Simbiosis en un metaverso cuántico

#Soul tech

27.04.2023 Tiempo de lectura: 6 minutos

Iñigo Perez (Ibermática)

Ilustración: Pexels

A mí, los libros me gusta leerlos en papel y ya no tengo televisor en la cocina. Lo primero -lo admito- es posiblemente debido a mi espíritu de señor mayor. Sin embargo, lo segundo ocurre simplemente porque desde hace tiempo, a la hora de cenar, en mi casa se pone YouTube en la tableta.

GATO ESCALDADO

No es obligatorio (ni es posible) hacer uso de toda la tecnología existente, como tampoco lo es el estar al tanto de todo el detalle de cada aplicación o producto tecnológico. Es difícil, por tanto, tomar una decisión informada sobre muchos de estos temas. En la era de la posverdad y las fake news, la única posición responsable que se puede tener cuando se le habla de una nueva tecnología (computación cuántica, metaverso, pero también NFTs, coches eléctricos y baterías de gravedad) es por tanto la del escepticismo. ¿Quién me está contando esto? ¿Qué gana con ello? Y, sobre todo, precisamente porque me está describiendo algo increíble… ¿debería creerle? Sin embargo, del mismo modo en que hay que vigilar que un optimismo desmedido no esconda una mera huida hacia delante, también es necesario cuidarse del lastre del pesimismo.

Hay demasiada gente adicta al “te lo dije” esperando a que las cosas no funcionen: una masa crítica (en ambos sentidos del término) que puede acabar convirtiendo sus augurios en profecías autocumplidas.

AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA

Como con YouTube y los libros, la mayoría de parejas dicotómicas pueden en realidad coexistir sin mayor revuelo. Los ordenadores cuánticos no van a erradicar la computación clásica: de hecho, es necesario un ordenador clásico para controlarlos y recoger los resultados de sus computaciones. Los ordenadores cuánticos de sobremesa serán ordenadores clásicos con un módulo cuántico interno. Del mismo modo, la aparición del metaverso no va a hacer desaparecer el resto de Internet (¡no digamos ya la vida offline, a lo Ready Player One, como parece que temen algunos!).

Si uno se para a pensarlo, las plataformas de metaverso no son siquiera un cambio cualitativo real. Con la pandemia todos nos hemos acostumbrado a las videollamadas, y los MMORPG (Massive Multiplayer Online Role-Playing Games), como el World of Warcraft, llevan existiendo cerca de 20 años. ¿Y qué es una plataforma de metaverso sino un juego online diseñado para incluir una mayor capacidad de comunicación entre usuarios? Ocurre algo similar con las tiendas del metaverso en las que se venden productos para alterar la apariencia de tu avatar, que a tanta gente le han hecho echarse las manos a la cabeza. Las compras in-game llevan también muchos años existiendo, y otros pagos por servicios digitales como conciertos en línea no distan demasiado de lo que eran los videoclubs (¿os acordáis?).

DOS PÁJAROS EN UNA ESPIGA

Sin embargo, sí hay una cosa en la que las plataformas del metaverso van a suponer un cambio: la cantidad. Si llegas pronto a una fiesta y hay dos personas en la sala, solo tienes dos saludos que hacer. Los siguientes invitados tendrán que hacer tres, cuatro, y así sucesivamente. El último en llegar tendrá que saludar, por ejemplo, a veinte personas: ¡diez veces más que tú! Para poner este incremento en perspectiva, imagina qué harías si mañana te multiplicaran el sueldo por ese número. Y ahora imagina que los aproximadamente 2.000 millones de usuarios que tiene Facebook se pasan al metaverso: los movimientos de cada uno de ellos tendrán que ser comunicados a todo el resto en tiempo real para que la red prospere.

Es precisamente aquí donde la computación cuántica destaca; en el tratamiento de grandes volúmenes de información. Porque la computación cuántica no es inherentemente más rápida que la clásica: si tú tienes diez libros en la estantería -de papel, de esos que a mí me gusta leer-, ordenarlos alfabéticamente por el apellido del autor, quizás te ocupe más tiempo que simplemente leer los diez lomos de un vistazo cada vez que busques uno de ellos. Sin embargo, está claro que para una biblioteca ese mismo orden es indispensable.

Algo similar ocurre con la cuántica: a escalas de volumen pequeñas y medias, las que se pueden tratar con el nivel de tecnología actual, no es útil salvo en casos concretos en los que el problema se ajusta naturalmente a los mecanismos que hacen funcionar la computación cuántica. Sin embargo, su capacidad de computación en paralelo hace que sea ideal para tratar con grandes volúmenes de información. De hecho, el metaverso podría suponer una intersección entre estas dos categorías: a la computación cuántica se le dará bien manejar datos en el metaverso debido a su volumen, sí, pero de manera similar al modelizado de moléculas (uno de estos problemas concretos que se ajustan a las capacidades de la cuántica incluso en problemas pequeños), el modelizado de objetos del metaverso podría ser otro de los puntos fuertes de esta tecnología.

Como decía al principio, a mí los libros me gusta leerlos en papel, y no creo que haya metaverso que vaya a cambiar eso. Pero, lo mismo que hoy ya no tengo televisor en casa, lo mismo que hoy ceno logueado en YouTube… tengo ganas de descubrir conectado a qué metaverso cuántico almorzaré de aquí a diez años.

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