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BOLETÍN OVGB N.º 52, junio 2019
 
 
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Entrevista a José Francisco Capacés Sala, Coordinador de la Comisión Ética de AVEPA

José Francisco Capacés Sala, Veterinario ejerciente en clínica de pequeños animales desde 1980, ha sido entre otras responsabilidades, Profesor de Ética y Deontología en la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid. A lo largo de su trayectoria ha realizado una amplia labor formativa y divulgativa mediante numerosas conferencias, capítulos de libros y artículos relacionados con el bienestar animal. Actualmente Coordinador de la Comisión Ética de AVEPA (Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales) y miembro del Comité de Ética e Integridad Profesional del Colegio de Veterinarios de Madrid, considera que la relación entre violencia de género y doméstica con el maltrato animal debería ser abordada y tenida muy en cuenta, por las numerosas interrelaciones e implicaciones que conlleva para todas las víctimas.

Violencia de género y doméstica y maltrato animal: ¿Cuáles son sus puntos de conexión?

Existen evidencias en la investigación científica y en las pruebas clínicas que sugieren interrelaciones, que llamaremos “vínculos”, entre el abuso infantil, a mujeres y personas adultas vulnerables (con discapacidad, mayores…), y animales. Un mejor conocimiento de estas conexiones pueden ayudar a proteger a las víctimas, tanto humanas como animales, y promover su bienestar.

En los hogares violentos, los animales son utilizados y maltratados de forma habitual con la finalidad de “amenazar” o “intimidar” a menores, mujeres y personas ancianas de la familia. Se hace principalmente para ejercer el “poder” y la “dominación” sobre la víctima a través del chantaje. En ocasiones, la mujer ha podido escapar, pero su pareja maltrata al animal que ha quedado en casa, con el fin de forzar su regreso o castigarla por haberse ido. Que un animal permanezca en casa es un factor que hace que se prolongue más la estancia de la mujer en el hogar, aumentando los riesgos del maltrato.

 

Si no somos capaces de medir, cuantificar estos vínculos entre el maltrato animal y la violencia de género, seremos incapaces de acercarnos a dar soluciones imaginativas a los mismos

¿Las consultas veterinarias son un espacio donde se pueden detectar estas situaciones?

Nadie duda de los “vínculos de afectividad” que se crean entre los miembros de una familia y las mascotas con las que conviven. Son unos vínculos que les hacen llorar y sentir “pena” cuando enferman o mueren. En muchas ocasiones desahogan su dolor en nuestras consultas, y se quejan que ni en sus círculos más próximos entienden esa pena. Si muchas mujeres víctimas de la violencia de género ocultan su dolor a su entorno por temor a no ser comprendidas o culpadas, cómo van a comunicar el pesar que sufren por su animal, que a su vez es agredido, como preámbulo al maltrato que van a sufrir ellas.

En los casos de violencia de género, la persona que maltrata al animal es la misma que maltrata al resto de miembros de la familia. El agresor generalmente comienza con abusos verbales, continúa arrojando o golpeando objetos, y su nivel de violencia aumenta al maltratar a la mascota, terminando por cometer actos de violencia contra la mujer o los hijos. El maltrato a los animales “socializa” al agresor con la violencia, favoreciendo los actos de crueldad con los miembros de la familia.


¿Cuáles son las principales vías de identificación?

Según el Observatorio del Maltrato Animal www.observatoriomaltratoanimal.es, los indicadores más comunes en el entorno de propietarios, personas cuidadoras o responsables, describen un conjunto de situaciones que van desde  una inadecuada supervisión sanitaria del animal, hasta la presencia de menores que delatan comportamientos crueles o con ensañamiento hacia los animales, entre otras. También se incluyen indicadores físicos concretos e indicadores de comportamiento.

¿Disponen de recursos para actuar ante una sospecha de este tipo de violencia?

Ante un caso de sospecha de malos tratos a un animal, que lleva implícita que se haga extensiva a otros miembros de la familia o a mujeres, ante todo prudencia en nuestro proceder y no anticipar conclusiones ni juicios de valor. El saber hacer debe prevalecer en nuestra actuación. Es imprescindible tener a mano todas las herramientas indispensables para poder documentar debidamente el caso, así como la custodia de las pruebas obtenidas, para que el éxito final de nuestra denuncia tenga el efecto deseado. No disponemos de protocolos de detección, notificación, ni tenemos claro a quién debemos acudir, ya que una denuncia a las autoridades a nuestro nombre nos podría acarrear molestias innecesarias, y las anónimas tienen poco efecto. Solemos acudir con el caso debidamente documentado y pruebas debidamente custodiadas, a los departamentos jurídicos de asociaciones de protección animal, al SEPRONA, a las policías locales, a los juzgados o fiscalías. Tenemos mucha incertidumbre en la eficacia final para las víctimas y temor a que sufran complicaciones por nuestra acción, que legal y deontológicamente es de obligado cumplimiento.

 

Que un animal permanezca en casa es un factor que hace que se prolongue más la estancia de la mujer en el hogar, aumentando los riesgos del maltrato

¿Cuáles diría que son las principales barreras en el ámbito veterinario para poder abordar estas situaciones adecuadamente…?

Independientemente de las consideraciones deontológicas y legales que nos obligan a denunciar y documentar los hechos como testigos directos, hay muchas consideraciones que pueden entrar en conflicto, que pueden condicionar o dificultar nuestras decisiones. Las más frecuentes son:

  • Temor a que se comprometa la seguridad de las víctimas: personas y animales.
  • Falta de confianza en nuestra capacidad para reconocer el abuso.
  • Percepción de que nuestra denuncia no valdrá para gran cosa.
  • Conflicto ético con respecto al secreto profesional.
  • Riesgo personal, hacia nosotros, nuestros colaboradores o nuestro trabajo.


¿Qué tipo de herramientas podrían facilitar la intervención y a qué agentes implicaría?

Propongo algunas acciones que ya se están haciendo en otros países, que llevan tiempo trabajando con este vínculo entre la violencia de género y el maltrato animal:

  • Se deben crear protocolos para compartir información (comunicaciones cruzadas), entre servicios sociales, organizaciones veterinarias, asociaciones para la protección a la infancia, protectoras de animales, organizaciones que trabajan en defensa de la mujer y estamentos policiales.

  • Organizar conferencias y seminarios para profesionales que trabajen con infancia, mujeres y animales, para explorar los posibles vínculos y potenciales acciones prácticas.

  • Potenciar estudios e investigaciones sobre estos vínculos y sobre el maltrato animal, y su relación con la violencia de género y doméstica, familiarizando a estudiantes de veterinaria y de otras profesiones sanitarias con estos conceptos.

  • Crear albergues temporales para animales procedentes de hogares con violencia, para permitir a las víctimas dejar sus casas lo antes posible, sin temor a que los animales que allí quedan sufran maltrato.

  • Crear un grupo o agencia multidisciplinar para llamar la atención sobre estos vínculos y actuar como una red de trabajo, para la investigación, intercambio de ideas y proyectos, para dar soluciones imaginativas a este gran problema de la violencia de género.

  • Si no somos capaces de medir, cuantificar estos vínculos entre el maltrato animal y la violencia de género, seremos incapaces de acercarnos a dar soluciones imaginativas a los mismos. Por lo que es muy importante que  los cuestionarios que se les hagan a las mujeres víctimas de violencia que acuden a los servicios incluyan preguntas directas e indirectas sobre sus animales. Los datos serán reveladores y tendremos una información preventiva para ayudar a estas mujeres que han sido o pueden ser víctimas potenciales de violencia, si se detecta algún signo de maltrato animal, que ellas puedan considerar intranscendente.


¿Cómo considera que debe abordarse y definir el rol de la profesión veterinaria para dar la respuesta interdisciplinar coordinada que requiere la violencia de género?

Como profesionales que hemos ampliado nuestro interés y preocupación, estamos llamados a desempeñar un papel para ayudar a encontrar acercamientos creativos en el tratamiento de la violencia, que vaya más allá del cuidado de los animales. Estas son las oportunidades que se nos presentan para colaborar en la disminución de esta lacra social que es la violencia de género:

  • Desempeñar un papel primordial en la investigación y la documentación del maltrato animal, como testigos expertos, y como centinelas para otras formas de violencia.

  • Como participantes en los equipos multidisciplinares de respuesta, ayudar en la creación de programas que protejan a los animales y sus familias de la crueldad del maltrato.

  • Como participantes e instructores con profesionales de la ayuda social, para facilitarles el reconocimiento del abuso con animales, como índice predictor de la violencia de género.

  • Como participantes en programas que orienten y prevengan a las poblaciones de riesgo, proporcionando albergue temporal a estos animales.


¿Qué orientaciones considera útiles para profesionales que atienden casos de violencia (ámbito social, policial, de salud…), con relación a los animales de la familia?

Se deben incluir preguntas directas e indirectas sobre animales en sus protocolos, y observar o preguntar sobre el cuidado y trato que dan a sus mascotas, para incluirlo en las valoraciones. Esta información podría suministrar datos útiles sobre el funcionamiento familiar y/o sobre la violencia en el hogar.

Se deben incorporar preguntas sobre el comportamiento de niños y jóvenes con respecto a los animales en las valoraciones de los casos en que existen abusos y violencia. Sin hacer suposiciones, considerar la posibilidad de que un niño que reiteradamente daña a los animales puede haber sufrido abusos o puede vivir en un clima de violencia.

Los planes de seguridad y protección de las víctimas de violencia deberían incluir también medidas para los animales del hogar.

El maltrato animal nunca debe pasarse por alto, si se detecta de forma precoz, será posible romper la espiral de violencia y salvar la vida del animal y de las otras víctimas que sufren en silencio el terror y la brutalidad, paradójicamente, donde deberían encontrar amor, refugio y esperanza.

 

Los planes de seguridad y protección de las víctimas de violencia deberían incluir también medidas para la seguridad de los animales del hogar

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