A un solo click de tu portal: El verdadero precio del e-commerce

#Soul tech

25.03.2025 Tiempo de lectura: 7 minutos

Equipo editorial BizkaiaTech

Ilustración: Nerea Ruiz

Pizza Hut dice que la primera compra que se hizo online fue una de sus pizzas. También se habla de una abuela que utilizó el mando de su tele para comprarse unos huevos, mantequilla y harina. Pero, realmente, la primera compra online la protagonizó Dan Kohn, un chaval estadounidense que tenía un amigo a casi 500 km de distancia y quería venderle el disco Ten Summoner’s Tales de Sting. ¡Y lo hizo! No fue fácil, pero gracias a sus conocimientos y un poco de ayuda de su startup, Phil Brandenburger consiguió que la web aceptase su VISA, logrando comprar su CD por 12,48 dólares estadounidenses.

Era el año 1994. Pulp Fiction acababa de estrenarse, Brasil había ganado el mundial de fútbol por cuarta vez y el Metro de Bilbao estaba todavía en construcción. Han pasado 31 años desde entonces, y ahora, Pulp Fiction es una película clásica de culto, Brasil tiene 5 mundiales y, el Metro de Bilbao, 3 líneas.

“A LA CARTA” PERO DE VERDAD

Todo el mundo compra cosas por Internet. Solo tienes que seguir dos pasos: añadir al carrito y hacer checkout. Al día siguiente ya tienes en tu puerta el libro que te recomendó tu booktoker de preferencia. El e-commerce (comercio electrónico) y sus posibilidades son inmensas, y después de la pandemia del COVID-19, donde pasó de ser una práctica común a una práctica del día a día, aún más. De hecho, se proyecta que en 2025 este sector alcanzará los 7,4 billones de dólares en ventas globales, una cifra completamente vertiginosa que no tiene ninguna pinta de disminuir en los siguientes años.

Tenerlo todo tan a mano es genial, fantástico. Para el medio ambiente, no tanto. Y es que, el aumento de las compras online trae consigo una serie de factores como el aumento del número de las emisiones de carbono, la electricidad necesaria para mantener los servidores activos y el uso de combustibles fósiles, entre otros, que perjudican gravemente la salud de nuestro hogar.

EL CENTRO COMERCIAL VIRTUAL

Ya conocemos que Internet no son chispitas en el aire, y, por ello, todas las webs de todas tus tiendas favoritas necesitan un lugar donde alojarse. Un lugar físico. Ese lugar son los data centers (o centros de datos), donde se alojan los servidores que sirven de casa para todos los espacios de Internet que existen. Hasta ahora, esos data centers ya eran un fenómeno común, pero desde la aparición de la inteligencia artificial, la necesidad de tener más y más centros de datos se ha multiplicado.

IEA informa de que las empresas grandes han aprovechado este boom para invertir mucho dinero en data centers: “En 2023, la inversión de capital total de Google, Microsoft y Amazon, líderes de la industria en adopción de IA e instalación de centros de datos, fue mayor que la de toda la industria del petróleo y el gas de EE. UU.: totalizó alrededor del 0,5 % del PIB de EE. UU.”.

¿Y en qué afectan los centros de datos al medio ambiente? Más de lo que crees. Para que funcionen (24/7 durante todo el año, sin días de vacaciones), obviamente necesitan energía eléctrica. Además, grandes cantidades de agua son necesarias para refrigerar los servidores para que no se sobrecalienten. Y es que, al igual que tu ordenador de sobremesa cuando tienes 45 pestañas abiertas, los aparatos tienden a elevar peligrosamente su temperatura.

Aun así, queremos recalcar que los data centers no solo abarcan las páginas web relacionadas con el comercio electrónico, pero parece importante mencionarlo, teniendo en cuenta todos los centros de datos que tienen las empresas grandes como Amazon (que tiene más de 100 centros de datos en todo el mundo con alrededor de 50.000 servidores en cada uno), que son solo un ejemplo del poder del e-commerce en los espacios de Internet. Además, los centros de datos, gracias a los avances en energía renovable, a día de hoy solo consumen el 1-1,5% de todo el consumo eléctrico del mundo. Not bad.

DE LA FURGONETA AL CONTENEDOR

Los centros de datos no son lo único que concierne al medio ambiente. Cuando compras algo online, generalmente no es porque quieres tener lo que acabas de comprar en tu dispositivo electrónico favorito (a no ser que seas un cryptobro, te guste comprar ropita en Roblox o leas en ebook), es para tener algo físico en tu casa. Y eso, ciertamente, tiene que llegar a tu casa, cosa que supone un coste alto para el planeta.

Primero, hablemos del envoltorio donde vienen tus productos: miles de cajas de cartón, plástico evolvente y varios metros de plástico de burbujas para que lo que viene dentro de la caja llegue intacto. Los datos corroboran su efecto en el medioambiente: La Comisión Europea afirma que el 40% de los plásticos usados en la UE derivan del packaging y la mitad de la contaminación de las aguas también proviene de esta misma fuente.

Aunque la industria de la paquetería esté concienciándose y las tendencias afirmen que estamos de camino a unos paquetes elaborados con materiales reciclados, queda mucho camino por recorrer. Hasta la visión de quién está haciendo el pedido ha cambiado: un estudio de Shopify concluyó que el 73% de personas consumidoras estarían dispuestas a pagar más por un packaging y un producto sostenible.

El paquete, además, todavía no tiene forma de emprender un viaje mágico hasta llegar a tu portal. Si viene de fuera del país, es probable que tu pequeño paquete viajero venga en barco, que, aunque este modo de transporte sea el más eficiente energéticamente hablando, como dice la Comisión Europea, sigue siendo un emisor creciente de gases de efecto invernadero.

Aunque el paquete esté en tu ciudad, alguien tiene que llevártelo. Y ese alguien, no es precisamente alguien que tenga ganas de andar. Esa persona necesitará un vehículo, un medio de transporte, y no será el transporte público (a no ser que vivas en Madrid, ya que se ha puesto en marcha un programa para utilizar el Metro de Madrid para esquivar atascos y evitar la contaminación). Parcel and Postal Technology International cita lo siguiente: “Se pronostica que la entrega de paquetes de comercio electrónico podría contribuir hasta 5,5 millones de toneladas métricas de CO2 para 2032, subrayando la necesidad de una acción drástica en el sector logístico para mitigar estos efectos”.

PONIENDO BUENA CARA

Se supone que las empresas grandes están manos a la obra con todo esto. Amazon dice que lograrán bajar a cero sus emisiones de carbono para el 2040, y hablan de hacer desaparecer el packaging que no sea necesario. Google, por su parte, afirma que están desarrollando inteligencia artificial de manera responsable, aun sabiendo el impacto medioambiental que arrastra. Son solo dos ejemplos de lo que las grandes compañías prometen a la ciudadanía que está cada vez más preocupada por el mundo en el que vivimos.

Pero ¿están cumpliendo esas promesas? En el caso de Amazon, los datos dicen que, desde 2019, las emisiones de carbono no solo han aumentado, sino que han aumentado en un 40%. Las emisiones de Google también han aumentado casi en un 50%, parcialmente, gracias a la inversión que han hecho en los data centers que necesitan para el desarrollo de la inteligencia artificial. Entonces, ¿por qué decir algo al respecto? National Geographic cita a Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España: "parecer verde es tendencia, y quien no es verde, está fuera del mercado". Y si algo no quieren las grandes empresas es quedarse fuera del mercado, claro.

Esto es, en esencia, el greenwashing, una práctica que trata de publicitar prácticas sostenibles mientras que las acciones que realizan las empresas internamente son perjudiciales para la causa. El peligro de esto es que engañan a la persona consumidora haciéndoles pensar que están consumiendo productos sostenibles cuando en realidad, es todo lo contrario. Y eso, claro está, es engaño, está bastante mal. Por ello, con el objetivo de combatir el blanqueo ecológico, la directiva de la Unión Europea propuso una directiva (Directiva 2024/825) en febrero de 2024 que empodera a las personas consumidoras para la transición ecológica mediante una mejor protección contra las prácticas desleales y mediante una mejor información. A ver si pasito a pasito…

¿Y QUÉ HAGO YO CON ESTO?

No te vamos a decir que dejes de hacer tu compra en Shein. Querer ayudar y aportar nuestro granito de arena tiene que venir de dentro y culpabilizar a la ciudadanía por comprarse un bikini a 4 euros no cambiará nada. Lo único, podemos darte algunas sugerencias para que tus compras sean un poquito más sostenibles:

  • Puedes buscar alternativas en comercios locales, de personas artesanas y de segunda mano.
  • Trata de comprar un solo artículo de cada cosa que te guste, sin tener que (en principio) devolver nada.
  • Intenta hacer tu pedido online a puntos de recogida, ya que genera un 86% menos de emisiones de CO2 que un paquete mandado directamente a tu puerta.
  • Agrupa tu compra todo lo que puedas.
  • Busca sellos o indicaciones de que la empresa detrás de tu pedido esté luchando activamente contra el cambio climático.
  • Recicla los envoltorios, duh.

Y así, esperemos que disfrutar de nuestras compras online se vuelva más amigable para nuestro planeta mucho antes de tener que esperar a una cuarta línea del Metro de Bilbao.

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