saltar al contenido

Logo de la Diputación
 

Estás en:

Premio Lauaxeta

Información

El Gernika de Lauaxeta: un largo rastro de tinta

Pablo Picasso, impresionado por la masacre de Gernika, cuyo triste aniversario se cumple este año, pintó ya en 1937 este símbolo contra la guerra conocido en todo el mundo. Bajo su amparo ha ido creciendo el mito de esta ciudad de Bizkaia. Picasso adaptó una pintura anterior para que fuera la imagen del Gobierno de la Segunda República de España en la Exposición Internacional de París, al mismo tiempo que un grito de urgencia ante la situación. Más allá del propio símbolo, también la literatura ha causado emociones en más de un corazón; así lo denuncia Omar Nabarro en su libro Itxastxorien Bindikapena (Susa, 1985): Guernica ere kaiolatu dizute/Madrilen.

El poema "Guernica" (1960) de Blas de Otero pone todavía carne de gallina, ya que es como un grito escrito como si el autor estuviera frente al cuadro: la leche en pleno rostro el dedo/ de este niño/ oh nunca ved aquí/ la luz equilibrando el árbol/ de la vida.

Otero, que escribía en castellano, tuvo una estrecha relación con los poetas vascos, y antes de la guerra conoció a Lauxeta. Durante la guerra, Lauaxeta dejó todas sus ocupaciones y se alistó en el Ejército Vasco, donde realizó fundamentalmente labores de propaganda. El 26 de abril de 1937, los junkers alemanes bombardearon Gernika, y el 29 de abril, acompañó al periodista de La Petite Gironde Georges Perniard a la villa. A la tarde, fue detenido por los fascistas y encarcelado en Vitoria-Gasteiz. Fue condenado a muerte, y fusilado el 25 de junio de 1937. De todas formas, quien recogió de manera definitiva en papel la masacre del día de mercado de Gernika fue George L. Steer. Llegó a la noche al devastado pueblo, sin poder creer lo que veía. Al día siguiente, el periódico The Times publicó lo realmente ocurrido –y no la versión oficial–, gracias al periodista sudafricano: Los fascistas han bombardeado Gernika.

La voz de la tragedia

A la espera de ser ejecutado, Lauaxeta escribió unos poemas conmovedores, con gran eco todavía hoy en día: Agur, Euzkadi, Jaunak naroa/ Aberri eder argira./ Neure negarrak jarion neuzan/ zeure mendiai begira.

Al igual que Lauaxeta, también Telesforo Monzón lloró, en 1945; las brasas estaban aún tan calientes, que en el libro Gudarien egiñak todavía se ve obligado a escribir desde una distancia que provoca escalofríos: Euskal semeak sumatu al zezaken/ zorigaitz aundiago?/ Bizkai erdia birrindu izan ondoren/ Gernika sutan dago.

También Paul Éluard cantó a la mártir Gernika, en el poema La Victoria de Gernika: Rostros que sirven para todo/ He aquí el vacío que os contempla/ Vuestra muerte va a servir de ejemplo. Éluard quiso convertir la destrucción en victoria y en semilla de esperanza. Según dicen, el nombre del Guernica de Picasso lo propusieron Éluard, Larrea, Aragón y los amigos de París del artista, conmovidos por el bombardeo.

También el maestro peruano Cesar Vallejo habla de Gernika, o mejor dicho, del cuadro Guernica: desde el punto de vista de esta tierra, desde el duelo al que fluye el bien satánico, se ve la gran batalla de Guernica. Lid a priori, fuera de la cuenta, lid en paz, lid de las almas débiles contra los cuerpos débiles, lid en que el niño pega, sin que le diga nadie que pegara, bajo su atroz diptongo y bajo su habilísimo pañal, y en que la madre pega con su grito, con el dorso de una lágrima y en el que el enfermo pega con su mal, con su pastilla y su hijo….

Pero dejando al margen los ejercicios algo fríos realizados desde la distancia, Gabriel Aresti y puede que el antes mencionado Blas de Otero hablaron por primera vez con la cabeza y el corazón, con ambos. Porque lo que hasta entonces era un miedo arraigado en las entrañas había empezado a adquirir una dimensión política y humana. Desde este punto de vista debe leerse el poema Lizardi (1974): Lizardi/(…) zuk eskribatzen zenuen denboretan/ mutilak ez baitziren hiltzen/ kamino bazterretan,/(…) eta orduan gartzelan/ ez zegoen gose-grebarik,/(…) eta orduan/ Gernikan etzen bonbardatu.

Desde la atalaya de la actualidad

La obra Markak. Gernika 1937 (Pamiela, 2007) de Bernardo Atxaga no está escrita en el calor de la tragedia, pero recuerdo que me impresionó mucho, porque el escritor creó un puente de unión entre la pena actual y el final de entonces: Imajina dezagun egoera; pentsa dezagun bonbardatuak, metrailatuak, erreak izan ziren biktimengan, edo kartzelatuak, beren ondasunez desjabetuak, beren hizkuntzan mintzatzeagatik mehatxatuak izan zirenengan. Al objeto de retomar una y otra vez la destrucción de Gernika, da varios rodeos para sumergirse en sus historias personales, en la historia de la literatura, en la política…

Y el iurretarra Joseba Sarrionandia resumió en su extenso artículo Suntsiketa faxistaren 70. urteurrena las historias personales de los perdedores, de aquellos vencedores morales. Así finaliza el artículo: Makinaria militarraren ondorioak izugarriak izaten dira. Arrazoiz, logikaz eta kontsekuenteki egiten diren gerrak ere gupidagabeak dira. Gerrak gerta ez daitezen jarri behar da, batez ere, gogoa eta ahalegina.

 
 

enviar por e-mail