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15/06/2015

 Deporte y solidaridad - Más de 500 participantes toman parte en la II Marcha Solidaria de la Fundación Síndrome de Down de Bilbao

Corretean de un lado a otro con la confianza, más que de pisar un terreno conocido, de estar rodeados de rostros familiares. Los pequeños Imanol y Oinatz, de casi cuatro y siete años, han forjado su amistad en la sede bilbaina de la Fundación Síndrome de Down, donde acuden regularmente para recibir el apoyo necesario en su desarrollo. Esa afinidad se extiende también a sus madres, Karmele e Itxasne, quienes ayer vigilaban con serenidad los movimientos de sus hijos instantes antes de la salida de la II Marcha Solidaria de la Fundación Síndrome de Down y otras Discapacidades Intelectuales que tuvo lugar entre el paseo Uribitarte y el parque Doña Casilda.

Con un circuito de 6.500 metros, la prueba deportiva celebrada con el patrocinio de DEIA, contó con alrededor de 500 inscripciones de personas que se sumaron a la iniciativa. “Hemos venido los cuatro de casa con los tíos, los primos, los abuelos de las dos partes... Es un paseo que se hace fácil y es ideal para toda la familia”, comentaba Karmele, de Barakaldo, mientras mecía el carro del menor de sus hijos, Mikel, de quien Imanol no se despega por su sentido de la responsabilidad de hermano mayor. “En este tipo de iniciativas, los niños se encuentran con amigos de la fundación y pueden seguir manteniendo el contacto”, añadía.

Con una visera, unas gafas de sol y una sonrisa permanente, Oinatz mostraba sus dotes de relaciones públicas con todos aquellos que vestían la camiseta verde de la marcha.

Entretanto, su madre comentaba: “Es una máquina; va a natación, hace euskal dantzak, practica hockey y ahora ha empezado a andar en bicicleta sin ruedines. Los niños con síndrome de Down tienen el ritmo metido en el cuerpo”. Cuando Itxasne consigue dar con su hijo después de sacarse una foto con otros participantes, Oinatz deletrea su nombre para cerciorarse de que estará bien escrito en el reportaje donde su ama le explica que aparecerá hoy.

Igual que estas dos familias procedentes de Ezkerraldea, fueron muchos los que aprovecharon la soleada jornada para secundar la causa. La actriz Gurutze Beitia, la periodista Begoña Beristain, el cocinero Aitor Elizegi o Jorge Aio y Olga Zulueta, de Bilbao Centro, fueron algunos de los rostros conocidos que se sumaron al evento. “Es gente que durante todo el año nos apoya en muchas actividades”, aseguró Pilar Grados, presidenta de la Fundación Síndrome de Down. Con el eslogan Aurrerantz-Avanzando, el coste solidario para participar en la marcha fue de 3 euros para los niños menores de 12 años y de 5 euros para los adultos.

En palabras de Grados, el objetivo de la marcha siempre es el mismo: “Visibilizar al colectivo y que la ciudadanía tome conciencia de que son unas personas como otras cualquiera”.

En ese sentido, Grados aseguró que las familias solicitan la inclusión en la sociedad de las personas con discapacidad intelectual, con todo lo que ello supone a nivel educativo o sanitario, por ejemplo. “El reto consiste en no volver hacia atrás, porque con la excusa de la crisis se han hecho un montón de recortes. Hemos llegado hasta aquí y no vamos a ir hacia atrás”, afirmó categóricamente antes de dar el pistoletazo de salida a la marcha que los más ágiles completaron en menos de una hora.

Según los familiares de los niños con síndrome de Down, gran parte del apoyo extra necesario estos pequeños se recibe en la fundación con sede en Begoña. “Para que un niño pueda tener un desarrollo normalizado hay una serie de conocimientos que tiene que ir adquiriendo poco a poco, algo que no se asume en los colegios”, consideró Grados. “Estimulación temprana, logopedia, fisioterapia, grupo de juegos... Son cosas que en la educación ordinaria no se trabajan”, respaldó Karmele, quien explicó que Imanol está actualmente interiorizando los números y los vocales.

Conscientes de que seguirán acudiendo a la fundación cuando sean adultos, saben que el siguiente paso será conseguir que sean lo más autónomos posibles. En la marcha donde hubo gente de todas las edades, Mikel, de 30 años y asiduo en la fundación, quiso demostrar su independencia: “Ya contesto yo, ama”, cortó a su madre sin atisbo de insolencia el joven zornotzarra, quien resolutivo contestó en euskera y en castellano. “Voy a clases de autoayuda y de euro, donde aprendo a gestionar mi economía personal”, comentó.

Deia

 
 

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