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Boletín OVGB
Marzo 2013 | Número 28


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 EL OBSERVATORIO 

Imagen de El Observatorio Diagnósticos urbanos participados: Entrevista a Dña. Ane Alonso Méndez (HiriaKolektiboa)

El Observatorio de la Violencia de Género en Bizkaia ha convenido, dentro de su planificación para 2013, incorporar, en la herramienta web Mapa de recursos en el ámbito de la violencia de género, información pertinente sobre las entidades locales del Territorio Histórico de Bizkaia que cuentan con Diagnósticos Urbanos con perspectiva de género y/o Mapas de la ciudad prohibida.

Consecuentemente, en el marco del proceso de recogida de datos anual se formulará una pregunta al respecto en el cuestionario que acostumbra a remitirse a los municipios y mancomunidades del Territorio.

Sírvanos este contexto para presentar la entrevista que Dña. Ane Alonso, integrante de HiriaKolektiboa, ha concedido al boletín en torno a los diagnósticos urbanos participados con enfoque de género, materia de su dedicación profesional.

Dña. Ane Alonso, arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Pública del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU), forma, junto a Dña. Amaia Albeniz, Dña. Oihane Ruiz y D. Koldo Telleria, el grupo de investigación y trabajo HiriaKolektiboa para profundizar en el ámbito del urbanismo incluyendo la perspectiva de genero y diseñando herramientas participativas con la aspiración de acercar el urbanismo a la ciudadanía en general y las mujeres en particular.

Lugares que ocupan los hombres y lugares que ocupan las mujeres en el espacio urbano.

A medida que la sociedad evoluciona dejan de repetirse tan claramente los tópicos imperantes hasta fechas recientes. Aunque no podemos decir que hombres y mujeres utilicemos los mismos espacios, ni en las mismas condiciones.

Los espacios relacionados con el cuidado (patios de colegio, zonas de juego, mercados, equipamientos sanitarios o asistenciales) siguen estando mayoritariamente ocupados por mujeres: trabajadoras o usuarias. La visibilidad de los hombres, en cambio, se hace patente en entornos representativos, institucionales y productivos, donde pervive la división en función de los roles de género.

Vinculadas a la movilidad —otra forma de utilizar el espacio público— también se evidencian las diferencias. Basta montarse en un autobús para comprobar que las usuarias mayoritarias del transporte público son mujeres; y, si miramos por la ventana de ese mismo autobús, veremos a los hombres como principales ocupantes de los vehículos privados.

Aplicando la desagregación por sexo y en función de sus peticiones, ¿la noción de mejora de las localidades asumida por ellos dista sustancial y cuantitativamente de la de ellas?

Las demandas de las mujeres van orientadas a mejorar la calidad del espacio público, de los equipamientos educativos, sanitarios y asistenciales —en definitiva, del cuidado—, así como del transporte público que además lo utilizan los colectivos fundamentalmente a su cargo: menores y mayores.

En nuestros proyectos trabajamos en especial con mujeres y desde la perspectiva de género, por ello tenemos menos identificadas las demandas de los hombres. Si pensamos en un hombre adulto, sano, motorizado, con recursos económicos y sin responsabilidades familiares, suponemos previsible que sus demandas vayan orientadas a facilitar el uso del coche para resolver la problemática del aparcamiento y del acceso a los centros de trabajo.

Durante la impartición de talleres para la elaboración de los diagnósticos urbanos participados, ¿HK dirige la visión de la ciudadanía y del personal técnico de la administración local o son ambos grupos los que revelan necesidades distintas, complementarias o alternativas a las usuales (englobadas en los parámetros Accesibilidad, Movilidad y Dependencia, Seguridad y Representación simbólica femenina en la arquitectura y en el equipamiento urbano)?

Este trabajo participativo es siempre un proceso recíproco de intercambio de información y saberes.

HK aporta el conocimiento teórico, los principios y fundamentos de la perspectiva de género, cómo aplicarla al urbanismo concienciando sobre la defensa del bien común y colectivo frente a la del individualismo al que nos aboca la sociedad consumista. Aporta las herramientas para visualizar, analizar y contrastar realidades urbanas, y articular así una crítica constructiva que promueva mejoras en la cotidianidad de las poblaciones.

“Varios factores repercuten en la percepción de un espacio como (in)seguro: la falta de control visual, ligado a la ubicación y el diseño del espacio en sí, la falta de continuo urbano o los espacios monofuncionales”

Ciudadanía y personal técnico aportan el saber específico, concreto, fruto de su experiencia como usuarias y usuarios de ese lugar, y la valoración según la adecuación a sus necesidades y demandas. Las aportaciones subjetivas de las personas participantes en el proceso, en paralelo al trabajo de campo, nos permiten elaborar un diagnóstico real del municipio en torno a los aspectos considerables desde la perspectiva de género: movilidad, equipamientos colectivos y espacio público, puestos en relación paralela con otros dos aspectos más: seguridad y representación simbólica.

La seguridad. ¿Por qué la existencia y persistencia de parajes insalubres, sin iluminación, en situación de abandono, con imposibilidad de control visual…?, ¿se fundamentan en razones económicas, de desidia administrativa, de irresponsabilidad ciudadana…?

Varios factores repercuten en la percepción de un espacio como (in)seguro: la falta de control visual, ligado a la ubicación y el diseño del espacio, la falta de continuo urbano o los espacios monofuncionales (con un único uso en un horario determinado: centros comerciales, polígonos industriales, ciudad deportiva…). La vigencia de espacios de estas características compete a los equipos profesionales que los diseñan y a la Administración que los permite.

La apariencia, el estado del lugar también repercute directamente en la percepción de (in)seguridad. Su mantenimiento corresponde a la Administración, aunque se vincula al buen uso, a la responsabilidad de quienes hacen uso de él. En muy contados casos, la ciudadanía o algún colectivo concreto es responsable del mal estado de un lugar.

La persistencia de este tipo de problemáticas tiene amplia casuística afín a cuestiones económicas relativas al coste de las obras de mejora o a la diversidad de competencias entre diferentes administraciones. Pero creemos que suele tratarse de una cuestión de voluntad. Intervenir para solucionar o mejorar el funcionamiento o percepción de cualquier lugar solo hace falta ponerlo entre las prioridades.

Asimismo, hacer a la gente participe de la definición y gestión del entorno es la mejor garantía. Un proceso de participación genera en la ciudadanía mayor responsabilidad en el uso y cuidado del espacio público y construye conciencia colectiva, clave para sentir nuestros pueblos, barrios y entornos como algo propio, que nos pertenece y que tenemos que cuidar.

¿Cómo articular las nociones de “convivencialidad”, “sentimiento de pertenencia a la comunidad” y “enfoque de género” para corregir las condiciones de vida en la ciudad de las mujeres?

Los objetivos finales de aplicar la perspectiva de género son mejorar la calidad de vida de las y los habitantes de un lugar y conseguir la cohesión social que redunda en una mejor convivencia en el entorno urbano.

“El enfoque de género pone en valor la vida cotidiana y el trabajo reproductivo frente a la sobrevaloración del trabajo productivo”

El enfoque de género pone en valor la vida cotidiana y el trabajo reproductivo frente a la sobrevaloración del trabajo productivo. Si hablamos de “capital humano” en vez de “acumular capital”; si hablamos de la vida en vez del trabajo (remunerado); si ponemos a las personas en el centro en vez de al automóvil, si hablamos de una ciudadanía diversa, compleja y cambiante en vez de un “ciudadano tipo”…, es aplicar el enfoque de género. Haremos ciudades más amables y acogedoras, donde será más fácil realizar las múltiples tareas que desarrollamos a lo largo del día, donde será más fácil relacionarnos con otras personas, iguales o diferentes, y crear vínculos, tejer redes, identificarnos con la comunidad, convivir en el espacio público, aprender a gestionar el conflicto…

En cualquier entorno con un fuerte sentimiento de identidad y pertenecía a la comunidad y una buena cohesión social, la vida sencillamente es más fácil y más agradable, para todos y todas, a lo largo de las diferentes etapas de la vida.

Municipios y Mancomunidad del Territorio Histórico de Bizkaia que disponen de Diagnóstico Urbano con perspectiva de género y/o Mapa de la ciudad prohibida



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