En el ring

#Soul tech

25.10.2023 Tiempo de lectura: 5 minutos

Yolanda Garagorri

Ilustración: Laura Mimas

Te propongo un juego: coge 4 o 5 pares de guantes de lana que tengas por casa y póntelos todos. En su defecto, si tienes unos guantes de boxeo, ponte estos.

Ahora, trata de mover tus manos, concretamente los dedos. Complicado, ¿no?

Me presento, soy Yolanda Garagorri Arregui, y desde hace 22 años tengo diagnosticada una enfermedad degenerativa: el mal de Arnold Chiari. Además, tengo una siringomielia asociada. Esto hace que mi movilidad sea cada vez más escasa. A día de hoy, mis manos funcionan únicamente un 1%. Esto es igual a llevar unos guantes de boxeo permanentemente puestos.

Si, además, te pones un cinturón atando tus rodillas y haciendo que cada vez que des un paso sea complicado, pues es casi como si tuvieras toda la discapacidad que yo tengo.

Con los guantes puestos, trata de hacer las cosas más habituales, como comer una manzana, ir al baño, o poner tu firma en un papel. Imagínate, que tuvieras que conducir con ellos. Más difícil te lo voy a poner, ¿crees que podrías hacer encaje de bolillos? Te adelanto el final, es bastante improbable.

Lo que para el común de los mortales es algo tan sencillo como dar al interruptor y encender o apagar una luz, en líneas generales, para las personas con discapacidad suele ser una acción casi imposible. A veces, porque no nos podemos levantar de la silla y la altura del interruptor no nos permite acceder a él. Otras, como es mi caso, aunque lleguemos a la altura, no tenemos suficiente fuerza como para poder pulsarlo. Y en la mayoría de las ocasiones, porque siempre hay alguien alrededor que decide cuando lo enciende y cuando lo apaga, sin pensar ni considerar el criterio de la persona con discapacidad.

En mi caso concreto, vivo en Etxegoki, unos apartamentos con apoyo, propiedad de la Diputación Foral de Bizkaia, donde todo está automatizado. Gracias a una aplicación que se llama Control+, podemos controlar todo lo que tenemos dentro de casa como son las puertas, las persianas, las luces… etc. Incluso, la encimera de la cocina está motorizada y podemos subirla o bajarla en función de nuestras necesidades.

La domótica hace que mi vida sea más fácil, más cómoda y, sobre todo, más autónoma. Generalmente, estos aspectos no los tenemos muy en cuenta, porque no tenemos la necesidad real. Sin embargo, cuando nuestras capacidades físicas se ven limitadas por una enfermedad o por cualquier otra circunstancia, son aspectos de vital importancia, ya que hacen que el individuo se empodere y empiece a tomar decisiones en más ámbitos de su vida.

Para mí, la tecnología es vital. Vivo con ella 24/7. De hecho, tengo todo tipo de artilugios tecnológicos en casa. Tengo una Alexa, que me permite tomar notas para mis cuentos con solo dictárselos, me avisa de todas mis citas de Google Calendar y me ayuda a hacer la lista de la compra. Además, enciendo y apago la tele dándole la orden oralmente o enciendo y apago la lámpara de la mesilla de noche de la misma manera.

Asimismo, la tecnología ha mejorado mi ocio, ya que, gracias a la ingeniería, dispongo de una tabla de surf con una silla, desde la que puedo practicar este deporte. De la misma manera, este año he empezado a esquiar. Y te preguntarás, ¿qué va a ser lo próximo? Sinceramente, no lo sé, pero si eres creador o creadora de productos tecnológicos, no tienes nada más que ponerte en contacto conmigo, porque o bien te doy ideas o pruebo todo lo que se te ocurra.

Porque en eso consiste la tecnología, en solucionar problemas del día a día de una forma creativa y práctica. Probablemente la creación de nuevos productos tecnológicos es complicada, pero nadie ha dicho que esto fuera fácil.

También, quiero hacer hincapié, en que el usuario final tiene que estar dispuesto a probar todo tipo de prototipos, hasta dar con el producto final, para generar soluciones en todos los ámbitos de la vida.

Así que, te invito a que te quites ahora mismo los guantes y te pongas a crear, porque, aunque te parezca que todo tu trabajo puede ser inútil, te aseguro que no lo es. El verdadero reto es hacer fácil lo difícil, y es una forma de eliminar los límites físicos que tenemos las personas con discapacidad. Aunque bien es cierto, que el trato humano también es indispensable.

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