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EL CASERÍO: el caserío vizcaínoVolver

En todo pueblo, la vivienda constituye un elemento fundamental para conocer sus condiciones de vida, su relación con la naturaleza, en pocas palabras, su señas de identidad. La arquitectura popular, más que otra manifestación artística cualquiera, por ser utilitaria, local y adaptada al modo de vivir familiar, constituye, con el lenguaje, uno de los signos más distintivos de nacionalidad. Es tal la importancia del caserío en nuestra cultura, que éste da nombre a sus moradores, asumiendo éstos el topónimo como apellido. En Bizkaia aún se conserva un rico y variado patrimonio de arquitectura popular lo que nos da la oportunidad para conocer los usos y costumbres de nuestros antepasados a lo largo de los últimos siglos, es decir, nuestras propias raíces.

EL CASERÍO MONTAÑÉS

El caserío representa, por lo general, la existencia de familias o grupos familiares, propietarios de una extensión de terreno normalmente reducida, que con sus propias manos labran y cultivan y junto al que deben habitar necesariamente. Se presenta en general, de forma aislada en el campo; este aislamiento se hace más acusado a mayores alturas. En ocasiones la unión de estos caseríos termina formando pequeños núcleos siempre alrededor de una iglesia, ermita o escuela.

El caserío desempeña al mismo tiempo las funciones de vivienda, establo y granero. Su construcción está íntimamente ligada al medio natural, aprovechando los materiales propios del lugar donde se asientan.

El caserío primitivo tiene rasgos característicos que se han conservado hasta nuestros días. En los más antiguos, la madera es el elemento principal de construcción hasta que en la segunda mitad del siglo XVIII , con la aparición de arco de sillería la madera pierde valor frente a la piedra.

Las características constructivas que básicamente definen al caserío son comunes., a pesar de que cada uno tenga su propia personalidad. Tejados poco inclinado con el eje normal a la fachada que mira al mediodía, donde aparece el segundo elemento típico: el portalón, que debe su origen al clima lluvioso de nuestra región.

El caserío con portalón en arco es el modelo más extendido hasta el punto de que ha sido considerado por algunos como el arquetipo de la vivienda popular vizcaína. Sin embargo, es un elemento arquitectónico relativamente reciente en nuestro paisaje rural y su área de dispersión está limitada a algunas comarcas concretas, siendo casi desconocida en las demás. Los ejemplares más antiguos se edificaron a finales del siglo XVI. Su área de implantación es en general toda la zona que se extiende al norte del río Ibaizabal.

El portalón primitivo está formado por una viga recia que hace las veces de dintel. La parte de fachada sobre el portalón se construye con materiales livianos y poco consistentes. Amediados del siglo XVIII, aparece el arco con dovelas de sillería. Gracias a la técnica del arco se pudo aumentar el número de pisos y construir toda la fachada con piedra. Como la presión del muro y del tejado se distribuía más racionalmente, se hizo posible abrir muchas más ventanas y agrandar su tamaño superando así la atmósfera de perpetua penumbra que solía reinar en los viejos caseríos. Más evolucionados son los caseríos de doble arcada con las que el caserío alcanza su cenit arquitectónico.

El interior del caserío constaba de planta baja, dedicada a establo y vivienda y un piso encima que hacia las veces de granero y pajar. En una evolución posterior se produce la diferenciación entre la planta baja dedicada a establo, alta para la vivienda y sobre ella el granero.

La cocina, tal como existía en su estado primigenio, tenía el fuego en el centro y el humo escapaba por las rendijas entre las tablas de la habitación situada encima, dedicada generalmente a secadero. Más tarde , cuando apareció el hogar adosado a la pared surgió la necesidad de llevar el humo fuera del hogar, apareciendo así las primeras chimeneas.

En la planta baja, el portalón es a la vez taller de trabajo y lugar de esparcimiento en las horas de descanso. En él repara el labriego sus aperos de labranza y es el lugar de esparcimiento de los niños cuando llueve.

Es el tipo de vivienda predominante en la zona más occidental de las Encartaciones, influida por las técnicas de construcción popular de Cantabria del siglo XVIII.

Es una casa más alta, profunda y estrecha que la que se utiliza en el resto de Bizkaia. Su fachada aparece enmarcada entre dos gruesos muros cortafuegos llamados espolones, en los que se apoyan dos hileras de balcones. Carece de soportal y el acceso de personas y animales se realiza a través de la misma puerta. Destaca por la solidez de su construcción y la calidad de los materiales utilizados: Mucha y buena piedra y sólo la madera necesaria para la viguería y el balconaje.

Un caso particular dentro de este modelo constructivo lo suponen los caseríos de Turtzioz del siglo XVIII. En la cuenca del Agueda aparecen híbridos de casas vascas (aislamiento y alero perpendicular) y montañesas (con espolones o pipianos).

ARNAGAS Y HÓRREOS

La arnaga es una pequeña construcción que complementa la actividad agropecuaria del caserío.

Se trata de una construcción realizada en mampostería y que consta de dos plantas independientes. la superior, destinada al almacenaje de paja y la inferior, dedicada a la leña o a la cría de pequeños animales domésticos como conejos, gallinas...

No debemos confundir las arnagas y los hórreos aunque en cierta manera hayan desempeñado el mismo papel. Antaño los hórreos fueron elementos comunes en las explotaciones agrícolas, especialmente en la comarca del duranguesado. Hoy en día se conservan muy pocos de estos ejemplares y la mayor parte de estos se encuentran en un lamentable estado de conservación.

Aunque muy parecidos a los hórreos asturianos, los vizcaínos muestras, sin embargo, un aspecto y características singulares. Los poyales o apoyos tienen la forma de pirámides truncadas y sobre ellos descansan las piedras redondas que sirven de plataforma a la estructura de madera.

ITINERARIO

Para observar uno de los más bellos ejemplos de arquitectura rural vizcaína nos acercaremos al municipio de Izurza en la comarca del Duranguesado. Aquí podremos pasear mientras contemplamos algunos caseríos de bella factura correspondientes a distintos periodos arquitectónicos. Además nos deleitaremos observando una de las torres más bellas de nuestra geografía. Estas torres defensivas son también una parte esencial de nuestra arquitectura y un importante legado de nuestros antepasados.

Para llegar a Izurza debemos coger la carretera que desde Durango se dirige a Gazteiz a través del puerto de Urkiola. A la salida del municipio encontramos el barrio de Aldebarrena. Frente a unos pabellones industriales parte una estrada asfaltada, señalizada por un cartel indicador que nos muestra el camino hacia el albergue de la Diputación Foral de Bizkaia.

La entrada al barrio de Aldebarrena está presidida por dos bellos caseríos. El de la izquierda, recientemente restaurado, es el más antiguo de ambos (siglo XVI-XVII). Sobre su ancho portalón adintelado se alza la parte central de la fachada que muestra un entramado de madera forrado con ladrillo. Los dos laterales están construidos en mampostería con los esquinales en piedra sillar. El caserío de la derecha, de proporciones más modestas, presenta un portalón con un arco sencillo que sustenta una fachada de mampostería. Tan sólo las esquinas, ventanas y arco están construidos en sillería.

Poco a poco nos vamos internando en el reducido valle abrigado bajo las agrestes laderas del Mugarra. A mano izquierda, encontramos el grandioso caserío Hormaetxe, bella construcción del siglo XVIII que nos muestra todas sus paredes maestras construidas en mampostería. Ha desaparecido el ladrillo de la fachada así como el entramado de madera. Un ancho arco rebajado, con cierta influencia urbana, sustenta la inmensa fachada central.

Enseguida divisamos otro precioso caserío, Etxaburu. Desde este lugar se observa una fabulosa vista del valle, presidido por la peña Mugarra sobre la que suelen planear algunos buitres acompañados de las ruidosas chovas. Un hermoso encinar cantábrico cubre las vertientes rocosas que desde la cumbre descienden hacia el valle en las cercanías de Mañaria. Es triste observar como la explotación de unas canteras cercanas destruye día a día esta inmensa belleza que la naturaleza ha tardado milenios en crear.

Al fondo del valle hallamos la torre de Etxaburu que se eleva solitaria y desafiante sobre un promontorio rocoso. Su edificación se atribuye al emperador Antonio Pío, aunque fue destruida posteriormente por orden de Enrique IV. Sancho López de Ibarguen reconstruyó la torre a principios del siglo XVI, pero un siglo después fue abandonada. Su aspecto actual corresponde a una remodelación emprendida por la Diputación Foral de Bizkaia.

A la izquierda de la torre, nace un senderillo que desciende entre rocas cubiertas de musgos, por una especie de laberinto que transcurre a la sombra de los laureles. Desde esta zona, si miramos hacia arriba veremos en la pared de la torre una preciosa ventana ojival y sobre ella, en el entramado de madera que cubre la zona alta un pequeño balconcillo.

En la parte baja existe una zona húmeda en la que nace un arroyo que fluye a la sombra de una pequeña aliseda a la que acompañan sauces, avellanos y nogales.