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Boletín OVGB
Marzo 2013 | Número 28


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 HERRAMIENTAS

Imagen de Herramientas Entrevista a Dña. María Naredo Molero (Asociación pro Derechos Humanos Argituz)

Licenciada en Derecho, Dña. María Naredo Molero, que ejerció de abogada defensora de los derechos de las mujeres, desde 1998 realiza investigaciones sobre violencia contra las mujeres y derechos humanos. Entre 2003 y 2006 coordinó en el Estado español la campaña de Amnistía Internacional “No más violencia contra las mujeres”.

Desde 2004 se dedica a la elaboración de investigaciones e informes para el monitoreo de las leyes y las políticas públicas contra la violencia machista.

Socia de Argituz desde 2011, ha coordinado el estudio “Necesidades, obstáculos y buenas prácticas en los itinerarios de salida de la violencia de género, desde la experiencia de mujeres del área rural de Araba”, financiado por la Diputación Foral de Araba y publicado en el año 2012.

Los objetivos de esta investigación han sido avanzar en el conocimiento de las necesidades y demandas de las mujeres que residen en pequeños municipios de Álava, en materia de atención, protección y justicia; y tratar de mejorar los mecanismos de detección de la violencia de género, a partir de una mayor comprensión de la violencia oculta.

Las entrevistadas para el estudio “Necesidades, obstáculos y buenas prácticas en los itinerarios de salida de la violencia de género, desde la experiencia de mujeres del área rural de Araba” coinciden en la dificultad de conjugar adecuadamente las medidas de protección frente a la violencia con su propia intimidad.

Reconocida ya la violencia de género como conflicto público, ¿permanece el control social tan férreo como cuando el fenómeno se circunscribía erróneamente al ámbito privado?

Del estudio se desprende que las mujeres entrevistadas (20 mujeres residentes en municipios alaveses de menos de 3.000 habitantes) en su salida de la violencia machista encuentran algunas trabas añadidas. La violencia machista aún sigue sin verse como una violación de derechos humanos. Salvo los casos más visibles de violencia física, aún es frecuente que la violencia de género en las relaciones íntimas se considere un problema privado, incluso un fracaso “de la mujer” en su relación de pareja. Desde este prisma, en un entorno de estrechas relaciones de vecindad, donde todo se sabe, el “qué dirán” se convierte para las mujeres en una traba añadida para salir de violencia y para pedir ayuda.

La investigación detecta doce obstáculos que traban la salida de la violencia (falta de reconocimiento de la violencia en particular psicológica, fluctuación en la calidad de la atención sanitaria, coordinación deficitaria, empobrecimiento económico, dificultad en el acceso a servicios de acogida, trato incorrecto por parte de agentes policiales o de representantes judiciales…).

¿No recibe el temor al maltratador la consideración de obstáculo?

“A la hora de retrasar la salida de las mujeres de la violencia resultan decisivos factores tales como la culpa o la naturalización de la relación violenta”

Sí, de hecho algunas mujeres identifican como obstáculo para la salida de la violencia el miedo a la reacción del agresor si rompen la relación de pareja o si denuncian las agresiones. Concretamente, hemos documentado tres tipos de amenazas ejercidas por los agresores con el fin de retener a las mujeres a su lado. La primera, ligada al hecho de que la separación pueda perjudicar a la mujer en su relación con sus hijos e hijas (el miedo a perder la guarda y custodia de las criaturas). La segunda, el miedo a una mayor violencia, a una agresión más fuerte, e incluso al asesinato, tras la separación o la denuncia. Y en tercer lugar, algunas mujeres también destacan, como barrera para la salida de la relación violenta, el miedo a que las amenazas de suicidio de sus agresores se hicieran realidad.

Sin embargo, resulta interesante apuntar que el miedo, siendo un obstáculo importante, no resulta tan decisivo a la hora de retrasar la salida de las mujeres de la violencia como otros factores, tales como la culpa o la naturalización de la relación violenta.

Sobre la 13.ª conclusión, Protección efectiva de los derechos de los hijos e hijas de las víctimas y garantía de los derechos económicos, en el documento se recomienda:

Los juzgados deberían tomar conciencia del impacto que dichos incumplimientos tienen sobre las mujeres víctimas y sus hijas e hijos, y ejercitar actuaciones más efectivas para la protección de los derechos de los hijos e hijas y para lograr que los agresores sean obligados a cumplir sus deberes respecto de las criaturas.

En este sentido, ¿qué papel referencial pueden desempeñar quienes han inferido violencia contra sus parejas o exparejas en la vida de sus hijas e hijos?

Resulta evidente que un agresor de género no puede ser una referencia positiva para sus hijos e hijas. En el estudio aparece patente el enorme daño que hace la violencia machista a las niñas y a los niños que la sufren en el entorno familiar y se realiza una crítica hacia determinada práctica judicial que parece actuar desde la premisa de que se puede ser un agresor y un buen padre a la vez. Así mismo, hemos constatado que una vez que las mujeres toman la decisión de poner fin a la relación violenta, algunos agresores ejercen otras violencias a través del último vínculo que les queda: los hijos y las hijas.

“En el estudio se realiza una crítica hacia determinada práctica judicial que parece actuar desde la premisa de que se puede ser un agresor y un buen padre a la vez”

Pero cuando planteamos que los juzgados deberían obligar a los agresores a cumplir sus deberes paterno-filiales nos referimos, por ejemplo, al impago de pensiones de alimentos como otra forma de violencia (económica) machista. Las mujeres entrevistadas nos relatan procesos de empobrecimiento tras la separación. Solo unas pocas reciben la pensión de alimentos de sus ex-parejas para contribuir al sostenimiento de las criaturas. Pese a lo cual,   en todos los casos documentados destaca la pasividad judicial frente a este tipo de impago, que tampoco parece ser contextualizado como parte de la estrategia de violencia de género.

Frente al maltrato contra las mujeres, fundamentado en el sistema patriarcal, la prevención y la atención integral… Pero, ¿hay algún nivel más, algo acaso más profundo que se nos escapa a las sociedades?

“Argituz se vale de los estándares internacionales para analizar las normas y la política pública contra la violencia machista en Euskadi”

En mi opinión, es esencial definir qué entendemos por prevención de la violencia machista. Se trata de un concepto que generalmente se relaciona con actividades de concienciación y de educación desde la escuela, pero creo que deberíamos ir más allá. Los relatos de las mujeres entrevistadas nos dan pistas sobre la complejidad de las raíces de la violencia machista y su función en las sociedades patriarcales. Que la principal barrera para salir de la violencia, según la mayoría de las mujeres entrevistadas, haya sido la naturalización de este tipo de agresiones nos habla de la importancia de abordar el componente simbólico de la violencia machista. El desafío en nuestras sociedades está en trabajar de manera decidida, con todos los medios a nuestro alcance, para transformar no las capas superficiales, sino el corazón de la cebolla. Y esto implica cuestionar valores políticos, económicos, sociales, modelos de familia, modelos amorosos, que siguen sosteniendo un reparto de roles, espacios y oportunidades discriminatorio para las mujeres.

Contribuciones efectivas de Argituz al afianzamiento de los derechos humanos en los foros de toma de decisiones.

Según los instrumentos internacionales de derechos humanos, las autoridades públicas deben, además de promover normas y medidas contra la violencia machista, garantizar su eficacia en términos de protección efectiva de los derechos de las mujeres. Una labor fundamental de las asociaciones de la sociedad civil es el monitoreo del cumplimiento por parte de las instituciones públicas de su obligación de “hacer los derechos realidad”.

Argituz, como organización pro-derechos humanos, se vale de los estándares internacionales para analizar las normas y la política pública contra la violencia machista en Euskadi. Además, en esta labor de monitoreo consideramos fundamental reconocer la posición de las mujeres que han enfrentado violencia machista como “titulares de derechos”. Y recabar sus voces como guía básica para identificar con gran precisión el camino a seguir y también las malas prácticas y las trabas a eliminar.



Acceso al documento:
“Necesidades, obstáculos y buenas prácticas en los itinerarios de salida de la violencia de género, desde la experiencia de mujeres del área rural de Araba”

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