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PAGASARRI: el pulmón de BilbaoVolver

El Pagasarri es la montaña más popular de Bilbao y para mucha gente uno de los símbolos más importantes de la Villa, junto con la Ría, el Casco Viejo, San Mamés o la Basílica de Begoña. Y es que el Pagasarri desde sus 671 metros de altura ha visto crecer Bilbao desde su más tierna infancia y son muchas las personas que en su juventud han alimentado la afición a la montaña correteando y jugando en sus estribaciones. Cuenta con una gran cantidad de incondicionales, visitantes de todas las edades que diariamente se acercan a estos bucólicos parajes en busca de un oasis natural donde refugiarse del bullicioso ritmo de la ciudad.

El monte Pagasarri forma parte del macizo de Ganekogorta, una altiva montaña que se eleva hasta los mil metros sobre la metrópoli bilbaína, limitando los territorios de Bizkaia y Araba. Enmarcado por los ríos Kadagua al noroeste y Nervión al sureste, reparte sus laderas entre los municipios de Bilbao, Alonsotegi y Arrigorriaga.

La etimología nos habla del aspecto primigenio de esta montaña. La palabra Pagasarri cuenta con dos elementos diferenciados: Paga / pagoa que significa haya, y sarri, tupido espeso, denso... Por lo tanto nos podemos imaginar el Pagasarri cubierto por un denso manto de hayas.



UN POCO DE HISTORIA

Ya en 1300 la Carta Puebla de Bilbao, firmada por Don Diego López de Haro se refería a esta montaña para delimitar Bilbao, con el nombre de Fagasarri.

Su historia se asemeja a la de muchos otros montes de Euskal Herria, cubierta de bosques de robles, hayas y encinas, abasteció de leña, frutos y caza a sus primeras poblaciones. Se han encontrado algunos restos arqueológicos (lascas de sílex hayadas en superficie) que indican que en la edad de bronce se inició la actividad pastoril en la zona. Pastores de la edad de bronce que subían sus rebaños a alimentarse en los ricos pastos del macizo.

Primero fue el pastoreo, más tarde el desarrollo de la siderurgia y auge de la industria naval que entre los siglos XVII y XVIII generó una gran demanda de madera desbordando la capacidad de regeneración de los bosques de Bizkaia. Recordemos que entre los años 1610 y 1630 el Arsenal de Zorroza construyo más de 40 galeones de guerra que obligaron a talar 6.000 robles por barco. Por último, los incendios que tuvo que soportar el Pagasarri durante las Guerras Carlistas acabaron con la riqueza forestal de esta montaña.

En el siglo XIX el Pagasarri ofrecía un aspecto desolador habiendo perdido toda su masa forestal. La conciencia de las autoridades locales y la iniciativa popular han conseguido que poco a poco esta montaña vaya recuperando parte de su riqueza natural.

LAS NEVERAS Y LA FUENTE DE TARÍN

Según llegamos a las campas del Pagasarri y descendiendo a mano derecha, bajo las laderas del Ganeta encontramos las neveras y la fuente del Tarín.

Las neveras del Pagasarri datan del siglo XVII, época en que comenzó la comercialización de la nieve en Bizkaia. Las neveras eran edificaciones subterráneas de forma cilíndrica, que tenían por objeto el almacenamiento y conservación de la nieve caída durante el invierno para su utilización en los meses más cálidos del año. La nieve se pisaba para compactarla, almacenándola en capas, separadas por hierba, paja o helechos. El hielo formado se cortaba en bloques y se transportaba a los lugares de consumo aprovechando el fresco de la noche. Se utilizaba en medicina para aliviar los estados febriles, o como analgésico. También era muy apreciado en la elaboración de bebidas refrescantes y deliciosos helados.

Debajo de las neveras encontramos la fuente del Tarín que fue inaugurada en 1914 por un grupo de montañeros y montañeras que congregados junto al manantial de Udoi, decidieron sufragar los gastos de su construcción mediante el cobro de un Tarín (un real de la época) a las personas suscriptoras.

HUELLAS EN LA ROCA

En la cumbre del Pagasarri el roquedo domina un intrincado paisaje de lapiazes, grietas, dolinas, cuevas y paredes entre los que se intercala un fértil manto de hierba, creando un paisaje atractivo y singular.

Si nos encaramamos al lapiaz, observaremos en la superficie de la roca una estructura rugosa e irregular en la que abundan las huellas fósiles de corales y rudistas que nos hablan de un remoto pasado bajo las aguas.

Nos tenemos que remontar muy lejos en el tiempo, hace más de 120 millones de años, cuando un mar cálido y relativamente poco profundo, cubría estos suelos que ahora pisamos. En esas aguas someras se desarrollaban los grandes arrecifes coralinos que han dado origen a muchas de las montañas de nuestro entorno.

Posteriormente y durante la Orogenia Alpina, un período geológico de gran importancia en las formas de nuestro paisaje, se inició un levantamiento lento e inexorable de la cuenca sedimentaria que yacía bajo las aguas. Surgieron así las masas montañosas del anticlinorio de Bilbao y macizo de Ganekogorta, dentro del cual se encuentra el Pagasarri.

Una vez que estos materiales empezaron a aflorar en superficie, volvieron a sufrir los efectos de los procesos erosivos. que terminaron por configurar el relieve tal y como hoy lo conocemos.

ITINERARIO

Existen multitud de rutas que, partiendo de los municipios limítrofes, abordan el ascenso al Pagasarri por todos sus flancos. Hemos elegido la ruta que comienza en plaza de Zabalburu de la capital vizcaína, por ser éste el itinerario más clásico y el más utilizado en la ascensión.

Desde la misma plaza de Zabalburu ascendemos por la calle Juan de Garay hacia San Adrián. Dejamos abajo este popular barrio, cruzando un puente sobre la autopista. Contorneamos el edificio de Iberdrola y giramos a la izquierda por el “Camino del Pagasarri” pasando junto al Garbigune.

Tras una amplia revuelta, llegamos a la carretera junto a los caseríos de Iko. Un poco más arriba volvemos a abandonar la carretera por una pista hormigonada, que en fuerte pendiente nos lleva hasta el caserío Bentabarri, ubicado en una hermosa campa donde se celebran las fiestas y romerías del barrio.

Continuamos ascendiendo, ahora por carretera, bajo las laderas de Arnotegi, pasando junto al bar Athletic y los caseríos de Igertu donde confluimos con el camino que asciende desde Buia por el valle del arroyo Bolintxu. Allí existía una presa, arrasada por las inundaciones de 1983, muy popular entre la chavalería bilbaína que en los calurosos días del estío se acercaba a darse un chapuzón.

Un pequeño repecho y alcanzamos la barrera que cierra el paso de vehículos hacia las laderas del Pagasarri. Por la izquierda una estrada asfaltada nos acerca a la ermita de San Roque, asentada en un bucólico paraje, enmarcado por las peñas calizas de Uzkorta donde abunda un variado bosque autóctono de fresnos, robles, alisos, arces, castaños y encinas. Estos bosques son el testimonio residual de la antigua riqueza forestal que cubría estas laderas.

Cuenta la tradición popular que en el año 1575, una terrible epidemia de cólera azotaba a la población bilbaína.

La población asustada decidió eregir una ermita en el Pagasarri bajo la advocación de San Roke, patrono de los apestados. Se subió al santo en romería y parece ser, según cuentan las crónicas de la época, que el santo fue diligente pues pronto la epidemia de peste remitió.

Volvemos a la barrera y ascendemos por la ancha pista de grava hasta una curva de la que salen tres pistas: Una a la izquierda, llanea por el interior del bosque hasta el collado de Pastorekorta y de allí sube al Pagasarri por el cordal cimero; enfrente tenemos el camino antiguo, el más bello pero también el más exigente; y por último, a la derecha continua la ancha pista de grava que asciende juntándose al camino de Arraiz. Por cualquiera de estos caminos alcanzaremos las campas de Pagasarri en aproximadamente hora y media o dos horas, según el paso de cada quien.

A la izquierda, queda el refugio donde podemos sentarnos a descansar y tomar un merecido refrigerio. El edificio original fue edificado por el Ayuntamiento de Bilbao en 1914 a petición del Club Deportivo, años en que se potenció la vida sana, el naturismo y los saludables aires de la montaña. Durante muchos años fue regentado por Doña Francisca Intxausti, llamada popularmente Paca por lo que mucha gente lo sigue llamando el bar de “La Paca”.

En una corta ascensión que alterna la dulzura de las campas y la agreste fisonomía del karst, podemos acercarnos hasta la cima, un magnífico balcón sobre la bulliciosa metrópoli bilbaína y la desembocadura del Abra.

Desde el refugio, los y las más montaraces pueden continuar la ruta por la pista que enfila hacia la “campa de enmedio” donde se separan las rutas hacia Zollo, Santa Lucia de Llodio y Areta por la fuente del Espino, y la exigente ascensión al mítico Ganekogorta.