruza la vaguada, apareciendo ante nuestros ojos el espectacular paraje de la cueva de Urallaga; habremos empleado aproximadamente una hora y cuarto desde el Parque Atxuriaga. Un plano inclinado, al que hay adosado un antiguo muro de una presa, se introduce por el interior de la amplia boca de la cueva. Justo por debajo de ella brota, de una galería, el caudaloso arroyo de Eskatxabel.

La humilde ermita de La Magdalena se encuentra situada a la entrada de la cueva de Urallaga, junto a una sima, realizándose una romería de gran arraigo popular, sobre todo en La Arboleda, el día 22 de julio, a la que acude numerosa gente a caballo.

Desde Urallaga un sendero asciende hasta la zona de El Sauco, desde donde pueden realizarse numerosas travesías y excursiones.

Mapa