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Historia del parque natural de Urkiola

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LAS HUELLAS DE LA HISTORIA

 

Montes de Urkiola al atardecer (Ampliar en una nueva ventana)

La constitución del Parque Natural en torno a la Sierra de Urkiola y su situación indudablemente privilegiada en comparación con las zonas aledañas, intensamente ocupadas y transformadas, podría hacer pensar que nos hallamos ante un reducto natural en sentido estricto, ante una porción de la Naturaleza nada o poco modificada. La realidad es bien distinta puesto que es la acción que durante siglos ha ejercido el hombre en este espacio la que le ha otorgado su actual fisonomía.

Monte de Anboto (Ampliar en una nueva ventana)

El paisaje que a nuestros ojos ofrece hoy el entorno de Urkiola es fruto de una constante y prolongada explotación de sus recursos, fundamentalmente pastoriles y forestales. Esta actividad ha ido modificando el manto vegetal, alterando las especies arbóreas y reduciendo el bosque a favor del pastizal. Así, aún cuando el grado de habitacion u ocupación permanente sea débil, la zona es claro exponente de humanización.

La acción del hombre sobre este medio no se ha limitado, además, al puro nivel económico. La aureola mítica y la intensa sacralización que envuelve a estos parajes constituye otro destacado rasgo de humanización. El nombre de Urkiola viene inevitablemente asociado al de los Santos Antonios, Abad y de Padua, cuyo Santuario se levanta majestuoso entre las numerosas ermitas que jalonan la zona. Al mismo tiempo, la mitología vasca sitúa en una gruta de la cercana Peña de Anboto la morada principal de Mari -La Dama de Anboto-, el genio femenino que preside una extensa corte de figuras míticas y a quienes las leyendas también dan cobijo en las cuevas de estas montañas. La Historia ha sellado en los montes de Anboto, Urkiola, Balzolamendi o Untzillatx un complejo y contradictorio mundo de creencias y mentalidades.

El desfiladero de Atxarte (Ampliar en una nueva ventana)

Estos rasgos de espacio ganadero-forestal y de figuración mítico-religiosa podrían llevar, quizás, a considerar a Urkiola como un área marginal. Ciertamente, desde hace siglos la población bizkaina ocupa preferentemente los fondos de valle, en los que centra sus actividades económicas y sociales. Ello no obsta para que, tanto desde el punto de vista económico como desde el mental-religioso, el ámbito del Parque haya estado plenamente integrado en su universo cotidiano. A él ha llevado secularmente a pastar sus rebaños, en él se ha surtido de la madera y piedra para levantar sus viviendas y mover sus ferrerías o de la leña para calentar sus hogares, y a él ha recurrido en petición de ayuda o protección de fuerzas y poderes considerados superiores. El espacio de Urkiola es, y ha sido a lo largo de los tiempos históricos, un ámbito complementario pero indispensable de la vida focalizada en sus estribaciones.

El desfiladero de Atxarte se presenta como un lugar idóneo para el trampeo de los animales por parte del hombre del Paleolítico. En torno a él se documenta la vida humana en las cuevas de Bolinkoba, Oyalkoba, Albistei, etc. En una de sus montañas, Gurutzegorri, se abre la caverna de Sugarzulo, supuesta morada de Sugaar (el culebro), marido de Mari en algunas leyendas y en otras, casado con una princesa de Mundaka y de cuya unión nació Jaun Zuria, primer Señor de Bizkaia.

En esta prolongación hacia la zona montañosa que los núcleos de Abadiño, Durango, Mañaria o Dima han necesitado para su subsistencia y desarrollo, sobresale la vía de comunicación que discurre por el Puerto de Urkiola. No sólo la comarca del Duranguesado, sino incluso los núcleos de la costa oriental bizkaina necesitaban de las relaciones comerciales que se canalizaban por el camino de Urkiola. La edificación del Santuario de San Antonio, al parecer desde el templo más antiguo, de manera que su tejado enviara las aguas a dos mares distintos. La mitad al Ebro y con él al Mediterráneo y la otra mitad al lbaizábal-Nervión y con él al Cantábrico, parece simbolizar esta función de enlace y comunicación que desde hace siglos viene desempeñando Urkiola.

Pastos y madera, mitos y religión y vía de comunicación podrían servir de señas de identidad de la acción que el hombre ha ejercido sobre estas Sierras a lo largo de la Historia.

Pero, penetrando bajo ellas, se penetra también en épocas más remotas de la vida del hombre y en las cuales su existencia tenía como centro principal este ámbito montañoso. Los abrigos roqueños, las cuevas y cavernas que se abren en sus macizos y sierras han conservado importantes y abundantes vestigios prehistóricos. La notoria actividad que en su día desplegara D. Jose Miguel de Barandiarán y los estudios posteriores de D. Jesús Altuna, D. Juan María Apellániz y D. José María Basabe, entre otros, han puesto de relieve la constante ocupación de este espacio en los tiempos prehistóricos, aquellos que asistieron a la aparición del hombre y su evolución hasta el tipo vasco actual.

El HOMBRE PREHISTORICO EN LAS SIERRAS DE URKIOLA

El recorrido por los yacimientos prehistóricos del área de Urkiola nos traslada miles de años atrás, hasta la época del Paleolítico Medio (90.000-32.000 a.C.). A la cultura de esta época, llamada también Musteriense, pertenecen los restos hallados en el abrigo bajo roca de Axlor - Axlegorpe o Axlegor -, uno de los yacimientos más antiguos de Bikzaia.

La cueva de Axlor se sitúa en el monte Urrestei en el término llamado Kobalde -Indusi, Dima -, cercana al gran arco natural conocido como Jentilzubi y a unos 15 mts. sobre el barranco que desciende a la encañada de Indusi. Fue descubierta por José Miguel de Barandiarán en 1932 y objeto de sucesivas campañas de excavación dirigidas por él entre 1967 y 1974, así como de posteriores estudios de sus restos faunísticos y humanos.

Entrada de la cueva de Bolinkoba (Ampliar en una nueva ventana)

La cueva de Bolinkoba situada en la falda del Untzillatx, y que mira al Desfiladero de Atxarte, es uno de los yacimientos más representativos e importantes del ámbito prehistórico vasco. Su importancia se debe a la calidad de sus materiales arqueológicos que comprenden un amplio período cultural del Paleolítico Superior. Fue excavada por J. M. de Barandiarán en 1932.

Turritella (Ampliar en una nueva ventana)

El tipo humano y el medio ambiente que imperaban en aquella época eran bien diferentes a los actuales. El Homo primigenius o de Neanderthal es el primer tipo humano constatado en los yacimientos vascos y, a él pertenecen concretamente los restos humanos -5 piezas dentales- de Axlor. En este Homo sapiens neanderthalis se inicia la cadena de evolución que llevará a la constitución del tipo de hombre actual.

 

Tres piezas dentarias (Ampliar en una nueva ventana)

El hombre del Paleolítico Superior da muestras de su sensibilidad artística en el origen y desarollo del arte parietal y mobiliar. Prueba de ello, son estos colgantes de concha de molusco Turritella que presentan una perforación en su cara dorsal y es utilizado para el ornato personal. Pertenece el nivel C (Magdaleniense lll) de la cueva de Bolinkoba.

Tres piezas dentarias que se identifican con el tipo humano de Neanderthal, hallados durante la excavación del abrigo roqueño de Axlor, y que corresponderían al periodo del Paleolítico Medio o Musteriense que se extiende entre los años 90.000 y 32.000 a.C. aproximadamente.

Ese hombre primitivo se desenvolvió en un clima húmedo y muy frío que constituye el comienzo de la última de las glaciaciones que conoció la Prehistoria, la Würmiense. Aunque las fases mas crudas de esta glaciación tengan lugar en épocas paleolíticas más avanzadas, los restos faunísticos de Axlor corresponden ya a especies de clima frío. Tales restos se caracterizan por la abundancia de cabra montés y de gran bóvido, seguido de ciervo y caballo, con presencia también del oso de las cavernas y el reno.

Estas especies eran objeto de la ocupación principal de aquellos hombres: La caza, al ojeo y, trampa, practicada en equipo. Espantando a los animales de las zonas montañosas y provocando su huída hacia las encañadas de los valles, se les hacía presa mediante trampas o lanzamiento de armas arrojadizas. Era la única manera de capturar aquellas especies animales contando tan sólo con instrumental fabricado en piedra tallada. Entre los restos del utillaje de Axlor -denticulados, puntas, y, en destacado porcentaje raederas ... - y junto a las armas de caza, se hallan útiles aptos para el trabajo de madera y cuero, lo que hace pensar en actividades subordinadas probablemente a aquélla.

La localización de las cuevas de habitación del hombre musteriense sintetiza con claridad los rasgos dominantes en su época: clima frío y, economía depredadora. El frío reinante le orientaría a buscar refugio en las cavernas que, por debajo de los 400 m sobre el nivel del mar le daban abrigo. Las situadas sobre las confluencias de los ríos y, los valles y, desde las que se dominara un desfiladero o un barranco serían las más idóneas para su actividad cazadora y, por lo tanto las preferidas, como Axlor. En ella se encuentran los primeros indicios de religiosidad, materializados en los enterramientos.

Entre los años 32.000 y 8.500 a.C. se distingue una nueva epoca prehistórica, el Paleolítico Superior. A ella pertenece el importante yacimiento de Bolinkoba -Mendiola, Abadiño-, situado en las faldas del Untzillatx y sobre el desfiladero de Atxarte y, descubierto también por José Miguel de Barandiarán en 1.931. El mismo dirigió las excavaciones en 1.932 y 1.933, junto a Telesforo de Aranzadi, distinguiéndose seis niveles arqueológicos con gran variedad de materiales que cubren con pocas excepciones todas las fases del Paleolítico Superior.

Campa de Asuntze (Ampliar en una nueva ventana)

Al igual que en el entorno del monte Saibigain, en la campa de Asuntze existen indicios de la existencia de megalitos.

RELACIÓN DE CUEVAS EXISTENTES EN EL PARQUE

Ajuar arqueológico (Ampliar en una nueva ventana)

En 1.932-33, J.M. de Barandiarán dirigió la excavación en la cueva de Bolinkoba junto a su gran amigo Telesforo de Aranzadi. El nivel C (Magdaleniense lll) fue uno de los más importantes por la abundancia de ajuar arqueológico que contenía: raspadores, buriles, etc... entre los que destacaban el rico material fabricado en hueso, como esta pieza de sección triangular y punta muy afilada donde se puede ver la cabeza de un pez o de un ave.

Algunas de estas fases también se hallan documentadas en las cuevas de Baltzola -Indusi, Dima- y Silibranka -Mañaria-; la primera, en el monte Balzolamendi, frente al abrigo de Axlor y, junto a Jentilzubi y la segunda a la vera del camino que sube de Mañaria al barrio de Urkuleta, a pocos metros de la ermita de Sailleunta -San Lorenzo- y cerca del Peñón legendario llamado Deabrulabarra - Resbaladero del Diablo -.

El Paleolítico Superior manifiesta, junto a elementos de continuidad respecto a la etapa precedente, signos de profundos cambios. El más destacado sin duda es la aparición de un nuevo tipo humano, el del hombre del Cromagnon. A él se deben las primeras manifestaciones artísticas de los yacimientos vascos. No existe constancia de arte rupestre en esta zona de Urkiola, pero no por ello son menos indicativos de la complejidad conceptual y, espiritual de este hombre paleolítico los ejemplares de arte mueble hallados en Bolinkoba.

El animal es ahora objeto de representación artística y simbolización de sus inquietudes, creencias o sentimientos; pero continúa siendo también la base de su subsistencia. Las especies que habitaban entonces este territorio se corresponden con las de zonas árticas actuales, puesto que las fases más frías de la glaciación Würm tuvieron lugar en esta época. De los estudios geológicos y paleontológicos realizados se deduce que en la zona atlántica del País Vasco las temperaturas medias se situarían 12ºC por debajo de las actuales, oscilando entre los 0 y 10 grados bajo cero en invierno y entre los 5 y 15 grados sobre cero en verano. El nivel inferior de las nieves perpetuas rondaría los 1.000 mts. de altitud, retrociendo, en consecuencia, el bosque hasta quedar prácticamente reducido a pequeños pinares en los valles abrigados.

Compresor de las cabras monteses (Ampliar en una nueva ventana)

Compresor de las cabras monteses hallado en el nivel C (Magdaleniense lll) de la cueva de Bolinkoba. Ampliamente estudiado, parece representar una escena de apareamiento.

En este medio climático se desenvuelven el bisonte, el reno, el mamut o el zorro ártico, entre otros, con predominio del oso, del ciervo y, de las cabras monteses. Frente a ellos, la ardua lucha del hombre por la subsistencia impulsa el perfeccionamiento de las técnicas que, tanto en piedra como en hueso, le permiten contar con armas y, utillaje más variado y eficaz -láminas, raspadores, buriles, punzones, azagayas -. Incluso con atractivos objetos de adorno, como los collares fabricados con caninos atrofiados de ciervo y conchas de moluscos, indicio tanto del comienzo de la explotación de los recursos costeros como de esa mentalidad más compleja que manifiestan los hombres y mujeres de aquel tiempo, con una proyección artística y sensitiva diferente. Las representaciones de animales en útiles serían otra muestra de esa nueva cultura constatada en Bolinkoba: el compresor de las cabras monteses, haciendo quizás referencia a una imagen de apareamiento, la azagaya con incisiones esquemáticas de cáprido y el estilete emulando una pata de caballo son los ejemplares más sobresalientes.

Con el progresivo atemperamiento climático, hacia el 5.500 a.C. se abre la época del Mesolítico. El paisaje va adquiriendo una fisonomía más benigna y los bosques caducifolios van extendiendo su dominio. La fauna ártica desaparece totalmente de los niveles arqueológicos y el jabalí o el corzo se hacen habituales en este medio. En este nuevo ambiente se produce con probabilidad en este territorio, al igual que en el resto del País Vasco, la aparición del tipo humano vasco que conocemos en la actualidad; el hombre de Cromagnon evoluciona hacia la llamada raza pirenaica occidental, tal como lo atestigua la serie de cráneos de la no lejana cueva de Urtiaga - Deba -.

Esta evolución del hombre, del paisaje y de la fauna hacia formas que nos resultan familiares culmina en las últimas fases prehistóricas, desde el Neolítico a la Edad de los Metales. A ellas corresponden los vestigios hallados en las cuevas de Atxuri y Silibranka - Mañaria -, Baltzola, Baltzola ll - Dima - y Oyalkoba y Albistey - Abadiño -. Naturalmente, la piedra pulimentada y, la cerámica tienen presencia en ellas.

Tras la revolución cultural del Neolítico -3.200 a. C.-, con la conquista de la domesticación, el pastoreo se asienta como forma de vida fundamental en la zona montañosa del País Vasco. Uno de los rasgos dominantes que hoy sugiere el área de Urkiola, el de espacio pastoril, tendría por lo tanto su conformación en aquellos lejanos tiempos. E igualmente en ellos se destaca ya de forma considerable otro de sus actuales rasgos, el de su fuerte sacralización: el carácter sepulcral de las cuevas -Balzola, Oyalkoba, Albiztei y Jentilkoba de Mugarra- y de los dólmenes -Artatxaga y quizás Saiputxueta- manifiestan una honda inquietud de aquellos pastores por sus difuntos y la vida ultraterrena.

Estilete (Ampliar en una nueva ventana)

Estilete con el cuerpo acanalado en su extremo proximal y una base en relieve que representa la pata y casco de un caballo. pertenece al nivel D (Solutrense Medio) de la cueva de Bolinkoba.

Suele ser punto habitual, en estrecha relación con esta primitiva cultura pastoril, detenerse en dos fenómenos sobresalientes: la creación de poblados al aire libre y los enterramientos colectivos en dólmenes. Sin embargo, el área de Urkiola plantea cuestiones problemáticas a este respecto. La cueva pudo dejar de ser lugar exclusivo de habitación también en esta zona, pero no disponemos de vestigios sobre poblados al aire libre, quizás debido a lo perecedero de los materiales con los que fueron construídos y, por lo tanto, difícilmente detectables por la Arqueología. Por otra parte, los monumentos megalíticos tienen una presencia muy escasa en el territorio del Parque, casi excepcional tratándose de un ámbito pastoril. El hecho quizás obedezca también a las dificultades de detección, dado que en Bizkaia muchos de estos sepulcros han sido violados y destruidos. La creencia popular de que en ellos se escondían tesoros, versión desfigurada de los ajuares que acompañaban a los difuntos en estos enterramientos, ha sido el móvil principal de estos abusos. En su entorno, no obstante, se halla un buen número de estos enterramientos colectivos, construídos en base a varias losas hincadas en la tierra y sobre las que descansa otra a modo de cubierta, cerrando la cámara funeraria.

Cabe, sin embargo, pensar también en otras razones. La pervivencia de formas culturales a lo largo de las épocas prehistóricas se manifiesta con clara frecuencia en los niveles arqueológicos excavados en cueva. La ausencia o escasez de poblados y dólmenes podría ser otra muestra del arraigo de las formas tradicionales. Un ejemplo a citar sería la cueva de Baltzola, donde recientes excavaciones han permitido constatar un enterramiento colectivo, de al menos ocho individuos, acompañados de ajuares que parecen adscribirse a estas últimas épocas prehistóricas del Eneolítico-Bronce, en las que ya los dólmenes eran lugares usuales de enterramiento.

De hecho, este fenómeno se convierte en una constante en períodos posteriores. Las innovaciones que en otras zonas vascas se constatan en la Edad del Hierro han dejado nula huella en esta zona y, entrando ya en los tiempos históricos, tampoco tenemos registro certero de romanización en ella.

 
 

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